Uri Landman
Para Lampadia
Hace pocas horas vimos en diversos medios de comunicación, bajar de una camioneta blanca de la Cruz Roja Internacional, las primeras tres rehenes liberadas por el grupo terrorista Hamás.
La liberación de estas tres mujeres, secuestradas por Hamás en el ataque terrorista a Israel en octubre del 2023, es la primera fase de un acuerdo alcanzado por el estado de Israel y los terroristas de Hamás, que incluye la liberación de 33 rehenes israelíes a cambio de 1,000 terroristas palestinos recluidos en cárceles israelíes.
El acuerdo además contempla una tregua de seis semanas. A partir del día 16 del acuerdo, se comenzará a negociar la liberación de los demás rehenes, incluyendo los cuerpos de los rehenes asesinados y que todavía están en manos del grupo terrorista.
En esta primera etapa se permitirá el ingreso de más combustible y ayuda humanitaria. Asimismo los soldados de la Fuerza de Defensa de Israel que se encuentran en Gaza buscando a los rehenes, se retirarán del territorio. Solamente se mantendrán algunas tropas a lo largo de la frontera entre Gaza y Egipto y en una zona de seguridad de 800 metros de ancho en los lados oriental y norte de la frontera con Israel.
En la tercera fase de esta tregua lograda en Qatar, se espera un acuerdo definitivo del alto al fuego y de la reconstrucción de Gaza.
Uno de los puntos en conflicto en esta etapa es quién gobernará Gaza en el futuro. Para el gobierno israelí no es aceptable que Hamás vuelva a gobernar Gaza y propone que sea la Autoridad Nacional Palestina quien la gobierne, después de haber sido reformada buscando mayor transparencia y prácticas democráticas.
Los terroristas de Hamás han exigido la liberación de algunos prisioneros que Israel no liberará ya que estuvieron directamente involucrados en el ataque del 7 de octubre. Por el lado de Hamás tampoco se tiene la certeza que liberará a todos los rehenes, inclusive los muertos, ni siquiera que se conozca el paradero real de todos ellos.
Por lo tanto, cualquier acuerdo de alto al fuego es sumamente frágil y depende de la voluntad de un grupo terrorista que ha jurado destruir al estado de Israel, algo que el mundo occidental debería condenar.
Lo más preocupante de esta situación, es que la mayoría de países del mundo occidental no entienden que la lucha de Israel por su supervivencia, incluye la defensa de los valores de la civilización occidental. Solamente unos pocos y valientes países apoyan de manera incondicional a Israel, como es el caso de Argentina, Estados Unidos, Inglaterra entre algunos otros.
Desde esta columna pregunto: ¿Cuántas veces visitó la Cruz Roja a los rehenes israelíes durante su cautiverio de 16 meses? Ni una sola vez.
¿Constató la Cruz Roja que los derechos humanos de los rehenes hayan sido respetados durante su cautiverio? NO.
¿Comunicó a los familiares el estado de salud físico o mental de los cautivos? No.
Sin embargo la Cruz Roja visitó en decenas de oportunidades a los cientos de terroristas prisioneros en cárceles israelís, en donde exige públicamente que se respeten sus derechos humanos, como el acceso a salud, a la defensa, a la visita de su familiar, etc., derechos que aparentemente no tienen los rehenes israelíes. Una hipocresía total.
Los extremistas musulmanes, en su prédica de la “Guerra Santa”, no solamente quieren destruir a Israel, sino a toda la civilización judeo-cristiana. Es hora que el resto del mundo tome nota y antes de criticar las acciones que toma Israel para defender a sus ciudadanos, se pregunten qué harían ellos de estar en su caso. No aceptemos la doble moral cuando se aplica en contra del estado de Israel.
En el Perú, que hemos sufrido la pesadilla del terrorismo de Sendero Luminoso y del MRTA, sabemos perfectamente que no podemos ceder un milímetro ante estos delincuentes, ni bajar la guardia. No se puede negociar con personas cuyo único propósito en la vida es la destrucción de nuestras familias.
Estoy convencido que la guerra debe ser el último recurso de un país. Recordando las palabras del general estadounidense Ulysses Grant: “Nunca he defendido la guerra, excepto como medio para la paz”. Lampadia