Uri Landman
Para Lampadia
El 15 de Julio de 1821, los 300 vecinos más importantes de la ciudad de Lima, firman el Acta de Independencia del Perú. En los días siguientes, el general San Martín emite una serie de edictos con miras a la administración de la ciudad entre ellos, uno del 25 de Julio en el cual anuncia que el 28 del mismo mes se proclamará solemnemente la Independencia en un acto público.
Según testigos de la época, unas 16,000 personas presenciaron la ceremonia de Independencia en la cual San Martín, el libertador, declaró:
“Desde este momento el Perú es libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende. ¡Viva la patria! ¡Viva la libertad! ¡Viva la independencia!”.
La semana pasada celebramos doscientos y un años desde que nació el Perú como república, en medio de escándalos de corrupción, crisis política y económica y sobre todo –en mi opinión- una desconexión total entre la clase política y el pueblo.
Para los que escuchamos una parte del discurso de Castillo ante el Congreso (fui incapaz de soportar dos horas de cinismo), comprobamos que el desfase entre la realidad y su imaginario era total. Lejos de hacer algún tipo de autocrítica ante la ineptitud demostrada en el manejo del estado, el nombramiento de delincuentes en altos puestos del gobierno y los múltiples delitos cometidos, Castillo se afanó en contarnos un cuento sobre el país de las maravillas que no existe, las obras que nunca hizo, recurriendo al viejo truco de la victimización y culpando a los demás por su incapacidad de gobernar.
Más penoso para mí, es el comportamiento de los congresistas de oposición en el Congreso. Cuando la única salida decente era retirarse del hemiciclo antes que Castillo empezara su discurso, solamente un puñado de congresistas lo hizo. El primero en irse fue Carlos Anderson, seguido de Patricia Chirinos, Adriana Tudela y Alejandro Cavero de Avanza País, Jorge Montoya, Norma Yarrow y Noelia Herrera de Renovación Popular. ¿Qué pasó con los otros congresistas que se dicen de oposición? ¿Cómo pueden aceptar que una persona que ha traicionado al país siga siendo nuestro presidente?
Como si no fuera suficiente el agravio que sufrimos todos los peruanos al escuchar el discurso de un presunto jefe de organización criminal, que funge como presidente, al día siguiente durante el desfile militar del 29 de Julio, fuimos testigos de la humillación a los héroes de la operación Chavín de Huántar. Ellos no fueron invitados a participar de dicho desfile como es tradición todos los años.
Les pregunto a los congresistas de oposición ¿por qué no organizaron un desfile de los héroes de Chavín de Huántar junto con los policías del GEIN (la unidad que capturó al delincuente Abimael Guzmán) y que tampoco fueron invitados a desfilar en el Cuartel General del Ejercito? La respuesta la conocemos todos.
Según hemos podido comprobar, varios de estos congresistas de oposición, se encontraban en el Jockey Club del Perú, tomándose una foto con la vicepresidenta Boluarte para luego compartir una mesa de “camaradería”. Entre los congresistas de oposición que podemos ver en las fotos publicadas, encontramos a Alejandro Cavero de Avanza País, Alejandro Muñante de Renovación Popular, María del Carmen Alva (ex presidenta del congreso) de Acción Popular entre otros. Desde esta columna les pregunto si no hubiera sido más digno en su papel de “padres de la patria” que fueran a demostrar su apoyo a los comandos de Chavín de Huantar, en lugar de tomarse fotos con la vicepresidenta Boluarte, quien está siendo acusada por haber cometido una infracción constitucional.
No es de sorprender que el congreso tenga una desaprobación en las encuestas casi tan alta como la de Castillo. ¿Por qué será?
En nuestro país la clase política se queja de manera constante que los partidos políticos no tienen el respaldo de la población. Según ellos, el ciudadano común no se siente identificado con los partidos tradicionales y no quiere participar en política. ¿Pueden ser tan necios como para no darse cuenta del motivo? Yo por mi parte no me siento representado por ninguno de ellos.
Luego de ver el lamentable comportamiento de la clase política durante el último año, ¿cómo pueden pretender que un ciudadano que se considera honesto, quiera participar en política o ser miembro de un partido? Los partidos políticos peruanos, más se parecen a organizaciones criminales que a otra cosa. Lejos de atraer a los mejores profesionales, parecieran ser agencias de empleo en caso lleguen al poder. En lugar de exigir estudios, maestrías y doctorados, muchos de sus integrantes tienen denuncias penales por robo, malversación de fondos, colusión, falsedad y hasta asesinato.
La mayoría de personas dedicadas a la política en nuestro país (con honrosas excepciones) no lo hace por amor a la patria, sino por su propia conveniencia. No son personas de éxito que quieran compartir sus conocimientos, experiencias e inclusive sus medios con el país, sino más bien, se quieren aprovechar del puesto, para conseguir ventajas indebidas para su propio beneficio o el de sus allegados.
Si queremos que el país cambie para mejor y salga de este lodazal de corrupción en el que se encuentra hace muchos años, debemos cambiar a toda la clase política. Tenemos que exigir, no solamente con nuestro voto sino con nuestra participación, que los mejores sean los que lleven adelante el destino del Perú. Lampadia