Honor a Chavín de Huantar
Uri Landman
Para Lampadia
El 27 de junio de 1976, el vuelo 139 de Air France proveniente de Tel Aviv, Israel, con doscientos cuarenta y ocho pasajeros y doce tripulantes a bordo, despegó de Atenas con destino a París. Poco después del medio día, terroristas palestinos del Frente Popular para la Liberación de Palestina y dos terroristas alemanes de las Cédulas Revolucionarias Alemanas, secuestraron el avión y lo desviaron a Bengasi, Libia. Luego de aprovisionarse de combustible se dirigieron a Uganda, en donde aterrizaron el día 28 en el aeropuerto de Entebbe.
Una vez en Entebbe, otros cuatro terroristas y tropas de Idi Amin, se unieron al grupo y exigieron la liberación de cuarenta palestinos prisioneros en Israel y otros trece encarcelados en Kenia, Francia, Suiza y Alemania Occidental. Si sus demandas no eran cumplidas empezarían a matar a los rehenes el 1 de Julio. Los secuestrados fueron divididos en dos grupos: judíos y no judíos. Durante la semana de negociaciones que se extendió hasta el 4 de Julio, el grupo de no judíos y la tripulación del avión, fueron liberados y embarcados en otro avión de Air France que había llegado a Entebbe. En un acto de heroísmo el capitán del avión, Michel Bacos y su tripulación, decidieron quedarse con el grupo de secuestrados judíos, en total 105 personas quedaron retenidas.
Ante el fracaso de las negociaciones diplomáticas en la cual intervino el gobierno de Egipto, el gabinete israelí aprobó la operación de rescate el 3 de julio bajo el mando del Mayor General Yekutiel Adam.
El servicio secreto de Israel, el Mossad, realizó un esquema de la ubicación de los rehenes, secuestradores y tropas del ejército de Idi Amin en base a los relatos de los rehenes liberados en París.
El equipo de rescate de las fuerzas especiales del ejército israelí, que consistía en cuatro aviones C-130 con las tropas de combate y dos Boeing 707 con el personal de apoyo, emprendió su ruta por la península del Sinaí, siguiendo la trayectoria sobre la franja internacional de vuelo sobre el mar rojo en dirección sudeste, volando a una altura de menos de 30 metros para evitar la detección por parte de Egipto, Sudán y Arabia Saudita. Sobrevolaron el noreste de Nairobi después de pasar por Somalia y Etiopía. Uno de los 707 aterrizó en el aeropuerto internacional de Kenia con el equipo médico y de apoyo mientras el otro, con el comandante de la operación el General Yekutiel Adam, sobrevoló el aeropuerto de Entebbe durante toda la operación.
Las tropas israelíes aterrizaron a las 23:00 horas con la puerta de carga abierta, de donde descendió un Mercedes negro acompañado de vehículos Land Rover, para dar la impresión que se trataba de la caravana del presidente Idi Amin que regresaba de un viaje. Los vehículos fueron conducidos rápidamente por los comandos hacia el aeropuerto de la misma manera que lo hacía el presidente. En el camino fueron detenidos por dos guardias ugandeses que sabían que el vehículo de Idi Amin ahora era un Mercedes blanco, pero fueron abatidos rápidamente por los comandos.
Una vez que llegaron al terminal, los comandos gritaron por megáfonos que eran soldados israelíes que venían a rescatarlos y que debían permanecer en el piso para evitar ser confundidos con los terroristas. Lamentablemente en medio del fuego cruzado murieron tres rehenes. Mientras esto sucedía en la terminal, los otros tres C-130 aterrizaron y descargaron más comandos y transportes blindados de personal, que se encargaron de destruir los aviones Mig 17 de la Fuerza Aérea de Uganda (para evitar que luego los persigan) así como asegurar el área de reabastecimiento de combustible.
Toda la operación duró 53 minutos, desde que aterrizó el primer C-130. Los siete secuestradores fueron abatidos. Entre 33 y 45 soldados ugandeses murieron al atacar a los soldados israelíes y 11 MIG fueron destruidos. De los 105 secuestrados, tres murieron y 10 resultaron heridos. Otro rehén, Dora Bloch de 75 años de edad, fue asesinada por soldados ugandeses en una clínica local, donde había sido trasladada antes del rescate. El único militar israelí muerto durante la operación fue el comandante del equipo, Yonatan Netanyahu, hermano mayor del que luego fuera primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu.
Pero si esta operación de rescate fue elogiada por el mundo entero, nosotros en Perú hemos sido testigos de otra operación de rescate de rehenes tan impresionante como la primera y me refiero a la operación Chavín de Huantar. No voy a relatar toda la historia de la toma de rehenes en la residencia de la Embajada de Japón por parte de los delincuentes terroristas del MRTA, ni los sucesos previos a la operación de rescate, ya que son conocidos por todos. Pero si quiero resaltar el heroísmo que demostraron los 148 comandos Chavín de Huantar que participaron en la operación y que dieron sus vidas para rescatar a los 72 rehenes.
En el rescate fueron abatidos los 14 terroristas. Lamentablemente, uno de los rehenes, el magistrado Giusti, fue herido en una pierna lo que le causó una grave hemorragia que le provocó la muerte. Los comandos sufrieron dos pérdidas heroicas, el Comandante Valer, quién ofreció su vida al interponer su cuerpo en la línea de tiro para salvar la vida al ex canciller Francisco Tudela y el Teniente Jiménez, quien murió víctima de una granada que estalló cuando trataba de ayudar a un compañero herido durante la mencionada operación.
El heroísmo de los comandos me enorgullece, sin embargo, siento vergüenza al saber que nuestros héroes fueron perseguidos judicialmente durante 20 años, por las “organizaciones de derechos humanos”, por supuestamente haber ejecutado a tres terroristas que no murieron en la operación, sin que el Estado peruano los haya defendido. No sé si los ejecutaron, pero si lo hubieran hecho, tienen todo mi apoyo y agradecimiento por habernos liberado de esa lacra que atacó nuestra sociedad.
Luego de 25 años de una operación tan exitosa como Chavín de Huantar, no podemos permitir que los caviares y comunistas intenten reescribir la historia y mostrar a estos asesinos como “luchadores sociales” y a nuestras heroicas fuerzas armadas como violadores de los derechos humanos. Eso, no lo podemos aceptar.
Quisiera recordar una frase, de la carta encontrada en el cuerpo del comandante Valer: “Toca a mi patria y me convierto en fiera. Si debo morir por verla libre y soberana, lo haré sin dudarlo”. Él dio su vida por nosotros, nos toca seguir su ejemplo de lucha y volvernos fieras cuando tocan nuestra patria. ¡Viva el Perú carajo! Lampadia