Fausto Salinas Lovón
Para Lampadia
La derrota del kirchnerismo en la Argentina el 2015, el triunfo del no en el referéndum de febrero pasado convocado por Evo Morales para reformar la Constitución y reelegirse por cuarta vez, la descomposición política y social de Venezuela por obra y gracia del “socialismo del siglo XXI” puesta de manifiesto hace pocos días con la multitudinaria protesta contra Maduro en Caracas y por último, la destitución constitucional de Dilma Rousseff en Brasil, podría llevarnos a pensar que la estupidez autoritaria latinoamericana ha llegado a su fin.
Temo que no. Que aún queda mucho por hacer para librarnos de este gran mal.
Aquí mis razones.
En el 2009, a propósito de un curso de postgrado en la Universidad de Buenos Aires, elaboré un ensayo denominado “El Nuevo Libreto Autoritario Latinoamericano”, a través del cual describí, basado en bibliografía de entonces y en reflexiones propias, este concepto y sus vertientes. Según este ensayo, el “nuevo libreto” del autoritarismo latinoamericano principal, pero no excluyentemente de izquierda, tenía como uno de sus elementos característicos a la sustitución de la revolución por las elecciones como medio de acceso al poder, en una estratégica concesión a la “democracia burguesa”, que luego se demuele desde dentro. En cuanto a sus vertientes, este nuevo libreto mostraba dos escenarios de actuación: i) el autoritarismo que se ejerce desde el poder político estatal y, ii) el que se ejerce desde la calle, al margen o en contra del poder estatal.
El primero de los escenarios se expresaba desde el momento en que se accedía al poder por elecciones, mediante la demolición de las instituciones de contrapeso, desprestigiando la oposición política, cooptando la judicatura, asalariando a los votantes con programas sociales, confiscando medios de producción, cercando o desapareciendo la prensa libre y finalmente, cambiando la Constitución e imponiendo la reelección inmediata.
El segundo, el que llamé el “autoritarismo de la calle”, se ejerce a través de organizaciones socio-políticas paralelas, tales como frentes de defensa, coordinadoras nacionales, movimientos sociales, “colectivos” y otras organizaciones que buscan tanto obtener resultados políticos mediante la presión, secuestro o chantaje al poder político formal, como acceder al mismo poder político formal mediante su incorporación en partidos o alianzas, punto en el cual los dos autoritarismos convergen para tomar el poder, ya que como bien sabemos, para las izquierdas que interpretan este libreto, “todo lo demás es ilusión”. Este autoritarismo callejero es muy activo hasta que se llega al poder estatal formal y luego se convierte en base social de apoyo, contrapeso y presión. El ejemplo más característico de este autoritarismo deben ser los grupos peronistas argentinos como LA CAMPORA, dirigido por el mismísimo Máximo Kirchner, hijo de los ex -presidentes Néstor y Christina.
Cuando el autoritarismo callejero no llega aún al poder, mantiene su actitud autoritaria de coaccionar al poder político elegido e implementa acciones de chantaje social con los disfraces que el anti-estractivismo, el medio ambiente o cualquier otro tema le proporcione. El cerco a la ciudad de La Paz en el año 2003, que originó la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada, fue protagonizado por dos autócratas callejeros como Felipe Quispe (El Mallku) y Evo Morales y debe ser el ejemplo más gravitante de este tipo de autoritarismo, aunque también nos muestra la existencia de facciones, inquinas y agendas personales al interior de estos grupos.
Entonces, si bien es posible pensar que existe un repliegue de la primera vertiente autoritaria, no creo que sea posible pensar aun en que el libreto ha quedado archivado. Este sigue vigente en Venezuela donde se tratará de mantener la perversa escenificación autoritaria a sangre y fuego, a pesar de la magnitud de la protesta ciudadana en pro de un referéndum revocatorio que se niegan a convocar. En Nicaragua donde la oposición es diezmada por acción de una Corte Electoral pro sandinista y la alternancia en el poder queda de lado para instaurar otra “pareja presidencial” a través de una cuarta elección en la que la ex guerrillera esposa de Ortega va como candidata Vice-Presidenta. En Bolivia donde la prensa libre, supuesta culpable de la derrota electoral de Morales está siendo acosada con la disminución de la propaganda oficial. Y también en Ecuador, donde el terremoto ha mostrado las debilidades de la administración de Correa pero no ha precipitado la caída del autócrata ecuatorial que cierra medios de comunicación con multas y querellas amparadas por Cortes favorables.
En su segunda vertiente, el autoritarismo de las calles sigue presente y serán estas, las calles y las plazas, los escenarios de la escenificación autoritaria en los países en los cuales la izquierda autoritaria ha perdido el poder político estatal. Por ello, no es casual, sino más bien revelador que Mauricio Macri enfrente abucheos, escraches y hasta apedreos como el sucedido hace poco en la provincia de Buenos Aires, conocido bastión del clientelismo kirchnerista. Tampoco es casual que Dilma califique de “golpe de Estado” a su destitución mayoritaria por el Parlamento brasileño, acuse de ello al “más radical liberalismo económico” y construya un relato de victimización para anunciar que “estará de vuelta”, claro está aupada por las masas asalariadas con el desmadre financiero brasileño.
Todo esto seguirá ocurriendo, además, porque desde las usinas cubanas se siguen fabricando insumos político sociales para este autoritarismo, insumos que muchas veces la miopía o el inmediatismo de algunos gobernantes latinoamericanos permite y da protagonismo.
Lamentablemente, no creo que haya llegado entonces el fin de esta perversa escenificación autoritaria, aunque si resulta posible hacer un réquiem por algunos de sus protagonistas más destacados (Christina Kirchner o Luis Ignacio Lula por ejemplo). En el mejor de los casos, sólo ha cambiado la vertiente autoritaria y nuestro país, no es ajeno a este juego. No vayamos a creer que el 70% de respaldo electoral otorgado en las elecciones del 10 de abril al modelo constitucional de 1993 y al modelo de economía de mercado son antídoto suficiente para extirpar este libreto. El libreto sigue vigente y no ha llegado a su fin, por lo que resulta necesario empezar a actuar:
- En el plano internacional, haríamos bien en tomar de una vez por todas una posición internacional de principio, por encima de las tibiezas diplomáticas y apartar de una vez a nuestro país de UNASUR (la coartada sudamericana que da aval al autoritarismo), así como exigir de manera decidida y nítida la actuación de la OEA en pro de la democracia en Venezuela.
- Investigar y develar la injerencia y los gastos de gobiernos regionales y entidades estatales para favorecer la presencia cubana en nuestras regiones y programas de salud, particularmente en el Gobierno Nacionalista.
- En el plano nacional, empoderar a autoridades electas regionales, provinciales y parlamentarias como interlocutores válidos de la demanda ciudadana, en lugar de dar cabida a colectivos, frentes y movimientos que, por cualquier causa, cobran protagonismo en cualquier lugar del país. La miopía política de muchos los deja ver como legítimos conductores del reclamo social, cuando en realidad son agentes del chantaje social y fieles intérpretes del libreto autoritario aún vigente.
Lampadia