Luis Carranza
Perú21, 16 de febrero del 2025
«Si queremos disminuir la pobreza y mejorar la calidad de vida de los peruanos, debemos apostar por facilitar la inversión privada, la cual generará empleo”.
Existe una fuerte vinculación entre pobreza y crecimiento. En los 90, luego del arranque económico, la pobreza empezó a bajar de 57.4% en 1990 a niveles en torno de 42%. Pero con la sucesión de crisis internacionales a fines de esa década, con fuertes impactos negativos en la economía peruana, la pobreza se incrementó a niveles de 50% a inicios de la década de 2000, llegando a 58.7% en 2004. Si bien, es cierto, el PBI solo cayó ligeramente en 1998 y luego mantuvo un bajo crecimiento entre 2% y 3% en los años siguientes, la demanda interna y el empleo sí tuvieron caídas muy fuertes a finales de los 90. La época dorada en crecimiento y reducción de pobreza vino en la segunda mitad de la década del 2000 cuando se consolida el fuerte crecimiento y la pobreza se redujo a la mitad, pasando de 55.6% en 2005 a 27.8% en 2011 (ver figura 1).
En la siguiente década el crecimiento se ralentiza y la pobreza continúa reduciéndose, pero a una menor tasa hasta 2019 cuando llegamos a 20.2%.
La época pospandemia marca un periodo de bajo crecimiento y, peor aún, de elevada pobreza y poca sensibilidad de la pobreza al crecimiento. Así, en 2020, con la pandemia la pobreza llegó a 30.1%, para bajar ligeramente en 2021 a 25.9% con el rebote de crecimiento económico después de la pandemia, pero en 2022 y 2023 la pobreza se incrementó a 27.5% y 29%, respectivamente.
Si hacemos un análisis estadístico para el periodo 1990-2023, nos da una elasticidad de 0.4, es decir, por cada 1% de crecimiento económico la pobreza se reduce en 0.4%. Eso implicaría que para 2024, con un crecimiento de 3.3%, la pobreza debería haberse reducido en 1.3%, llegando a 27.7%. Si tomamos en cuenta el intervalo de confianza, el rango en que estaría la pobreza sería de entre 27.1% y 28.3%.
Pero la relación entre crecimiento y pobreza no es estable. Para el periodo 2005-2011 el crecimiento promedio estuvo en el entorno del 7% y la reducción de pobreza por año estuvo en 4%, por lo que por cada punto porcentual de crecimiento la pobreza se reducía en 0.6% aproximadamente. Ahora bien, si consideramos los últimos 10 años de 2014-2023, el crecimiento promedio fue de 2.33%, pero la pobreza pasó de 22.7% a 29%; tuvimos una relación negativa. Esto nos indica que lo importante es mantener un crecimiento alto si queremos reducir la pobreza.
Otro aspecto interesante es la relación entre crecimiento y pobreza en cada región del Perú. Como observamos en la figura 2, tenemos una gran dispersión de la elasticidad de crecimiento a reducción de pobreza. Siendo la elasticidad a nivel país de 0.4, para el caso de regiones que han captado inversiones privadas importantes como Ica o Apurímac la elasticidad sube a 0.8 y 0.7, respectivamente. Por otro lado, en regiones como Madre de Dios o Loreto, donde hay alta informalidad y poca inversión privada, la elasticidad prácticamente desaparece, llegando a 0.1 y 0.2, respectivamente. Como se aprecia claramente en el mapa, las regiones con actividad de agroexportación y minería son las regiones que tienen mayor elasticidad en reducción de pobreza.
Respecto a las dos regiones exitosas en reducir pobreza, hay dos comentarios adicionales. El primero, respecto a Apurímac. En 2003, antes de la entrada en operación de la mina Las Bambas, la pobreza era de 67.2%; mientras que en 2023, después de 7 años de la operación de la mina, la pobreza llegó a 25.8%. Una reducción significativa de más de 41 puntos porcentuales en 20 años.
En el caso de Ica, en 2019 la pobreza llegó al 2.6%, prácticamente se había eliminado la pobreza, pero en 2023 la pobreza está en 6.9%. Sigue siendo la región con menor pobreza del país, pero no ha podido regresar a los niveles anteriores. El menor crecimiento en la actividad de agroexportación, producto de los retrocesos en las leyes de promoción, ha afectado negativamente el atractivo del sector disminuyendo, por tanto, su potencia para generar empleo y reducir pobreza.
La evidencia empírica es contundente. Si queremos disminuir la pobreza y mejorar la calidad de vida de los peruanos, debemos apostar por facilitar la inversión privada, la cual generará empleo y, por tanto, reducirá la pobreza.