Iván Arenas
Perú21, 6 de diciembre del 2024
«El tema es tan delicado que así como los narcos constituyen sus propios ejércitos, la minería ilegal también puede financiar —como de hecho lo hace en algunas zonas— un ejército entero con apoyo, incluso, de las autoridades, un ejército “revolucionario” que no dudaría en tomar el control de algunas zonas mineras.»
La reciente noticia de que el Reino Unido dejará de ayudar al país en la lucha contra el narcotráfico representa con más nitidez el actual momento nacional. Las economías ilegales avanzan con prisa. Mejor dicho, han avanzado en los últimos años a pasos agigantados. La minería ilegal y el narcotráfico corren a todo trapo.
Sin embargo, vale hacer un “disclaimer” necesario porque en esta columna hemos de separar muy bien la paja del trigo, es decir que reconocemos bien la diferencia entre el minero informal y el ilegal, no obstante, no podemos dejar de decir que el minero ilegal hace uso inadecuado del Reinfo, ese registro que, todo indica, está destinado al fracaso y con ello el fracaso mismo de la formalización minera.
Ahora bien. De acuerdo a la Unidad de Inteligencia Financiera, entre 2012 y 2024 la minería ilegal habría movido más de US$10 mil millones. No obstante, para este suscrito la cifra es aún pequeña. Asimismo, allí donde se desarrolla, la minería ilegal no solo se ha convertido en un motor de la economía local, sino, además, organiza la vida política y la sociedad. Decir que la minería ilegal no hace uso de su poder económico y no incide en la política regional o local de manera directa sería una inocencia. Se me dirá que la minería ilegal se ha infiltrado en el Congreso, pero de eso no hay evidencia todavía; en cambio, hoy la minería informal reina en el Parlamento con sus voceros y adláteres. Quizá en las próximas elecciones tendremos una bancada minera ilegal, como había tiempo atrás una bancada “cocalera”.
Por tanto, al tremendo problemón de la informalidad en minería se le suma la ilegalidad en minería. En algunos lugares como en la sierra liberteña, la minería ilegal y el narcotráfico caminan juntos a través del corredor que viene desde Tocache, va por Huacrachucro y avanza por toda la sierra de La Libertad hacia Cajabamba.
El asunto que se añade a todo esto es que si ayer había una “vergüenza social” sobre las economías ilegales, ahora se las acepta con total desparpajo. Circula en las redes sociales todo tipo de videos donde se enaltece al narcotrafico como a la minería ilegal y se les presenta como un trabajo digno del Perú popular. En el fondo, lo que empieza a cobrar fuerza es una cultura de la ilegalidad como en México.
El tema es tan delicado que así como los narcos constituyen sus propios ejércitos, la minería ilegal también puede financiar —como de hecho lo hace en algunas zonas— un ejército entero con apoyo, incluso, de las autoridades, un ejército “revolucionario” que no dudaría en tomar el control de algunas zonas mineras.
Minería ilegal y narcotráfico, cóctel mortal para la democracia.