Ian Vasquez
El Comercio, 1 de abril del 2025
“Pero el historial mexicano en la lucha corrupta contra el narco le ha quitado credibilidad al gobierno”.
Hace unas semanas se halló un “campo de exterminio” en un rancho en el estado de Jalisco, México, una noticia que dio la vuelta al mundo. El lugar lo encontró y lo denominó así Guerreros Buscadores, una organización no gubernamental dedicada a buscar a personas desaparecidas en México.
El campo lo había manejado el cartel Jalisco Nueva Generación –quizás el cartel más poderoso del país– para reclutar forzosamente a trabajadores, entrenar a sicarios y traficantes, y para torturar y asesinar. Se encontraron crematorios clandestinos y 400 prendas de vestir, entre ellos, cientos de zapatos. Es dudoso que una operación tan extensa no tenga el conocimiento de ciertas autoridades locales y quizás nacionales. Cuando se dio a conocer, el presidente del Senado mexicano y miembro del partido gobernante, Gerardo Fernández Noroña, minimizó el hallazgo, diciendo que era “una estrategia de golpeteo político para desestabilizar” el plan de gobierno, y preguntó “¿quién dice que esos zapatos son de personas desaparecidas, que lo que se viene contando es cierto?”.
Pero el historial mexicano en la lucha corrupta contra el narco le ha quitado credibilidad al gobierno. Y las imágenes del rancho, que hicieron recordar a los campos de concentración nazi, fueron tan impactantes que el tema no se ha podido ignorar. El gobierno ahora dice que lo encontrado fue un “centro de adiestramiento” y promete una investigación oficial a fondo. Veremos si será así. En todo caso, el hallazgo forma “un antes y un después” en la manera en que se percibe y se trata al tema de los desaparecidos en México, según el experto Eduardo Guerrero. Como en ningún país de la región, ese problema es enorme y tiene mucho que ver con la guerra contra las drogas.
Cuando el presidente Felipe Calderón decidió librar una lucha contra los carteles de drogas ilícitas en el 2006, no solo se disparó la violencia (desde entonces ha habido alrededor de 300.000 homicidios), sino también las desapariciones. En el 2006 hubo 625 desaparecidos en México mientras que en el 2024 hubo 33.341. La gran mayoría de los 115.000 desaparecidos en México lo fueron desde el 2006. En los últimos tres años, la tasa de homicidios ha caído un poco (fue de 24,9 por 100.000 personas en el 2023), pero el número de desaparecidos ha crecido. Hay quienes sospechan que hay cierta colaboración entre autoridades locales y carteles del narco que ayudan a “bajar” los números de homicidio al desaparecer a las víctimas.
La verdad es que por muchos años se han encontrado fosas de desaparecidos en México. Es casi seguro que tiene razón María Guadalupe Aguilar, fundadora de Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos, que “estos lugares existen por todo el país” y que “México está lleno de fosas comunes”.
En un estudio reciente, Human Rights Watch observó que “muchos desaparecidos pueden haber sido asesinados y enterrados en las casi 5.700 fosas clandestinas que activistas y autoridades han descubierto. Alrededor de 53.000 restos humanos estaban almacenados, a la espera de ser identificados al cierre del 2022 […] En setiembre, los periodistas descubrieron que más de 72.000 restos humanos habían sido etiquetados como no identificados por los depósitos de cadáveres estatales entre el 2006 y el 2023″.
Parece que una táctica de reclutamiento del cartel Jalisco Nueva Generación es poner anuncios de trabajos que parecen legítimos con ofertas generosas y atractivas y, una vez que los candidatos se montan al bus de la supuesta empresa que los llevará a la entrevista, son secuestrados. Esto es así según investigaciones y testimonios de gente que ha logrado escapar y pueden explicar algo acerca de las desapariciones.
Se les puede perdonar a los mexicanos que siguen desconfiando de su gobierno a la hora de investigar el campo de exterminio en Jalisco, pero el hallazgo también significa que se prestará más atención a los desaparecidos que antes.