Mauricio Rozas
¿En qué estábamos pensando?
Ya pasaron cuatro años de aquellos extraños días en que los peruanos decidimos destruir a nuestro propio país. Y digo ‘decidimos’ porque, por más que yo no marqué el lapicito y no fui parte de tan demencial decisión, en democracia la mayoría manda y las consecuencias las asumimos todos por igual.
¿Tan bajo cayó nuestra autoestima como peruanos, que llegamos a pensar que merecíamos algo así? ¿Tan poca cosa nos consideramos? O algo peor que eso: ¿Odiábamos tanto a nuestro país que, vimos en este hombrecillo una inmejorable oportunidad para destruirlo por completo desde sus estructuras, como lo haría una explosión nuclear?
De otra manera no se explica una locura colectiva semejante. Y es que, por más esfuerzos que hacemos para encontrar un motivo medianamente razonable… NO lo podemos encontrar.
La sola posibilidad de que un tipo de tan pocas luces, que ni siquiera era capaz de articular una oración o una frase coherente, es decir, un analfabeto en toda su expresión… sea Presidente de nuestro país, era un sinsentido, un absurdo, un despropósito, una estupidez, una locura.
Y no me vengan ahora con sus lloriqueos y sus complejos por supuesta discriminación, porque les pongo el parche, ya que en el Perú, todos conocemos a gente brillante y valiosa de origen muy humilde y a gente recontra-bruta y corrupta de clase alta. Así que por ahí no va el tema.
En fin… esta oscura y vergonzosa página de nuestra historia, será recordada como la etapa de la autodestrucción colectiva del Perú, y será material de tesis, de estudios sociológicos, antropológicos y psicológicos que se expondrán en academias y universidades.
Esperemos que no se repita. La próxima vez no tendremos tanta suerte.