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Lima-Perú, 16/10/2019 a las 09:10am. por Ricardo Ruiz Caro Villagarcía

Una mirada holística a una joya

Saqsaywaman, el templo solar con forma de rayo

Ricardo Ruiz Caro Villagarcia
Desde Cusco
Febrero del 2019

¿Un templo solar?, pero si tiene forma de rayo…
Y además la gente le dice fortaleza; porque efectivamente parece una colosal fortaleza con forma de rayo. 

Saqsaywaman, templo y no fortaleza ¿eso es realmente posible?
¿O es que este enigmático lugar esconde algún misterioso designio de una eterna conexión con el supremo Hanaqpacha que su soberbia y misteriosa arquitectura deliberadamente esconde? 

Capítulo I
UNA NUEVA MIRADA A SAQSAYWAMAN:

Las nuevas metodologías de registro gráfico más el auxilio excepcional que proveen las modernas cámaras montadas en los vehículos voladores llamados drones nos permiten modelar de manera tridimensional la realidad y tener vistas que ningún humano antes hubiera podido tener, como las ortofotos que eliminan totalmente la deformación que genera la perspectiva. Esta nueva forma de ver las cosas desde el cielo, en absoluta verticalidad confirman de manera cada vez más indiscutible el sentido ideográfico que ha tenido la arquitectura y el arte del antiguo Perú. Con estas modernas técnicas ya se ha logrado registrar centenares de imágenes simbólicas en los desiertos de la costa y en los cerros y colinas de todo el territorio, que estuvo en gestión de diversas culturas, reinos y señoríos desde tiempos muy antiguos.

Y si bien, desde hace siglos hemos oído de las formas que parecen representar las grandes edificaciones y contextos urbanos del pasado (como la forma de ave de Pisaq y de rayo de Saqsaywaman), esta tecnología confirma la precisión con la que arquitectos Incas, Waris, Moches (entre otros) han realizado estas búsquedas formales a través de la disposición de los elementos y espacios arquitectónicos.

Extendiendo un poco este concepto, no sería en absoluto exagerado afirmar que, la generación de representaciones simbólicas en todo lo edificado en el antiguo Perú no se limitó a búsquedas aisladas e independientes. Muy por el contrario, parecería que en el imaginario ancestral peruano la generación misma del espacio cultural solo podría ser concebida como una construcción ritual, que surge de un centro generador u ombligo y en su despliegue va formando lo que podríamos llamar una geometría sagrada; y por supuesto, este despliegue a partir del centro no fue espontaneo ni accidental, si no que se gestó en base a principios claramente determinados como la dualidad de un Urin y un Hanan (bajo y alto) como la primera afirmación de la manifestación espacial, luego la cuatripartición como despliegue  formal del territorio y luego la proyección de líneas imaginarias (ceques) en las que quedaban entretejidos todos los sitios sagrados; mantenido (a través de estos ceques) un ordenamiento integral y continuo del territorio.

Ilustración 1: Ortofotos de sitios arqueológicos (Qenqo y Moray)

Fuente: Modelamientos del Dr. Luis Jaime Castillo en colaboración con la DDC-Cusco

Esta especie de “arquetipo fundacional”[1] parece haber estado presente en la génesis conceptual todas las grandes culturas de la humanidad. Y si bien, la ciudad de Cusco se expresa como el referente mayor de este modelo de ordenamiento sagrado del espacio, (que se hace extensivo a todo el territorio que abarcó el gran proyecto del Tawantinsuyu), resulta bastante evidente que el patrón se desplegó de forma universal, siendo muy fácil por ejemplo encontrar las concordancias entre Cusco y Machupicchu como llaqtas sagradas, y en referencia al papel ordenador que juegan respecto a un territorio mayor (el Tawantinsuyu en un caso[2] y el encuentro entre el Ande y la Amazonía en el otro).

En esta perspectiva, el gran Saqsaywaman proyecta muchas señales de que debió haber sido uno de los dos templos más importantes del Cusco y de todo el Tawantinsuyu; y consecuentemente de haber jugado un rol central en el ordenamiento de su geografía sagrada. La claridad de los signos ideográficos contenidos en su emplazamiento espacial y en el trazado horizontal y vertical de su arquitectura lo proyectan como un mapa simbólico que integra en perfecta armonía los contenidos más trascendentes de su pensamiento y visión del universo (cosmovisión como dirían algunos). Para desarrollar esta interpretación es necesaria la definición previa de un marco de referencia sobre el cual se pueda estructurar el tipo de representación ideográfica que creemos contiene Saqsaywaman; y para este fin recurriremos a algunos temas colaterales al tema central (Capítulos II y III), los cuales desarrollaremos a continuación:

Capítulo II
LA FUNCIÓN SOLAR DE SAQSAYWAMAN QUE NO FUE PERCIBIDA

Para quienes postulamos que Saqsaywaman ha podido ser el lugar más sagrado de todo el Tawantinsuyu, un primer hecho resulta difícil de conciliar: ¿Por qué los conquistadores europeos no advirtieron la sacralidad de este lugar?, pues de haberlo hecho con toda seguridad se hubiera erigido sobre él una catedral católica a la usanza de Santo Domingo en relación al Qoricancha; y en el caso de que al menos hubieran intuido un poco de esa sacralidad, seguramente hubieran dejado al menos alguna señal de sobre posición ideológica, como la piedra con cruces grabadas en bajo relieve que se encuentra en una de las plataformas superiores de Moray. Todo hace parecer que los conquistadores (o al menos los que tomaban las decisiones políticas) creyeron firmemente que el lugar era una fortaleza; y resulta difícil descifrar el cómo lograron hacerlo. Y con el tiempo parece que esa percepción se apropió de todo el nuevo imaginario colectivo surgido en esos tempranos años de la colonia, persistiendo tenazmente; tal es así que hasta hoy mucha gente sigue llamando al lugar como una fortaleza.

Es sumamente probable que algunas situaciones coyunturales de la época hayan tenido que ver con esta percepción, como por ejemplo el papel central que tiene Saqsaywaman en el año 1936 en el intento fallido de Manco Inca de recuperar el Cusco, dando inicio con ello a una feroz resistencia de casi cuatro décadas, y el haber sido escenario estratégico de usos y gestas bélicas notables que incluyen la valerosa resistencia e inmolación del feroz general Cahuide y la muerte posterior del conquistador Juan Pizarro quien audazmente a cargo de un regimiento encabezó la toma del lugar, atacándolo desde el rio Saphy.

La ubicación elevada del monumento, la estupenda visibilidad que desde ahí se tiene, las imponentes murallas (o baluartes como hoy se conocen) que flanquean su arquitectura, el control que se tiene desde ahí de las aguas que llegaban al Hanan Qosqo y varias otras características del lugar seguramente contribuyeron a la percepción que se generó desde esos años, respecto a que el lugar era una fortaleza. A todo ello habría que sumar que probablemente en algún momento del reinado de los Hanan (que se inicia con Inca Roca) el eje del poder político se muda a Saqsaywaman, como lo postulan varios historiadores, quedando desde entonces el Qoricancha (emplazado en el Urin Qosqo) confinado a las funciones de culto.

Es indudable que mucho de lo anterior tenga que ver con esa percepción; sin embargo, parecería que el eje de esa confusión fue una estrategia finamente desarrollada; una estrategia de “conservación y resistencia cultural” que permitió ocultar a los ojos de los invasores europeos sus valores y creencias principales, entre ellas el significado de sus principales templos como Saqsaywaman y Raqchi; y que se habría iniciado desde tiempos de Huayna Cápac, quien avisado por los oráculos de que los tiempos oscuros se avecinaban, empezó con esta estrategia, que se inicia con el encargo a su hijo de mandar a fabricar una cadena (Huáscar en lengua quechua) tan gruesa que seiscientos indios orejones no la pudieran levantar fácilmente, la cual contendría los secretos de la tradición que por centurias habían forjado la grandeza del Tawantinsuyu, para que fuera sumergida en el lago Titicaca, como simbolismo de que la tradición quedó oculta y conservada en su lugar de origen mítico. En la interpretación del estudioso Luis Enrique Tord, una reminiscencia simbólica e ideográfica de esta cadena podría ser el friso que exhiben las paredes que contornan el patio central de la Casa del Almirante, erigida sobre las bases del que fuera precisamente el palacio del Inca Huáscar.

Esta estrategia de resistencia cultural seguramente tuvo que ver con la quema extensiva de mantos y tejidos que Manco Inca realizaba en su retroceso hasta su internamiento en Vilcabamba, por ser depositarios del Camaq de los Ayllus y Panacas,  junto al ocultamiento de las momias y Waiquis de sus soberanos; y es muy posible que incluyera también la generación desde el Estado Inca de consignas en el imaginario popular de la época, que encubran la verdad y evite que los invasores conozcan por ejemplo que el templo principal al Dios creador Viracocha se encontraba en Raqchi, para que los conquistadores se desgasten tratando de encontrarlo hacia Paccarectambo.

Tendría mucho sentido pensar que, sumados todos estos aspectos (las características propias del monumento, su participación bélica en la temprana colonia y las consignas de encubrimiento surgidas como parte de una estrategia de estado de resistencia cultural), los invasores europeos no lograran advertir el sentido sagrado de Saqsaywaman; y esa percepción se extendiera gradualmente a todo el nuevo imaginario surgido del encuentro de ambas culturas. Sin embargo, algunas narrativas que se rescatan en las crónicas hacen notar que habría habido algunos personajes de la época que sí percibieron la sacralidad de este monumento y su condición de templo solar, pero que fungieron de cómplices en su conservación.

Capítulo III
CONCORDANCIAS SIMBÓLICAS EN EL PENSAMIENTO SOLAR

Saqsaywaman parece haberse concebido como un homenaje al cabalístico número tres del pensamiento andino, por ello resulta necesario desarrollar la relevancia de este número, su connotación de superioridad respecto al número dos (que simboliza la dualidad) y su vínculo con esta dualidad andina que también se representa en Saqsaywaman. Para ello se hace necesaria una mirada universal del simbolismo contenido en estos números y la representación que en ellos subyace, en la idea de los tres mundos y la dualidad; desarrollo que a modo de apéndice trataremos en el capítulo presente, retomando contenidos de un artículo personal de hace unos años: “El Corpus Cristi Cusqueño y el Año sacro Andino”.

Muchos quisieran encontrar contradicción en la noción de los tres mundos y la dualidad como expresiones sustanciales del pensamiento andino ancestral; sin embargo ambos conceptos que además han sido comunes a todas las grandes culturas de la humanidad no solamente no se contradicen, sino que guardan una perfecta armonía como piezas de un ordenamiento mayor de lo universal. Si bien ambas percepciones tratan sobre lo mismo (el despliegue de la existencia), la variación se encuentra en el punto de observación, el cual define a su vez la superioridad del número tres sobre el número dos, como lo veremos a continuación:

LA DUALIDAD Y LOS TRES MUNDOS:
El antiguo Perú (y muchas otras antiguas culturas de la humanidad) concibieron “la existencia” como un sistema de 03 mundos: el Hanaqpacha, Kaypacha y Ukhupacha del antiguo Perú equivale exactamente a lo que simboliza el estandarte papal de tres coronas hasta hoy vigente, es decir el trinomio cristiano de espíritu, cuerpo y alma. Estos tres mundos, fueron conocidos también en el mundo extremo oriental (representados por las tres líneas horizontales del símbolo del Rey Wang), en la antigua alquimia (azufre, mercurio y sal), en el Tribhuvana hindú (Swar, Bhuvas y bhú) y en muchos otros tiempos históricos. De estos tres mundos, solo uno: el Hanaqpacha (el espiritual) al igual que sus respectivos equivalentes, es imperecedero y no se afecta por las contingencias del mundo y de la vida; mientras que los otros dos constituyen los “extremos” en los que se despliega la “creación” y por tanto (al ser temporales y contingentes) solo nos acompañan durante este tránsito humano y acaban con él.

Ilustración 2: Equivalencias culturales de los tres mundos (triadas)

Fuente: Elaboración propia

En otras palabras, la función espiritual (inmutable) es el principio y origen inmediato de la creación, pero no participa en el despliegue de ésta; por lo tanto, la creación (y por extensión la vida de cada uno de nosotros) tiene como límites o extremos a los dos polos de la dualidad. Esta vida a su vez, enmarcada en los polos de la dualidad tiene como objetivo mayor trascender de éstos y lograr el retorno a la unidad primordial (en la inmutabilidad del espíritu que le dio origen) a través de la realización espiritual en todas sus formas. Este principio está sumamente emparentado a la idea de geografía sagrada en la cual todo surge de un centro y luego todo busca retornar a él, bajo un ordenamiento ritual, en el cual (para el caso de Cusco y el Tawantinsuyu) Saqsaywaman parece tener un papel clave, como veremos más adelante.

LA DUALIDAD, LOS LÍMITES DE LA EXISTENCIA UNIVERSAL:
Estos dos elementos que constituyen los límites de todo lo existente y perecedero; y que se configuran en la dualidad primordial, tienen posiblemente en el Hinduismo la versión más estructurada que se ha logrado conservar, a través de los antiguos Upanishad; y son denominados como los sagrados Purusha y Prakriti, que se equivalen al Yin y el Yang chino, al cuerpo y alma católico, al azufre y la sal de los alquímicos, a la escuadra y el compás de los masones, por citar algunos ejemplos conocidos.

Situados ya en el plano humano; y más específicamente, en la dualidad que acota su existencia desde sus extremos, es necesario señalar que, a pesar de lo que muchos piensan, la primera dualidad no se refiere al esquema facilista de lo “femenino y masculino”. La dualidad primordial descansa en la “sustancia o materialidad” como base corpórea del universo y en la “esencia inmaterial o psíquica” como principio y acción ordenadora que cualifica la materia inicialmente informe, tal como sucede con las tinieblas bíblicas (inicialmente informes) que toman forma por la luz divina (esencia ordenadora).  A partir de esta dualidad arquetípica de lo corpóreo (material) y lo espiritual (esencia/alma), se despliegan múltiples equivalencias, precisando que ontológicamente siempre esta primero lo material (el caos) esperando la acción esencial que viene después para ordenarlo y cualificarlo, tal como la tierra que espera las influencias del cielo (luz, aire y agua) para proveer la vida.

AL EXTREMO MATERIAL (polo sustancial), le equivale: (i) lo femenino, pues la madre provee al nuevo ser (de su propia sustancia y hasta su nacimiento) la totalidad de su materialidad, (ii) la tierra, que sustenta materialmente (y provee de su propia sustancia) la corporeidad de la vida, (iii) la luna, que al igual que la materialidad se corrompe, se desvanece hasta desaparecer y muere cíclicamente; (iv) el color negro (yin), que simboliza el caos o tinieblas bíblicas que anteceden a la creación y que tomarán forma más adelante por la acción divina del verbo, (v) el número dos, como el primero de los números (al no ser el uno precisamente un número desde la perspectiva esotérica, por simbolizar al andrógeno primordial), pues como en el caso anterior del caos primordial, siempre la materialidad está primero esperando la acción ordenadora posterior, (vi) la forma cuadrada, pues simboliza la consistencia, estabilidad y solidez, que son innatas a la materialidad[3], y (vii) la virgen, que es el vehículo material e inmaculado que permite nacer al verbo (Jesús) por intermediación del espíritu santo (que en esta ecuación asume el papel ordenador o masculino).

Ilustración 3: Equivalencias conceptuales derivadas de la dualidad primordial

Fuente: Elaboración propia

AL EXTREMO ESPIRITUAL DE LA DUALIDAD (polo esencial), le equivale: (i) lo masculino, pues la única célula que provee el macho para la concepción en todas las especies (el espermatozoide[4]) define cualitativamente a cada nuevo ser al contener indistintamente el cromosoma “x” o “y”, (ii) el cielo (como atmosfera, pues el cielo como ámbito divino se halla fuera de la dualidad), que provee a la tierra (que espera pasiva) de lo necesario para proveer la vida (luz, aire, agua), (iii) el sol como luz ordenadora y astro celeste (principio de vida) que encarna la inmutabilidad, al ser permanente y no estar sujeto al cambio como la luna, (iv) el color blanco (yang), que simboliza la luz que viene (siempre después de la materialidad) a ordenar las tinieblas o caos preexistente, (v) el número tres (y los impares en general) pues aparece después del número dos, del mismo modo que la esencia viene después de la materialidad  para ordenarla y cualificarla como el verbo en la creación, (vi) la forma circular, como silueta más elemental, que simboliza el desapego y simpleza, (vii) el Espíritu Santo, que asume el papel masculino en la inmaculada concepción, y que también podría extenderse a Jesús que como verbo encarnado es a su vez la acción ordenadora.

Capítulo IV
SAQSAYWAMAN EL OTRO TEMPLO SOLAR DEL CUSCO

Retornando al tema central, podríamos afirmar que, en el pensamiento andino que se sustenta en la dualidad antes comentada (como los extremos y límites de todo lo existente), resultaría sumamente coherente que existieran dos templos solares, pues uno (el Qoricancha) estaría asociado a la parcialidad de los Urin, mientras que el otro (Saqsaywaman) lo estaría a la de los Hanan; de modo que, en las alternancias del poder entre ambas parcialidades reales, el eje del poder pudiera migrar de un templo al otro. El emplazamiento espacial de ambos templos, coincide con esta idea (uno abajo y otro arriba) además de las múltiples conexiones que entre ambos existen como los mitos de cavernas (chincanas) y canales que los conectan, la participación de ambos en la distribución de los ceques o líneas sagradas imaginarias que conectan todas las huacas del Cusco ancestral como un gigantesco Khipu desplegado en el territorio.

Otro aspecto que refuerza la idea de que existieron dos templos solares en Cusco, tiene que ver con el sentido simbólico e ideográfico que se le ha dado a este astro en las diversas culturas de la antigüedad incluida la nuestra. En la tradición solar el astro rey presenta dos facetas: la “luminosa y ordenadora” y la “ígnea o de fuerza” como principio de vida. En su faceta luminosa el sol es en realidad la afirmación mayor de la función suprema (Dios manifestado) y no es una simple casualidad que Jesús (para el lado norte del planeta) sea el exacto equivalente del “sol” de los Incas (en el sur); ambos tienen su fiesta en relación al solsticio de invierno en su he­misferio[5] (pascua de Navidad e Inti Raymi); el sol es la luz que expresa el conocimiento supremo y Jesús es el verbo encarnado; Jesús tiene doce apóstoles o enviados y el sol se simboliza ideográficamente en­viando doce rayos; Jesús y el sol habitan ambos en el cielo. Por ello no es casualidad que en muchas representaciones Jesús posea una corona solar y que sea llamado repetidamente en la biblia como “Sol de la Justicia”. Por su parte, la faceta ígnea alude al sol como astro de fuego, como fuerza y calor que sustentan la vida terrestre.

En esa perspectiva, resultaría bastante razonable adjudicar al Qoricancha ser el templo solar enfocado en la función luminosa y ordenadora del sol, como templo de la paz y la sabiduría que emanaba un brillo permanente con sus paredes, coberturas y esculturas de oro y plata, cobijando al supremo Punchao (sol del día) que fuera arrebatado en 1572 al último Inca de la resistencia (Tupac Amaru I) en la inhóspita Vilcabamba. Del mismo modo Saqsaywaman encaja perfectamente como el segundo templo solar enfocado en la función ígnea y vital del astro rey, como templo de las armas y la fuerza a cargo de la elite gobernante (los Hanan) como sede del poder y administración del Tawantinsuyu.

Muchos relatos de los principales cronistas de la antigüedad corroboran esta idea al señalar que “se construyó Saqsaywaman por orden de Tupac Inca Yupanqui (el resplandeciente) con la finalidad de aventajar al Templo del Sol de la ciudad”; Garcilaso sostiene respecto a Saqsaywaman que fue "...casa del Sol, de armas de guerra, como lo era el templo de oración y sacrificios", por su parte Cieza de León indica que fue la "Casa Real del Sol", mientras que

Fray Martín de Murua con profunda admiración expresa que “…parece obra de gigantes” y que “fue dedicada al principio para casa del sol”. Tiempo después Antonio de Herrera, dice que “Inca Yupanqui, quiso hacer otra Casa del Sol, mayor que las demás, y poner en ella gran riqueza de oro, plata, ropa, armas y todo cuanto convenía”, afirmación de manifiesta admiración que coincide con lo escrito por Sánchez de la Hoz cuando asevera que este era “el lugar más digno de verse”.

Capítulo V
LA ARQUITECTURA IDEOGRÁFICA DE SAQSAYWAMAN

Afirmando la hipótesis de que Saqsaywaman fue concebido como el otro templo solar de Cusco, y habiendo dispuesto un marco de referencia para tratar de sustentar el sentido ideográfico y simbólico que presenta su arquitectura magnífica, se presentan varios enfoques simultáneos que trataremos de desarrollar de forma independiente.

JUEGO DE CONCORDANCIAS ENTRE URIN Y HANAN:
Es por todos conocido que los espacios más emblemáticos del Cusco ancestral en su sector bajo (Urin) son el Qoricancha como ombligo generador de toda la geografía sagrada del Tawantinsuyu y el Wakaypata (actual Plaza de Armas de la ciudad) como el espacio sacro para las grandes congregaciones en las fiestas y fechas sagradas. Muy posiblemente el Wakaypata surge ya en la remodelación urbanística de la ciudad (segunda fundación de la que narran los cronistas) que se atribuye a Pachacuteq, la cual supone el desplazamiento de las líneas conceptuales de organización simbólica de la ciudad en respuesta a sus concordancias cosmogónicas, a través de sus nuevos ejes solsticial y equinoccial.

El juego de concordancias con el sector alto de la ciudad (dominio Hanan) respecto a estos dos espacios, lo desarrolla Saqsaywaman de manera unificada, integrando en su diseño desarrollos homólogos a ambos elementos emblemáticos del dominio Urin.

A la función de culto del Qoricancha, se equivalen perfectamente las estructuras catedralicias de Saqsaywaman, tanto del lado denominado “Baluartes” con sus murallas, torreones, puertas sagradas y galerías subterráneas, como las del lado denominado Suchuna, con todo el juego de altares, esculturas pétreas y el templo circular denominado “Cocha”; mientas que, estudios recientes parecen revelar la otra equivalencia, que sería el evidente parentesco conceptual entre el Chuquipampa (espacio central de Saqsaywaman que algunos denominan explanada) con el gran Wakaypata, parentesco que iría más allá de sus características arquitectónicas de escala y monumentalidad a nivel de espacios abiertos sumamente equivalentes, y parecería extenderse también a la función y connotación simbólica de ambos, con su participación central en los grandes rituales y fiestas del antiguo Incario como el Intirraymi.

Como síntesis de este primer aspecto ideográfico (de su diseño arquitectónico), relativo a las concordancias simbólicas entre el mundo Urin y Hanan, podríamos postular que Saqsaywaman en el pensamiento Inca pudo ser el lugar homólogo en el Hanan que equivale a la vez, al Wacaypata y al Qoricancha del Urin; integralidad que resalta la relevancia que alcanzó en ese momento histórico.

SAQSAYWAMAN Y EL NÚMERO TRES RECURRENTE:
Es por muchos conocidos el empleo de los números dos y tres en la arquitectura, el arte y otras expresiones culturales del pensamiento Inca, cuando tenían la necesidad de resaltar o evidenciar alguna significación relevante. Así por ejemplo son llamativas las portadas de doble jamba cuando era necesario resaltar el valor de una edificación o de un sector de ella; si la entrada fuera de triple jamaba remarcaría un carácter aún más relevante o sagrado.

Situación similar parece presentarse en el número de plumas de la Mascaipacha real del soberano Inca. Lo habitual es verlo coronado de dos plumas, una blanca y otra negra pertenecientes al ave llamada Corequenque, pero en algunas ocasiones parece que este emblema contenía tres plumas, posiblemente cuando el Inca tuviera que participar de ceremonias muy sagradas. Esta supremacía del número tres y su utilización para representar los conceptos más sagrados parece indicar con toda claridad que estaba reservado para lo más elevado[6]; y en ello descansa nuestra hipótesis de que Saqsaywaman, cuya concepción arquitectónica es una apología al número tres, era el lugar más sagrado del Tawantinsuyu.

Lo más resaltante en Saqsaywaman es para muchos el sistema de tres murallas escalonadas superpuestas del sector denominado “Baluartes”, cuyo destacado dramatismo formal determina la personalidad arquitectónica del lugar. El acceso a este sistema de murallas desde la explanada de Chuquipampa sucede también por tres vanos de acceso o puertas: la primera se conoce como Wiracochapunku, nombre asignado en honor al Dios creador  Wiracocha; la segunda se conoce como T’iopunku (vocablo quechua t’io que significa hinchado, saliente o protuberancia) por la forma de las piedras que en este tramo son más resaltantes y sobresalientes; y la tercera corresponde a Acahuanapunku, denominación que se da, en honor al mayor trabajo que realizó el arquitecto Acahuana[7].

En el mismo sector denominado baluartes, existen hasta hoy las bases de los tres torreones que existieron en la parte alta y que son permanentemente referidos por Garcilaso y otros cronistas de la época; los nombres de estos torreones eran Muyuqmarka (lugar redondo en referencia al vocablo quechua Muyuq), Paucarmarka (lugar alegre) y Sayaqmarka (lugar áspero), los relatos señalan que estos tres torreones estaban conectados en forma subterránea por galerías y pasadizos en forma de laberinto[8]. De estas  tres torres la primera de ellas (Muyuqmarka) cobró gran resonancia por la gesta heroica del general Cahuide antes referida.

Ilustración 4: Los tres baluartes y las tres puertas de Saqsaywaman

Fuente: Elaboración propia (imágenes obtenidas de la WEB)

Hay un amplio consenso que señala que el más importante de estos tres torreones y el que era reservado para los rituales más calificados era el Muyuqmarka; afirmación que tendría mucho sentido por su forma circular respecto a los otros dos que eran rectangulares; y además porque las narraciones señalan que sus paredes estaban cubiertas de enchapes y representaciones en oro y plata. La configuración arquitectónica del Muyuqmarca, exhibe una vez más el cabalístico número tres omnipresente en Saqsaywaman, mediante los tres cuerpos troncocónicos superpuestos que delimitan su silueta, como se puede inferir de sus cimientos aun existentes y de las representaciones que se tienen de la época.

SAQSAYWAMAN Y LA FORMA DE RAYO EVIDENTE:
Una de las confusiones más recurrentes respecto a Saqsaywaman surge al tratar de conciliar su función de templo solar con su evidente y a todas luces intencional forma de rayo. Sin embargo esta aparente contradicción es muy simple de resolver, cuando se enmarca en la perspectiva adecuada; en la cual, el pensamiento solar constituye una especie de doctrina universal que descansa en un juego de estrictas concordancias que se representan ideográficamente a través de símbolos, como el rayo, la luna las estrellas, etc.; tomando cuidado de no confundir aquello que se representa con cualquiera de sus representaciones (como el reduccionismo de considerar a la Montaña/Apu, los ríos o el propio rayo como dioses); y advirtiendo que las formas (que se asocian a estos simbolismos) importan menos en sí mismas, que en su función de receptáculos de principios mayores.  

Ilustración 5: Los tres torreones y los tres cuerpos del Muyuqmarka

Fuente: Elaboración propia (imágenes obtenidas de la WEB)

En esa perspectiva, como ya mencionamos anteriormente, el “Sol” como “función suprema” expresa y simboliza la luz primordial, el conocimiento y el “soporte cualitativo” de toda la creación, en forma sumamente equivalente a nivel conceptual de la figura de Cristo (Verbo encarnado) en Occidente[9]. En la misma perspectiva (solar), la luna constituye el soporte sustancial (material) de esa creación y por ello en muchas culturas se aludía que, en la esfera de este astro se producían los seres (las almas esperaban su próxima encarnación); mientras que las estrellas como conjunto están vinculadas al tejido o trama del universo y soporte cosmogónico de toda la manifestación. Bajo el mismo razonamiento en que se enmarca el pensamiento solar, muchas culturas de la humanidad han asociado ancestralmente al rayo con la iniciación o realización espiritual, al simbolizar la luz que irrumpe súbitamente en la oscuridad tiñéndolo todo de claridad; pues dicho fenómeno es sumamente homólogo con lo que sucede en el interior de la persona que recibe esta ascensión espiritual. En ese contexto (y más allá de la realidad física del suceso), resulta perfectamente coherente que los Altomisayoq precisen que un rayo caiga a su cuerpo para completar su iniciación. 

Ilustración 6: Orto foto de Saqsaywaman que muestra la forma de rayo evidente

Fuente: Elaboración propia

Extendiendo este razonamiento, la forma de rayo que es representada por los zigzags de los baluartes de Saqsaywaman, parecería confirmar de forma inequívoca su condición de templo solar y su designio sagrado de lugar de iniciación y alta espiritualidad; con la consideración adicional que, en el pensamiento andino el rayo o Illapa también alude un sistema de tres: rayo, trueno y relámpago, que sería precisamente lo que está representado en el sistema de tres murallas superpuestas. Un templo solar asociado al simbolismo del rayo, está muy probablemente vinculado a la faceta ígnea del sol que comentamos previamente, por lo que, los relatos de los tempranos cronistas que denominan a Saqsaywaman como “casa del sol de las armas” o “de la guerra”, resultan perfectamente consistentes con este designio, que encuentra su perfecto complemento con la función de culto, paz y contemplación que desarrollaba en el otro templo solar: el Qoricancha.

MUYUQMARKA, EL LUGAR MÁS SAGRADO DEL TAWANTINSUYU:

Las imponentes murallas con piedras finamente labradas que en algunos casos pueden alcanzar el centenar de toneladas posiblemente sean el signo distintivo central de Saqsaywaman y la proeza humana más sorprendente de toda la ingeniería del antiguo Perú; sin embargo, el lugar simbólicamente más importante podría ser el Muyuqmarka, por su trascendencia en el ordenamiento ritual de toda la geografía sagrada del Tawantinsuyu y por su carácter arquetípico y de receptáculo de significados trascendentes; al erigirse como “el eje que conecta al Ser del Tawantinsuyu con el Hanaqpacha” tal como lo califica el entrañable estudioso Luis Enrique Tord, que dedicó la mayor parte de su obra a develar la espiritualidad que se esconde en el arte y la arquitectura del Cusco.

Un primer argumento que resalta la superioridad del Muyuqmarka, está vinculado a la forma circular de sus plantas, dado que, si cada uno de los tres torreones ha estado vinculado ideográficamente con cada uno de los tres mundos del pensamiento andino, resulta indudable que el único que tuvo forma circular debió estar dedicado al Hanaqpacha[10] que es el más elevado de los dominios por representar a la espiritualidad que es el principio inmutable de la dualidad.

Siguiendo con las características formales del Muyuqmarka, se puede inferir que su desarrollo arquitectónico original debió ser el de tres cuerpos sobrepuestos cada uno de ellos de forma troncocónica, tal como aparece en los dibujos del maestro Manuel Chávez Ballón de hace más de medio siglo[11]. Esta forma tan sugestiva, no solo es una apología al cabalístico número tres que se asocia a lo superior en el pensamiento Inca, sino que es extremadamente similar a otras edificaciones de significado homólogo en diversas culturas como: la torre de oriente en Corea, el altar del cielo en la China o muchos coronamientos de torres de catedrales católicas, principalmente de aquellas anteriores al periodo renacentista. La extrema similitud de estas edificaciones, parecería mostrar que son un mismo objeto en diferentes versiones arquitectónicas, dando a entender que podría representar un arquetipo universal asociado desde el enfoque arquitectónico al gobierno o dominio de los tres mundos, del mismo modo que operan en la dimensión ideográfica los símbolos referidos en el capítulo III (el emblema papal, el distintivo del Rey Swang, el ternario alquímico, etc.).

Ilustración 7: El Muyuqmarka y otras representaciones homólogas

Fuente: Elaboración propia (imágenes obtenidas de la WEB)

Curiosamente, todas estas edificaciones similares al Muyuqmarka, están referidas siempre a una especie de axis mundi, que representa un eje vertical de conexión del mundo con lo supremo; y en muchos casos con vínculos claros con el agua y el rayo. Bajo este razonamiento, el planteamiento que hace Luis Enrique Tord en su relato “espejo de constelaciones” resulta sumamente convincente, al proponer que el Muyuqmarka es el referente principal de todos los espejos existentes en los grandes monumentos arqueológicos Incas; en algunos casos a modo de esculturas que se integran a la arquitectura y en otros casos como objetos transportables. El Planteamiento del maestro Tord, que deviene de sus estudios sobre litigios de agua en la temprana colonia es que al interior del Muyuqmarka la noche del 21 de junio de cada año, tenía lugar el ritual de predicción astronómica en presencia del soberano Inca, el Quillawata Khipucamayoq y los señores de los cuatro suyos. Para este efecto las paredes del interior del cuerpo cilíndrico central contenían replicas en oro y plata de las constelaciones visibles en el cielo, las cuales debían ser contrastadas con el reflejo de estos astros en el fondo de agua del mismo recinto que para este fin se configuraba como un espejo[12]. Estas instrucciones vitales sobre el clima, la agricultura y los designios divinos del Hanaqpacha para el Tawantinsuyu se transformaban en instrucciones de gobierno para el propio soberano y los señores de cada suyo a lo largo del año.

Un último aspecto ideográfico que parece representar claramente el Muyuqmarka está asociado a otro símbolo universal: el Anima Mundi, el cual ha tenido diversas representaciones en el tiempo, pero que tiene su expresión más distintiva en la figura de un circulo que descansa sobre un cuadrado, que fue utilizada por el pensamiento hermético (de gran influencia en la tradición esotérica occidental). El Anima Mundi es conjuntamente con la cruz (y al mismo nivel de ésta), el símbolo más representativo de la manifestación universal (o creación como la denominan los católicos); pero a diferencia de la cruz que resalta la idea de la geografía sagrada, el origen y la cuatripartición, el Anima Mundi enfatiza la reunión de los dos polos que conforman la dualidad antes analizada, como soportes material y sustancial de todo lo creado y como reunión simbólica del cielo y la tierra.

Las investigaciones retomadas a partir de mediados de los años 90 y las prospecciones realizadas por tecnologías de exploración no invasiva, vienen demostrando que, la superficie en la que está asentada la planta del Muyuqmarka está constituida de un sistema de cuerpos tronco piramidales totalmente artificial, es decir creado y modelado por los arquitectos Incas. La silueta que se ve desde el aire de estas bases tronco piramidales que soportan encima de ellas al Muyuqmarka troncocónico, dibujan con absoluta claridad el símbolo del Anima Mundi antes referido: un circulo encima de un cuadrado, sugiriendo con ello la trascendencia superlativa de este lugar. Aportan a este simbolismo la forma laberíntica que esta trazada en los cimientos de esta superficie cuadrada sobre la cual se erige el Muyuqmarka, pues es también universalmente conocido que el recorrer laberintos es una ritualidad sumamente asociada a la calificación espiritual que hay que alcanzar como preparación para la iniciación (¿incitación que culminaría al centro del Muyuqmarka[13]?), ya sea que estos laberintos hayan sido fuentes abiertas de agua o recintos cubiertos de forma plana para generar esa arquitectura subterránea de Saqsaywaman de la cual tan a menudo ha escrito Garcilaso de la Vega.

Ilustración 8: Relación del Muyuqmarka con el Anima Mundi 

Fuente: Elaboración propia (imágenes obtenidas de la WEB)

Como epílogo de este artículo y apelando a las licencias que nos permite la literatura, nos hemos tomado el atrevimiento de narrar (en forma de cuento), la forma en que pudo haber transcurrido la noche en que se celebraron los últimos oficios en Saqsaywaman. 

Capítulo Final
¿LOS ÚLTIMOS OFICIOS CELEBRADOS EN SAQSAYWAMAN?

Era la noche lúgubre del 21 de junio de 1525; pocos días antes de su viaje al extremo norte de sus dominios, un acongojado Huayna Cápac observaba el rostro horrorizado del joven sacerdote oficiante, quien con marcado estupor era informado de los terribles acontecimientos futuros que el cielo estrellado cusqueño le transmitía al interior del Muyuqmarka; y él a su vez los comunicaba con sumo pesar al soberano Inca y la corte real de los cuatro señores.

La guerra fratricida por la sucesión entre los hijos del soberano y sus respectivos aliados coyunturales acarrearía la exterminación de los sacerdotes y oficiantes que mantenían viva la conexión del Tawantinsuyu con las fuerzas y potencias sobrenaturales que lo protegían, mediante los ritos y ceremonias que disciplinadamente practicaban en las 328 huacas del Cusco. Esta desoladora desprotección en la que quedaría todo el imperio haría infructuoso todo intento por combatir la destrucción y oprobió que vendría con los invasores del otro lado del mundo; y luego de casi cuatro décadas de heroica resistencia en las inhóspitas alturas amazónicas de Vilcabamba, el último gobernante Inca seria capturado y asesinado, bajo la excusa de una nueva fe.

Un sombrío Huayna Cápac presentía que esa sería la última vez que ese hermético ritual se celebraría en el Muyuqmarka bajo su mandato; y que nadie más en el futuro lograría alcanzar la calificación necesaria para dirigir esa hermosa ceremonia nocturna, en la cual el tiempo quedaba suspendido en todo el Tawantinsuyu, mientras se mantenía activa en medio de la insondable oscuridad esa conexión luminosa con el sagrado Hanaqpacha.

Conocedor de los altos secretos y misterios que forjaron durante siglos la grandeza de su estirpe, el soberano tenía plena conciencia de que no era la primera vez que esos tiempos oscuros habían desolado al antiguo Perú; cada quinientos años, cada vez que la tierra se renovaba en un nuevo Pachacuti, estos sucesos funestos acontecían y daban lugar a una nueva renovación del tiempo cíclico.

Aun así, su pesar era inmenso, pues nunca antes el Pachacuti habría sido tan devastador. Y más allá del dolor y la muerte que veía venir, se preguntaba a sí mismo ¿cómo podría proteger de tanta devastación a este espacio sagrado y toda la sabiduría que atesoraba? ¿Cómo podría salvaguardarlo de la profanación? ¿Cómo podría ocultar su valioso significado a los impulsores de la nueva fe? ¿Cómo podría transmitir al final de ese Pachacuti del dolor (500 años después) los conocimientos que permitan la renovación cíclica del tiempo?   

Ensimismado en su dolor y sus pensamientos una leve e inesperada sonrisa repentina pareció iluminar el rostro del soberano Sapa Inca; su sorprendida corte real no lograba comprender lo que le estaba sucediendo… él había encontrado la forma de hacerlo… el mensaje de Saqsaywaman quedaría oculto a los ojos del mundo hasta que sea el momento propicio para empezar a develarlo.

[1]    El modelo alude una matriz de cinco regiones; una de ellas que hace de “eje del mundo” o centro, expresado en una ciudad sagrada (erguida como centro, ómpalo u “ombligo”), que aparece siempre asociada a una montaña y un eje del mundo como soporte de su mito fundacional; y las cuatro regiones restantes que se despliegan desde él, divididas por líneas o caminos, como base de una geografía sagrada que ordena y cualifica el mundo creado (Artículo de R. Ruiz Caro, 2014).

[2]   Porras Barrenechea comenta la forma en que Cusco representa la síntesis exacta del Tawantinsuyu, en los términos siguientes: Fueron poblando -dice Garcilaso- conforme a los lugares de dónde venían. Los del Oriente al Oriente y los del Poniente al Poniente y cada uno guardaba el sitio de su provincia. Revisando sus diversos barrios "se veía y comprendía todo el Imperio junto, como en un espejo o en una pintura de cosmografía".

[3]    La forma cuadrada representa también la diferenciación que es propia de la materialidad, pues la percepción de su forma varía según el punto de vista, a diferencia del círculo que (al igual que la espiritualidad) es permanente y se ve siempre igual desde cualquier punto de vista.

[4]    Es sumamente llamativo que esta única célula masculina que resulta infinitamente irrelevante en lo material (pues cada ser que nace se constituye de millones de células) tenga tanta relevancia cualitativa; sin embargo por minúscula que sea resulta indispensable como vehículo de lo cualitativo, pues las sustancialidad o esencialidad puras no existen en el mundo creado. Eso se manifiesta claramente en el símbolo del Yin Yang que muestra en cada campo un punto del otro color simbolizando este vínculo.

[5]    La “fiesta solar” desde tiempos inmemoriales se celebra tres días después del solsticio de invierno (24 de junio al sur y 25 de diciembre al norte), pues conmemora la victoria anual del sol sobre las tinieblas, mientras que la pascua cristiana de navidad tiene relación simbólica e histórica con la antigua festividad del sol invicto y del sol de la justicia.

[6]    El palacio Quespihuanca en pleno centro de Urubamba, llamado por algunos como “la residencia de verano de Huayna Cápac” presenta vanos de triple jamba. Según la hipótesis del estudioso Octavio Fernández el edificio fue el centro de observación astronómica vinculado a las Ucankas del valle sagrado, lo que explicaría su trascendencia y la distinción de poseer dichas portadas de triple jamba.

[7]    Información brindada por el Dr. E. García Calderón, sobre textos y análisis de investigación que se realizaron en 1968 por Luis A. Pardo, Luis Barreda Murillo y Darío Angulo.

[8]    Garcilaso indica que en su niñez solía visitar y jugar en el lugar, que era muy complicado y extenso laberinto por la cantidad de pasajes y puertas existentes, y se necesitaba usar un ovillo de hilo que se ataba a la entrada y así poder salir guiándose por él…

[9]    El sol en el simbolismo tradicional representa la afirmación mayor de la función suprema. Curiosamente Jesús (Sol de la Justicia) como Dios en sí mismo, bajo la figura de la santísima trinidad es hijo de Dios padre y coincide plenamente con el pensamiento Inca que considera al sol como hijo del Dios creador Viracocha.

[10] Tradicionalistas como Rene Guenón y Mircea Eliade (entre varios otros) postulan como dogma universal “la superioridad de la forma circular respecto a la cuadrada, por representar el dominio de lo espiritual“.

[11] Corroboran esta hipótesis imágenes que se pueden apreciar en cuadros de la temprana colonia, en los cuales esa misma silueta troncocónica aparece reiteradamente coronando Saqsaywaman.

[12] Concluido el ritual, alguna compuerta debía ser abierta para que esta agua sacralizada del fondo del cilindro (cuyo origen aún se desconoce), discurriera hasta el Qoricancha y alimentar simbólicamente a los seres que poblaban el zoológico de oro y plata que narran las crónicas (y del cual dan fe los registros estadísticos de los tesoros que fueron llevados a Europa) y para otros efectos complementarios del proceso ceremonial.

[13] Se podría conjeturar que, situado al interior del Muyuqmarka, uno queda en el centro de un sistema de doce arcanos de sentido solar. La función ritual centrífuga equivaldría a que desde este centro se irradian los doce rayos que ordenarían simbólicamente al Tawantinsuyu entero, mientras que, la función inversa (centrípeta) representaría que estando uno situado en ese centro podría recibir las influencias de toda esa geografía sagrada como soporte para la incitación.

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