Fernando Cáceres Freyre
El Comercio, 17 de febrero del 2025
“El resultado de esa pregunta podría tener grandes consecuencias a nivel de las políticas públicas y el desarrollo de proyectos de inversión”.
Ha circulado una versión del próximo censo 2025, en el que el INEI ha eliminado la categoría ‘mestizo’ y ‘blanco’, frente a la premisa: “Por sus antepasados, costumbres o tradiciones, se considera…”. Esto implica que, al hacerse la pregunta a los censados, las opciones mestizo y blanco no serán leídas a los encuestados, sino que podrán colocarse en ‘otros’ si es que el encuestado espontáneamente las menciona.
Este detalle no es irrelevante, porque sesga el cuestionario para que la gente indique las opciones que sí les van a ser leídas, como es el caso de quechua, aimara; de un pueblo indígena u originario de la Amazonía; de otro pueblo indígena u originario; negro/moreno/zambo/mulato/pueblo afroperuano o afrodescendiente, nikkei y tusán. En este contexto, lo más probable es que las personas elijan una opción que sí es leída por el encuestador, como son las categorías consideradas ‘indígenas’, que incluyen a los quechuas, aimaras e indígenas propiamente hablando.
Esto es absurdo –y equivocado en términos estadísticos– si tomamos en cuenta que, en el censo del 2017, entre mestizos y blancos se ubicaron 66% de peruanos, 60% en el primero y 6% en el segundo grupo. En la misma línea, el Latinobarómetro (2023) mostró que un 75% se autoidentificó como mestizo, mientras que el 7% lo hizo como indígena en una encuesta en que no se ofrecía la opción quechua (lo cual refuerza la importancia de mostrar la opción ‘mestizo’).
Veámoslo desde otro enfoque. La arquitectura de la elección, que es un campo estudiado por la economía del comportamiento, analiza qué elegirán las personas cuando –dentro de un conjunto de opciones– uno presenta primero o de forma más destacada alguna de las alternativas, así como qué elegirán cuando hay opciones aplicadas por defecto. Así, por ejemplo, si una tienda desea promover la adquisición de comida saludable y la coloca primero o en un lugar destacado, es mucho más probable que las personas tiendan a elegirla por encima de otro tipo de comida.
Por la misma razón, si uno destaca determinadas opciones en el censo y oculta otras, las personas tenderán sesgadamente a elegir las opciones con mayor visibilidad. De hecho, Ipsos hizo el ejercicio de cuál sería el resultado del censo si es que no se incluía la categoría ‘mestizo’, lo cual arrojó que los indígenas (quechuas, aimaras o indígenas) subían del 25% (censo 2017) al 51%.
Los sesgos de esta pregunta incluso van más allá. De un lado, quechua y aimara no son etnias sino lenguas, y de otro no hay razón para que no se pregunte directamente “usted se considera indígena”, como en censos de Brasil y Bolivia.
El pequeño gran detalle es que el resultado de esa pregunta podría tener grandes consecuencias a nivel de las políticas públicas y el desarrollo de proyectos de inversión públicos y privados. Por ejemplo, se ampliaría sesgadamente el ámbito de la población a la que debe realizarse consulta previa antes de realizar inversiones públicas y privadas, y se presionaría por cuotas indígenas en cargos públicos (no lo duden).
No en vano las representantes de la Onamiap, en el marco del evento “Politizando la autoidentificación colectiva” han mencionado que, “a blancos y mestizos en esta ocasión les corresponde colocarse al lado. […] En la opción del censo se ha quitado ‘mestizo’ y ahí hay que agradecer a nuestra aliada […] que ha estado incidiendo para esto”.
¿Un grupo de interés convenció al INEI de sesgar el censo para promover sus propios intereses? Tendemos a pensar que la capacidad de presión de grupos de interés solo proviene de grandes empresas, pero muchos grupos organizados, como los mencionados, están en capacidad de hacerlo. El INEI debe corregirse.