Ismael Benavides
Expreso, 20 de diciembre del 2024
Desde hace cerca de una década en las presentaciones de los ministros de economía a los bancos e inversionistas, nos ufanábamos de ser el país de la región con mayor crecimiento económico, mayor reducción de pobreza e inflación más baja, y una sólida posición macroeconómica. Pero a partir del 2013 se empezaron a gestar los déficits fiscales con importantes aumentos del gasto en ese año de 14.7% frente a los ingresos que solo aumentaban 5.8%, desapareciendo el superávit fiscal heredado del Gobierno de Alan García, y a partir del 2014 a la fecha no ha habido un año sin déficit fiscal y la deuda pública para financiarlos aumentó de 18% del PBI en el 2011 a 33% en el 2024 con la consiguiente carga de intereses en el presupuesto público.
En economía todo se paga y la acumulación de déficits fiscales en la última década ha llevado a una desaceleración del crecimiento económico del Perú, el aumento de la pobreza de 20% a 30% y a cada vez mayor esfuerzo del BCR de controlar la inflación. Simultáneamente ha caído la inversión privada y la generación de empleo, todo caldo de cultivo para la insatisfacción ciudadana y la inestabilidad política que nos aqueja. Es por ello que nos vamos pareciendo cada vez más a los países del vecindario manejados por gobiernos de izquierda, y veamos por qué: El gobierno de Dina Boluarte es claramente un gobierno de izquierda, sucesor de Pedro Castillo, y solo mantiene el estatu quo para sobrevivir, pero sus gestos son de izquierda como ha sido el nombramiento del directorio de Petroperú, o la creencia que el Estado lo puede todo. Los resultados están a la vista, un déficit fiscal total de 6.1% del PBI a septiembre, sin contar Petroperú, un aumento de la deuda pública y un magro crecimiento del PBI y la inversión privada.
Hoy el vecindario con gobiernos de izquierda son un claro ejemplo de lo que no se debe de hacer. En apenas 2 años Lula en Brasil ha llevado la economía de una sólida posición fiscal a un déficit de 9.3% del PBI, una inflación de 4.6% anual, una fuerte devaluación del real y una deuda pública de 85% del PBI. México con la enorme ventaja de su cercanía a Estados Unidos ha sido llevado por López Obrador y ahora Sheinbaum a un déficit fiscal de 5.9% del PBI e inflación del 4.5% anual. En Colombia el gobierno de Petro no deja de atacar a la inversión privada y hoy tiene un déficit fiscal de 5.6% del PBI y una inflación de 5% anual. Chile a pesar de Boric se ha defendido, pero a costa de un crecimiento muy bajo, con poca inversión privada y la aparición de la pobreza. Finalmente está Bolivia cuyo modelo Verónica Mendoza ofrecía emular a los incautos, tiene un déficit fiscal de 11% del PBI que es imposible financiar y una inflación “oficial” de 12% con escasez de productos apareciendo por doquier y un empobrecimiento generalizado.
¿Qué tienen en común estos países? Gobiernos de izquierda incompetentes e irresponsables fiscal y económicamente, corrupción, delincuencia explosiva, narcotráfico y empobrecimiento de sus poblaciones que llevan a migraciones masivas como hemos visto en Venezuela y empezamos a ver en el Perú.
Las perspectivas para el 2025 no son claras, hay un nuevo gobierno en Estados Unidos cuya política siempre nos impacta para bien o para mal, esperemos que para bien, una situación geopolítica compleja en Europa del este y el Medio Oriente y una China cada vez más complicada y con crecimiento menor al 5%. La cercanía o dependencia de China será un viento en contra de nuestras economías a lo cual debemos estar atentos.
Los pueblos no son tontos, y empiezan a ver los fracasos de la izquierda y sus cantos de sirena. Esperemos entrar a una fase de sensatez y normalización en la región. Milei será un ejemplo, una vez que entre a una segunda etapa de crecimiento después del ajuste, recuperando a Argentina y mostrando las bondades del modelo liberal.
Otro ejemplo del buen gobernar es República Dominicana que consolidó su democracia y pronto tendrá grado de inversión. Su presidente Luis Abinader dice en tono optimista, que es fácil gobernar, solo se necesita responsabilidad fiscal, ser amigable con la inversión privada y ser socialmente responsable. Suena bien, ¿no?