Por: Arturo Woodman P.
Expreso, 24 de mayo del 2022
Los precios de los minerales, en especial del cobre, se mantienen altos y su pronóstico es positivo, pero en contramano nuestro gobierno mantiene una inaceptable política de rechazo a esta actividad.
Inclusive, algunas agrupaciones violentas que están en contra de la actividad minera, continúan realizando actos de destrucción ante un gobierno pasivo y contemplativo, es imprescindible su intervención cortando estos actos delictivos y no permitir el bloqueo de carreteras, teniendo presente que la única forma que el “pueblo” mejore sus condiciones de vida, es aceptando las inversiones y la operatividad normal de la minería, así como cualquier otra actividad productiva que generen trabajo y desarrollo.
El Gobierno tiene que comprender que la minería es una actividad ancestral y que hoy representa el 60% de las exportaciones, generan divisas, estabilidad económica, trabajo y además contribuyen con el 32% de los impuestos que se recaudan.
Las regalías del 2021 superaron los 1,000 millones de dólares, que se distribuyen a las gobiernos locales 80%, a las regiones 15% y 5% a las universidades nacionales de la zona donde se realiza esta actividad, además genera 210 mil puestos de trabajo directo y más de un millón de indirectos, beneficiando a más de 5 millones al considerar a sus familias.
Todos estos beneficios generados por la minería, no son aceptados ni entendidos, por este gobierno incapaz y menos por el inestable primer ministro Aníbal Torres, que manifestó en uno de sus discursos populistas realizados durante los costosos e improductivos Consejos de Ministros Descentralizados, asegurando que: “ la minería no da nada al pueblo”, sin aceptar que precisamente esta actividad paga los excesivos gastos de estos viajes, los bonos que distribuyen a la población y gran parte de todos los desembolsos que el Ministerio de Economía realiza, incluyendo su sueldo. El premier tendría que precisar cuánto ha dado él a “su pueblo”.
Resulta fácil apreciar la pobreza que está generando este gobierno, la desconfianza que produce en todos los sectores productivos y la falta de trabajo, además de promover la negativa división entre peruanos y la nefasta Constituyente.
En estos 40 días de larga y negativa paralización de la mina “Las Bambas”, la más grande productora de cobre, dejó de producir 41,000 toneladas con un valor de 280 millones de dólares en exportaciones y Apurímac, dejó de recibir 42 millones de soles en regalías, el Estado deja de percibir cerca de 150 millones de soles en impuestos, 9,000 mineros no han trabajado 360 mil jornales y los 60 mil que dependen indirectamente de Las Bambas, pierden millones de soles en ingresos.
A pesar de las elevadas pérdidas por estas continuas paralizaciones de Las Bambas, el Gobierno y en especial el primer ministro no le da la menor importancia, llegando al extremo de asistir con tres horas de retraso a la última reunión de conciliación del jueves 19, produciéndose un nuevo desacuerdo y demostración de irresponsabilidad de parte del Gobierno.
Finalmente, es lamentable que el Gobierno no aprecie los daños que ocasionan al país las continuas huelgas y que no realice esfuerzos para solucionarlas. Esperemos que los recientes cambios en el Gabinete sean positivos para recuperar la minería y el desarrollo del país.