Natale Amprimo
El Comercio, 19 de febrero del 2025
“La propuesta no toma en consideración el rápido desgaste que se produce en nuestra democracia”.
De un tiempo a esta parte se plantea la necesidad de implementar la renovación por mitades en el Congreso de la República como una solución para evitar el entrampamiento político.
Se señala que con la renovación de la mitad de las futuras Cámara de Diputados y Cámara de Senadores a los dos años y medio de haberse iniciado el período parlamentario, los electores podrán premiar o castigar el desempeño de las bancadas oficialistas o de oposición, además de incentivar a los partidos políticos a involucrarse en la dinámica política congresal y a sostener una relación con sus cuadros en el Congreso.
Creo que la propuesta –amén del comprensible fastidio que pueda significar ver ciertas caras en nuestro Parlamento– es inconveniente en nuestro sistema político por varias razones que deben ser analizadas con objetividad y distancia, pues una reforma así no puede ser introducida con una visión cortoplacista.
En primer término, hay que señalar que nuestro sistema es presidencialista; es decir que, independientemente de la composición que tenga el Congreso, el Poder Ejecutivo continuará estando en las mismas manos de quien ganó las elecciones primigenias. Si estuviéramos ante un entrampamiento político entre ambos poderes, ello no se solucionaría con una elección de mitad de período, que podría cambiar la composición del Legislativo pero que no afectará al Gobierno, como sí ocurre en los regímenes parlamentarios en los que la nueva composición congresal sí puede generar el cambio del Gobierno. En esos casos, el pueblo sí define el entrampamiento, pues esa elección puede motivar que el gobierno varíe o que tenga una nueva mayoría.
En segundo término, la propuesta no toma en consideración el rápido desgaste que se produce en nuestra democracia. Se parte de una visión con la que me permito discrepar, pues en nuestra realidad no se identifican con nitidez las bancadas de oposición y de gobierno, toda vez que a diferencia de lo que ocurre en los regímenes parlamentarios, los roles no están definidos como sí ocurre en estos con la elección del jefe de Gobierno. Aquí los apoyos o desencuentros se dan por temas en particular y muchas veces según las presiones mediáticas, pues hay bancadas que definen su posición según esto último lamentablemente. En nuestra política, casi siempre los pastores son guiados por las ovejas y no al revés.
Por otro lado, si de por sí tenemos un ejercicio populista en disputa al interior del Legislativo, y de este como conjunto con el Ejecutivo que penosamente también cae en ello, imaginemos qué ocurrirá si cada dos años y medio hay una nueva elección para renovar a la mitad del Congreso. ¿Creen ustedes que eso hará que se tenga un comportamiento más serio o más populista?
Tómese en cuenta también que como consecuencia de la forma como se ha planteado nuestra futura bicameralidad, con el absurdo de que el Senado será elegido una mitad por distrito múltiple (al igual que a los diputados) y la otra por votación nacional, habrá otro natural desencuentro y competencia: el de los diputados de determinado departamento con los senadores del mismo.
En ese sentido, creo que la propuesta que comento puede capitalizar el descontento que tenemos respecto del desempeño congresal –que no es menor que aquel respecto del gobierno, dicho sea de paso–, pero analizada con detenimiento traerá más caos y populismo.