Uri Landman
Para Lampadia
La agencia de desarrollo internacional norteamericana conocida como USAID, fue fundada en el año 1961 por el presidente John F. Kennedy. Tiene como objetivo distribuir la mayor parte de la ayuda exterior no-militar estadounidense, cooperando con los países receptores en áreas económicas, agrícolas, sanitarias, promoción de los derechos humanos entre otras. Al menos eso es lo que dice la página web de dicha institución que depende de la Secretaría de Estado. La realidad es otra.
Según la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, USAID gastó 32 mil dólares para la creación de un cómic transgénero en Perú,
1.5 millones para programas inclusivos de trabajo en Serbia,
70,000 dólares en un musical de programas inclusivos en Irlanda y
47,000 dólares en óperas transgénero en Colombia.
Estoy seguro que ni el demócrata de JFK imaginó que los fondos de los impuestos norteamericanos se malgastarían de esta forma.
De acuerdo a un informe del congreso de los Estados Unidos, USAID destinó 1,700 millones de dólares a los países de nuestra región. De este total, el Perú recibió unos 150 millones de dólares el año pasado.
Es necesario reconocer que la ayuda norteamericana ha sido muy importante en el desarrollo de cultivos alternativos como en el Proyecto Especial Corah. El éxito del cacao y del café peruano a nivel internacional, se lo debemos en buena parte a USAID. Lamentablemente, una gran parte de los fondos que destinaba USAID al Perú no llegaban a los más necesitados y quedaban en el camino como gasto de la burocracia.
Ahora que el gobierno del presidente Trump ha decidido suspender por 90 días la entrega de fondos de USAID hasta realizar una profunda auditoría y reorganización de la agencia de cooperación, los primeros que han puesto el grito en el cielo no han sido los agricultores de cacao o café de San Martín, sino las ONG de Lima que recibían millones de dólares de esta agencia.
En información publicada en varios semanarios locales nos hemos enteramos que medios de comunicación “imparciales y objetivos” como La Encerrona, RPP, Epicentro, Ojo Público, La República y El Comercio, recibieron fondos de la cooperación norteamericana con una clara agenda “PROGRE”. Así como también varias ONG como Manuela Ramos, Aprodeh y la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Desde aquí pregunto: ¿Qué otros medios de comunicación y ONG han recibido dinero de USAID a lo largo de los años y nunca lo han transparentado? Estoy seguro que nos llevaremos una sorpresa cuando toda la información salga a la luz.
Los críticos de la administración Trump afirman que el retiro de la ayuda de USAID en Latinoamérica crea un vacío de poder que será llenado rápidamente por el enemigo principal de los Estados Unidos, nos referimos a China. En mi opinión esta crítica es sumamente miope pero que revela el peligro que representa la presencia de China en nuestra región.
Si bien es cierto que China inició un proceso de construcción de influencia política en los países de la región a través de la Ruta de la Seda, este tiene características muy diferentes a la cooperación norteamericana.
En el caso de China, el gigante asiático busca ejercer influencia geopolítica en los países de la región a través de proyectos de infraestructura financiados con préstamos blandos a través de bancos controlados por el gobierno chino. También busca hacerse de intereses económicos estratégicos en los diversos países como proyectos mineros, empresas de generación y distribución eléctricas, proyectos ferroviarios, portuarios, entre muchos otros. Esta “cooperación” no es gratis, siempre busca un retorno económico para China y tiene una agenda detrás.
Los fondos norteamericanos que llegaban a nuestro país, eran donaciones que no requerían su devolución. Estaban “justificadas” según USAID, por el beneficio final que creaban en las comunidades y para “avanzar el ideal norteamericano de libertad y democracia en el mundo”.
Todavía no sabemos si USAID será reorganizada o desaparecerá por completo, pero soy de la opinión que en definitiva no cumplió los objetivos para los que fue creada en el año 1961. Si creo que los Estados Unidos deben ayudar a los países en vías de desarrollo, que sean sus aliados, en implementar políticas que les permitan salir de dicho subdesarrollo, para que finalmente no necesiten dicha ayuda. Algo mal tiene que estar pasando cuando un programa de ayuda no logra sacar a la gente de la pobreza después de 20 ó 30 años y de cientos de millones de dólares invertidos.
En el Perú estamos acostumbrados a trabajar y no podemos vivir pendientes de la ayuda extranjera. Bien lo dijo el presidente Ronald Reagan: “El mejor programa social es un trabajo”. Lampadia