Por María Cecilia Villegas., Autora del libro «La verdad de una mentira»
El Comercio, 10 de enero del 2022
“Cuando grupos que operan en la informalidad y la ilegalidad acceden al poder de turno, se benefician indebidamente unos cuantos y nos perjudicamos todos los peruanos”.
El Perú es uno de los países de la región con mayor informalidad. ¿Pero qué significa y qué impacto tiene la informalidad en el desarrollo del país? El sector informal está constituido por las empresas, trabajadores y actividades que operan fuera de la ley. El 78,2% de la población económicamente activa (PEA) se desarrolla en la informalidad. Esta cifra muestra un aumento de la informalidad a niveles del 2010 y es consecuencia de las equivocadas políticas implementadas por el Gobierno para enfrentar la pandemia del COVID-19.
Quienes pertenecen al sector informal están al margen de las obligaciones tributarias, operan sin permisos, licencias y autorizaciones requeridos por ley. Los puestos de trabajo son precarios y sin condiciones mínimas. Basta recordar cómo fallecieron al menos cuatro trabajadores en una galería comercial del Centro de Lima al ser encerrados por su empleador durante el horario laboral y que, al desatarse un incendio, no pudieron escapar.
La informalidad genera una asignación deficiente de recursos y excluye a quienes se desarrollan en este sector de las ventajas de la legalidad: la protección policial y judicial, el acceso al crédito formal y la capacidad de participar en mercados internacionales. Obliga también a que se utilicen canales ilegales para la compra de insumos y la distribución de bienes y servicios. Esto se conoce como mercado negro. Para lograr encubrir sus actividades ilegales, deben, además, desviar recursos para sobornos a funcionarios y pagos a organizaciones criminales que les garantizan seguridad.
En una democracia funcional, los partidos son correas de transmisión de los intereses de los ciudadanos, los sectores productivos y la sociedad civil. Pero en el Perú, donde no existen partidos, los ciudadanos tienen una falta de representación política real que hace que tengan que resolver los problemas que debería resolver el Estado por sus propios medios. Esta falta de representación política es aún más marcada en el sector informal.
Cuando grupos que operan en la informalidad y la ilegalidad acceden al poder de turno, se benefician indebidamente unos cuantos y nos perjudicamos todos los peruanos.