Por: Rafael Venegas, Director independiente de empresas y senior advisor de Spencer Stuart
El Comercio, 25 de junio de 2018
La longevidad se define como “la esperanza de vida” y se califica como longevo(a) a la persona que vive más años que el promedio estimado de vida. Este tema ha captado mucho interés en los últimos tiempos, dado que el promedio de edad mundial viene incrementándose notoriamente y, tanto las personas como los estados parecen no haberse preparado para ello.
A primera vista, es una noticia positiva para las personas, porque en promedio viviremos más años. Pero a la vez es una preocupación, porque no sabemos si la ciencia y la tecnología lograrán controlar a tiempo el deterioro del cuerpo humano y por ende no se tenga una buena calidad de vida de estos años ‘extras’. El deterioro se presenta apenas el ser humano llega a la madurez y lo hace principalmente en tres frentes: articulaciones, sistema cardiovascular y cerebro. También se sabe que, a pesar de los grandes avances en la medicina, estos problemas, por ahora, solo tienen soluciones paliativas. La duda es entonces: ¿De qué serviría vivir más años, si no tendremos una buena calidad de vida?
En cuanto a los estados, también se presenta un gran problema, ya que se verán afectados significativamente en temas como seguridad social, pensiones y salud, lo que sin duda generaría aumento de la indigencia y la pobreza.
En el frente laboral también hay un gran impacto, empezando porque hoy día se tienen a tres generaciones, de características muy distintas, trabajando al mismo tiempo, lo cual complica la gestión de personal. A esto se suma que la automatización tiende a reducir el número de empleos disponibles.
Los impactos de la longevidad creciente ya se han manifestado claramente en los países desarrollados, sobre todo en Europa y Japón. En estos países, los recursos que necesitan los estados para enfrentar los enormes gastos de seguridad social y pensiones están creciendo en forma exponencial, creándoles un gran problema de déficit. En nuestro país, el tema aún no es tan crítico, pero lo será muy pronto. Aquí será peor aun, porque tendremos que sumarle el impacto negativo de la demagógica modificación de la regulación de pensiones, que permite que las personas retiren sus fondos de pensiones antes de jubilarse. Dada la trascendencia del tema, muchos científicos vienen realizando investigaciones hace buen tiempo, habiéndose emitido teorías preliminares, de las cuales comentaré tres.
La primera es la del médico e investigador Kris Verburgh, explicada en su libro “The Longevity Code”. Él y su equipo investigaron las diferencias entre animales de igual especie, pero con diferentes metabolismos y que tenían diferentes promedios de vida. Luego de muchas pruebas concluyeron que la naturaleza es quien programa la longevidad de los seres vivos. Según ellos, la naturaleza, basada en el modus vivendi de cada ser, define la duración de su vida y les da las herramientas necesarias para que sobrevivan normalmente, hasta que alcanzan su madurez. Luego inician su deterioro, hasta su muerte. Una muestra, es la diferencia en el promedio de vida entre el ratón y el murciélago. Ambos de la misma familia, pero mientras el ratón tiene un promedio de vida de dos años, el del murciélago es 20 años. La diferencia es que el ratón no tiene alas y al vivir en la tierra, está expuesto a mayores riesgos, por lo tanto la naturaleza les ha programado promedios de vida diferentes.
En el caso de los seres humanos, la naturaleza nos ha dado cuerpos que se comienzan a deteriorar a partir de la edad madura, basada en su modus vivendi de siglos en la tierra. Dado el aumento de la longevidad por los avances de la ciencia, la naturaleza tendrá que adaptar esto a los nuevos promedios de vida, pero como estos cambios toman siglos, estamos en un momento en que la ciencia que alarga la vida viene avanzando más rápido que la adaptación de la naturaleza.
La segunda teoría es la del frente de la ciencia y tecnología, uno de cuyos principales promotores es el Ray Kurtzweil, quien con más de 70 años es el director de Ingeniería de Google y a quien tuve la oportunidad de ver en dos conferencias. Kurtzweil sostiene que, dado que la tecnología viene avanzando en forma exponencial, en unas pocas décadas se lograrán controlar los elementos que causan la muerte del ser humano, que primordialmente son de índole celular. Esto significará que la longevidad podrá ser de muchos años. Lo que Kurtzweil no deja muy claro es el tema de la calidad de vida en esta etapa.
La tercera es la recientemente publicada por la Escuela de Medicina Albert Einstein de Nueva York, la cual dice que el ser humano ya alcanzó el límite de la edad a la cual puede llegar. Esto está basado en investigaciones sobre la longevidad en diferentes lugares del mundo, donde se concluye que la edad máxima alcanzada por los longevos parece haberse estancado en las últimas décadas. Según ellos, por más que la ciencia avance exponencialmente, el ser humano no podrá vivir mucho más allá de los límites que alcanza hoy. Esto, obviamente, se contrapone con las teorías de Kurtzweil y Verburgh.
¿Quien tendrá la razón? Lo que sí está claro es que viviremos un poco más. ¿Pero cuánto más? ¿La ciencia y la tecnología nos asegurarán buena calidad de vida para estos años ‘extras’? ¿El Estado se dará cuenta a tiempo y protegerá nuestras pensiones y seguridad social?