Germán Serkovic González
Abogado
Para Lampadia
Característica adicional de singular importancia que debe tener el juez, hombre o mujer, es la valentía. No nos estamos refiriendo a la temeridad o al arrojo desmedido, sino a contar con los arrestos necesarios o el imprescindible coraje para defender sus resoluciones dictadas en estricto apego al derecho.
Lo dicho adquiere especial relevancia en tiempos como los actuales, donde un sector de la prensa cree tener la autoridad moral para acusar, enjuiciar y sentenciar a determinadas personas, lo que genera una gran presión sobre el juez que está en el deber de desoír a la prensa y confiar en su conocimiento de las normas y -en concreto- en su criterio. No es inusual ser observadores de más de una campaña mediática orientada a afectar -en razón a innombrables intereses- la dignidad y el buen nombre de los ciudadanos. El buen juez debe ser ajeno a todo lo anterior. Obviamente las investigaciones de la prensa son fundamentales en una sociedad democrática y cuando de ellas se desprende la existencia de hechos reprobables deben ser tomadas en cuenta, pero en su justa medida.
De la mano de la característica anteriormente mencionada se encuentra la prudencia.
El juez debe contar con el buen juicio -nunca mejor expresado- de evitar ciertas compañías, cuidar sobremanera sus opiniones y sus escritos, alejarse de determinados eventos, ser cauteloso en el uso de las redes sociales y moderado en su vida privada. Él debe dar y ser el ejemplo, tanto en su vida pública como en la privada.
Evitemos en lo posible contar con jueces que caen seducidos por los reflectores, se rinden fácilmente ante el trato complaciente del entrevistador o consideran equivocadamente que tienen un poder especial porque algún articulista los endiosa y en base a esto se creen en la posición de ser indisciplinados y atentar contra las necesarias jerarquías. Hay que recordar siempre que el sentido de la opinión pública es altamente variable y los medios, volubles en sus criterios. La mesura es una virtud elemental y necesaria del juez, no la grandilocuencia o la pomposidad.
Si son de extrema importancia las condiciones con que tiene que contar un juez prudente, también lo son aquellas circunstancias a las que un magistrado cuidadoso debe rehuir a toda costa.
Una situación, lamentablemente muy extendida en nuestro medio, es el mal entendido “espíritu de cuerpo”. Consideran algunos operadores de la justicia que es dable ocultar o mirar hacia otro lado ante las inconductas funcionales -y lo más grave, aún ante los hechos delictuosos- en que incurren sus colegas, en el entendimiento absolutamente errado que tal acto muestra una cierta lealtad hacia el par. Nada más equivocado, esa es una perversión de una función tan digna como es la de administrar justicia. De la mano del denominado espíritu de cuerpo, está el participar en el entramado de favores y amiguismos tan usual en nuestro poder judicial. El juez debe ser cauto y tener muy claro que deberle un favor a un bribón, no es otra cosa que vender su alma al diablo. En algún momento le van a cobrar ese favor, y no de buena manera. La institución no se protege encubriendo al sinvergüenza o haciendo relativas y poco importantes sus faltas, se cuida denunciando a quien tiende sobre ella un manto de corrupción y asegurando su sanción ejemplar.
El otro aspecto que debe rechazarse de plano, es el de usar la función judicial para perseguir al opositor político o al competidor en lo económico.
El juez no puede servir de turiferario del mandatario de turno y hacerle el trabajo sucio de orquestar una persecución con la finalidad de atosigar al adversario o desaparecerlo de la vida política. Igual razonamiento se aplica cuando el llamado a resolver los conflictos aplicando las leyes, degenera tal alta atribución para entorpecer la competencia favoreciendo ilegítimamente a un grupo económico en desmedro de otro.
Para finalizar, es conveniente recordar las palabras de un pintoresco magistrado británico en el sentido de que el juez debe ser honesto, contar con un adecuado criterio lógico y guiarse siempre por el buen sentido común…y si conoce de leyes, pues tanto mejor. Lampadia