Anthony Laub
Perú21, 5 de febrero del 2025
Dicen que el peor enemigo de un peruano es otro peruano. Creo que es el segundo. El peor es el Estado e incluye al Ejecutivo (gobiernos regionales y municipales), Congreso y Poder Judicial; este último, el supremo, pues teniendo el poder de contener los embates que atentan contra la libertad, propiedad y vida de las personas, los estimula.
Friedman y Escohotado coinciden en señalar que los principales enemigos de la libertad económica son el socialismo y el estatismo. El primero tiende a impedirla y el segundo a debilitarla.
Desde el intento de liberalizar la economía en los 90 y que duró unos 10 años, la injerencia estatal en la libertad económica ha ido creciendo a niveles casi tan descarados como en los 80. Tres casos.
El primero es el absurdo, primitivo, intervencionista y socialista régimen laboral que no se condice con los preceptos constitucionales. Tenemos decenas de normas que, so pretexto de proteger al trabajador, han convertido la relación laboral en una carga, amenaza y camisa de fuerza para los empleadores (los que generan riqueza).
Segundo, el complicadísimo, “Herodiano” y costosísimo régimen tributario, que obliga a toda empresa a tener un equipo de contadores y abogados por delante. IGV, Renta, ISC, pagos adelantados, Essalud, retenciones, ITF, y confusos procedimientos tributarios que complican y empobrecen al contribuyente.
El tercero es la inmensa carga burocrática. Los peruanos necesitamos permisos (a gusto de la entidad de turno) para todo y una vez obtenidos nos enfrentamos a fiscalizaciones absurdas que suponen coimas, paralizaciones, sanciones o cierre.
Todo lo anterior cuesta mucho dinero que se extrae impunemente para que sea malgastado por trabajadores ineficientes (cuasi burócratas), en burócratas incapaces (los únicos que año a año ganan más), en nuevas entidades públicas (más burócratas), en empresas públicas quebradas (siguen los burócratas) o en bonos a las “autoridades”.
Estado=enemigo.