Alfonso Bustamante
Perú21, 2 de abril del 2025
«Millones de peruanos eligieron la informalidad ante trámites engorrosos, reglas cambiantes y una burocracia que asfixia en lugar de impulsar».
Los experimentos socialistas en el Perú en los 70 y 80 empobrecieron a los peruanos y dejaron al Estado en situación de insolvencia, generando hiperinflación y terrorismo. La falta de oportunidades de empleo condujo a los peruanos a “resolver” por sus propios medios su sustento económico, creando pequeños negocios de subsistencia.
La crisis llegó a su clímax en el 92, y el gobierno de Fujimori impulsó el mayor proceso de transformación regulatorio de nuestra historia. La Constitución de 1993, en su capítulo económico, estableció un nuevo orden, que asigna al sector privado el rol de creación de valor empresarial y al Estado el rol de promotor y regulador.
La inflación cayó a mínimos históricos, el Nuevo Sol se consolidó como la moneda más sólida de la región y derrotamos al terrorismo. Sin embargo, en el ámbito regulatorio, nos fuimos “aburguesando”, sumando trámites cada vez más engorrosos que postergan inversiones y dificultan la formalización, condenando a miles de pequeños empresarios a una precariedad permanente.
Esta semana, el MEF, con la colaboración de gremios empresariales, la Asamblea de Gobiernos Regionales y la Asociación de Municipalidades presentó una propuesta de shock desregulatorio para impulsar el crecimiento económico, quien propone un Estado promotor, moderno, eficiente y competitivo.
La propuesta resalta la relación directa del costo de la sobreregulación con la (baja) productividad laboral y la informalidad. Propone más de 400 medidas transversales en torno a eliminación de barreras burocráticas, optimización de procesos administrativos, plazos, fiscalización, promoción de inversiones y fortalecimiento institucional, es decir, toma al toro por las astas de manera frontal.
Desregular es crear un entorno predecible y confiable que invite a invertir, a crecer y a formalizarse. Millones de peruanos eligieron la informalidad ante trámites engorrosos, reglas cambiantes y una burocracia que asfixia en lugar de impulsar. Este shock desregulatorio es una oportunidad histórica para revertir esa realidad y requiere del concurso del Ejecutivo y del Congreso. Si logramos un Estado que acompañe en lugar de entorpecer, que genere confianza en lugar de miedo, lograremos construir un Perú más competitivo y con más oportunidades para todos.