Por Fausto Salinas, Cusco
En febrero de 2008, el gobierno aprista impulsó dos Leyes con propósito similar al que se encuentra hoy día en el Decreto Legislativo 1198: la participación privada en la gestión de bienes culturales. Esto no tuvo ni tiene nada de inconstitucional, ni inconveniente; sin embargo, en aquella ocasión fueron suficientes para encender la pradera política cusqueña y sirvieron de pretexto para nuclear a ineptas autoridades en torno de una reivindicación común: “nuestro patrimonio cultural”.
La promulgación del Decreto Legislativo 1198 al parecer va a reeditar la historia y ya se está viendo como autoridades, dirigentes y académicos locales se alistan para librar una batalla similar contra este gobierno y a favor de sus mismos complejos y prejuicios.
Si hay algo que reprochar a este Decreto no es que permita la participación privada en la gestión de bienes culturales (para que en los sitios arqueológicos que hasta ahora no atiende y pone en valor el Ministerio de Cultura hayan baños, paradores, asientos y centros de interpretación) sino que este Decreto, reitera la inconstitucionalidad del antiguo artículo 6 de la Ley 28296 (Ley de Patrimonio Cultural de la Nación) que establece la propiedad Estatal de los bienes arqueológicos prehispánicos, en contra de lo que señala el artículo 21 de la Constitución vigente y de lo que han señalado todas las Constituciones del Estado Peruano, ninguna de las cuales habla de la propiedad estatal de ningún tipo de bienes culturales.
Pese a que toda repetición es una ofensa, la historia política regional nos volverá a repetir la opereta del 2008, por lo cual resulta conveniente repetir también lo dicho en aquella ocasión sobre este mismo tema, aún cuando algunas reflexiones sobre la política cultural o turística ya no resulten actuales, en la medida en que la reflexión central planteada en aquel momento acerca de nuestro “Complejo de Ombligo” y nuestra oposición inconsciente a lo privado siguen más vivas que nunca y presentes hasta donde no debieran estar. Conviene hacerlo además, como reflexión para invocar, una vez más, el debate de ideas y no el de personas o masas que seguramente nos alisten los “mismos de siempre”.
Cusco, 28 de setiembre de 2015
NUESTROS COMPLEJOS Y PREJUICIOS
– A propósito de las Leyes 29164 y 29167
Fausto Salinas Lovón, Cusqueño
Las recientes protestas de algunos sectores de la población cusqueña y de toda su dirigencia política, sindical, académica y profesional, casi con la sola excepción de los gremios empresariales como la Cámara de Comercio, la Cámara de Turismo y en alguna medida la Asociación de Agencias de Turismo quienes han discrepado de modo y por razones distintas, han puesto en evidencia algunos problemas sobre los cuales no solamente debemos poner atención, sino decir aquello que pensamos.
En primer lugar, estos hechos han desnudado, una vez más, el “Complejo de Ombligo” del cual padece nuestra sociedad y en mayor (o interesada medida) sus dirigentes, que pretenden, como si el mundo se agotara en el Hanan y el Hurin Qosqo, que se derogue la Ley 29164 porque no encaja en su visión del Estado, la empresa y la gestión de los medios de producción, cuando el objetivo de esta Ley al parecer no es impulsar la construcción de hoteles y restaurantes en Machupicchu o Sacsayhuman, sino probablemente en Sipán, Kuelap, Chan Chan, Caral o Sicán, es decir fuera del centro de la sociedad ombligo que muchos de nosotros nos creemos ser y defendemos, sin saber porque y sin ser capaces de reeditar, viviendo únicamente de la gloria de nuestros antepasados.
En segundo lugar, estos hechos han puesto de manifiesto el oportunismo de la clase política de izquierda que gobierna nuestra Región hace 25 años (con contadas excepciones), la cual, con mucha habilidad pero de manera muy obvia, ha sabido subirse al carro de la protesta para disimular su incapacidad para resolver los problemas elementales de la ciudad ( pistas, veredas, limpieza, seguridad y transporte) y los centrales de la Región, en tiempos, nunca antes vistos, de superávits presupuestales y fondos de canon que se quedan en el Banco de la Nación por incapacidad para ser utilizados en obras. Un oportunismo peligroso ya que evidencia solamente un afán de permanencia en el poder y no un sentido de servicio o de fe en algún cometido.
En tercer lugar, demuestra la fragilidad del consenso y el orden social reinantes en nuestra sociedad regional, la crispabilidad de los cusqueños para decirlo en términos argentinos, que hace de esta parte del país un verdadero polvorín que puede explotar por cualquier cosa y a instancia de cualquiera. Un campo propicio para las prédicas violentistas y el ruido político y social, campo que es por otra parte, peligrosamente abandonado por el Gobierno aprista y sus adláteres que prefieren refugiarse como funcionarios nacionales, directores o coordinadores abandonando el trabajo político de base que todo gobierno necesita.
En cuarto lugar, pone en evidencia, una vez más, la miopía política o una interesada y circunstancial ceguera del Gobierno y en particular de su política de turismo, que dice llevar a cabo una política de inclusión haciendo uso de herramientas excluyentes como estas leyes que si bien fomentan el desarrollo empresarial en el turismo y la puesta en valor del patrimonio cultural y por ende son positivas en ese aspecto, lo hacen sólo para la gran empresa dejando fuera del potencial turístico a los empresarios y a las comunidades locales, impregnando de inconstitucionalidad a la norma, por esta causa y no por el hecho de propiciar la participación privada que es en si misma constitucional y conveniente. Esa misma miopía o ceguera interesada a nivel gubernamental que explica la ausencia de acción eficiente a favor del turismo de mediano presupuesto, del turismo latinoamericano y del turismo nacional (que mayor repercusión tienen en el tejido empresarial local compuesto por hoteleros, agentes de viaje y prestadores de servicios turísticos) o la inacción frente a las prácticas monopólicas o de posición de dominio en el transporte turístico que encarecen el producto turístico Cusco en el concierto de la oferta turística mundial.
De otro lado, lo cual resulta aún más penoso para nuestra sociedad regional es que el estado de cosas expresa la carencia de un debate ciudadano alturado, sustantivo y respetuoso de la diversidad y muestra que lo que prevalece, con las autoridades universitarias a la cabeza, es la sustitución del debate por el dogma, impuesto a punta de marchas, paros, gritos y pedradas. El combate de ideas con ideas no existe, solo el de personas con personas.
Finalmente, estos hechos nos muestran descarnadamente lo poco que el Turismo le importa a nuestra sociedad regional, a nuestras autoridades regionales y al propio gobierno nacional, que maneja este y otros temas de la actividad con poco conocimiento y mucha irresponsabilidad. Nos muestra que lo hecho en procura de hacer entender a nuestra comunidad que dos o tres de cada diez empleos dependen del turismo no es suficiente. Nos sirve para comprender, por ejemplo, que ninguno de los servidores del INC, cuyas canastas, plus, cafaes y beneficios provienen de los ingresos dejados por los visitantes a Machupicchu, ninguno de ellos percibe aún que vive del sector y no debiera tirar piedras sobre su propio tejado. Nos demuestra que en el terreno gremial hemos hecho poco aún y que hay mucho por hacer.
Creo que pocos acontecimientos han desnudado de manera tan dramática algunas de nuestras debilidades y complejos como sociedad y como comunidad y por esta misma razón, creo que como miembro de una comunidad en estas circunstancias, no cabe quedarse callado y ponerse de costado. Seguramente muchos piensan y exigen que no basta pensar y decir, que es momento de actuar y de cambiar este estado de cosas. Sin embargo, quienes no estamos dispuestos a actuar aún en el plano político, podemos contribuir diciendo lo que pensamos y aun a riesgo de tener una posición absolutamente contra mayoritaria, iniciar un combate de ideas y no de personas, parafraseando a Karl Popper, en una sociedad abierta como la que queremos, alejada de prejuicios y complejos.
Buenos Aires, 11 de febrero de 2008