Charo Camprubí
Desde España
Para Lampadia
Desde la llegada de Trump a la presidencia de los Estados Unidos, la Unión Europea (UE) siente que se ha quedado huérfana. Hasta hace un par de meses compartía con los Estados Unidos una serie de valores y una visión semejante de las relaciones internacionales. Seguía las líneas maestras de los Estados Unidos, por convicción o por pragmatismo, ya que su seguridad estaba en manos de la OTAN y eso lo condicionaba todo.
En la guerra de Ucrania, siguió todos los postulados marcados por Biden aunque tuvieron que pagar un alto precio por ello. Europa se quedó sin el gas barato ruso que favoreció durante años su crecimiento económico, en particular el de Alemania. Y como tuvieron que buscar otras fuentes de energía, todas más caras, el precio del gas y de la electricidad se disparó y la UE se encontró de la noche a la mañana con un crecimiento inferior al 1% (a la excepción de España) y con un repunte de la inflación.
Después de la Segunda guerra mundial, Estados Unidos y Europa empezaron una larga relación política, comercial y de seguridad (la OTAN data de 1949) que se ha roto en el 2025. Su amigo y aliado ahora les dice que la Unión Europea se creó para fastidiar a los Estados Unidos cuando fue para contener a Alemania a través la cooperación mutua, por lo que se creó en 1951 la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). La CECA fue el preludio de lo que hoy en día es la Unión Europea.
Trump les anuncia aranceles de diversa índole que llegan hasta el 200% en productos como el vino y el champán. Parece incluso querer desatenderse de los compromisos adquiridos dentro de la OTAN. Tampoco quiere que la UE participe en las negociaciones para la paz en Ucrania (a pesar de todo lo que la UE ha venido aportando a Ucrania en términos económicos y militares) y da un giro copernicano en el discurso sobre quien es el bueno y quien es el malo en esta guerra.
Mientras que para Biden el agresor era Rusia y había que derrotarla, Trump no parece tener inconveniente en aceptar que Rusia se quede con los territorios que ha conquistado y que representan un 20% del territorio ucraniano (se trata de la zona oriental de Ucrania que, por cierto, siempre fue rusófila). Además, hace propuestas que son de su conveniencia, pero que contradicen principios elementales de derecho internacional (Panamá, Canadá, Groenlandia, Gaza) y se le nota más cercano a Putin que a la UE.
Todo esto ha llevado a la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen a decir que “la arquitectura de seguridad con la que contábamos ya no puede darse por sentada”. Y esta duda surge cuando las relaciones de la UE con Rusia no pueden ser peores (por el apoyo a Ucrania y las sanciones contra Rusia) y se teme que el expansionismo ruso vaya a más.
De ahí que Comisión Europea haya decidido dotarse de una autonomía defensiva de aquí al 2030 que implica hacer un enorme esfuerzo en rearme y seguridad cifrado en 800,000 millones de euros de los cuales 650,000 serían pagados por los países miembros (a los que se les permitiría endeudarse) y los 150,000 restantes serían a modo de préstamo. Se retoma ahora lo que se quiso hacer en 1954 cuando se propuso la creación de la Comunidad Europea de Defensa, proyecto que se fue a pique por la oposición de los gaullistas y los comunistas en Francia. Pero lo que sí hizo el general de Gaulle fue dotar a Francia del arma nuclear. También la tiene el Reino Unido, pero está fuera de la UE.
El país que más gana con este plan de rearme europeo es Alemania. Desde el final de la Segunda guerra mundial su ejército estaba bajo mínimos pero ahora tiene la oportunidad de rearmarse. Europa va a tener a una Alemania potente desde el punto de vista militar justo cuando la extrema derecha está en auge con un 20% de su electorado.
A otros el rearme les viene peor desde el punto de vista de los equilibrios parlamentarios internos. Es el caso de Francia, Italia y España.
En Francia, la extrema izquierda están radicalmente en contra y la extrema derecha se abstiene.
En Italia, uno de los socios del gobierno de Meloni, la Liga, se opone frontalmente a dicho plan.
En España, Sánchez también lo tiene difícil. A la izquierda del PSOE hay 45 diputados, que normalmente forman parte de su mayoría parlamentaria, dispuestos a darle la espalda en este tema, incluido su socio de gobierno, Sumar. Solo si el PSOE y el Partido Popular votaran juntos, se conseguiría la mayoría en el Congreso de los Diputados para aprobarlo.
La realidad es que los países de la UE están lejos de conformar un bloque monolítico en cuestiones tan cruciales como las de seguir dando apoyo militar y financiero a Ucrania; enviar fuerzas de paz a Ucrania compuestas por “una coalición voluntarios” para vigilar el cumplimiento de los futuros acuerdos de paz o, incluso, el plan rearme propiamente dicho. Lampadia