Acabar con el patrimonialismo de la DIGEMID
Jaime de Althaus
Para Lampadia
La Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas (DIGEMID) debería ser un caso prioritario en el programa del shock desregulador anunciado por el ministro de Economía. Es una institución patrimonialista capturada por el gremio de químicos farmacéuticos para poner trabas y dificultades para otorgar registros y permisos a fin de beneficiarse con cobros innecesarios y eventualmente indebidos.
Como será el asunto que hay empresas que prosperan asesorando a las farmacéuticas y otras en obtener registros sanitarios y cumplir o vencer las trabas regulatorias.
La recientemente defenestrada jefa de la Digemid, Sonia Delgado, que apenas duró 24 horas en el cargo, fue retirada porque resultó ser accionista de las empresas Delpher SAC y Somefarm SAC, cuyo rubro consiste precisamente en asesorar en temas regulatorios como la obtención de registros sanitarios. Por supuesto, había conflicto de intereses. Ella hubiera estado interesada en que se generen mas normas o en que se vuelvan más rígidos los permisos para tener luego más trabajo como asesora en esa línea.
Recordemos el caso del oxígeno durante la pandemia. Mucha gente se enfermaba y necesita oxígeno en sus casas. Pero ya no había balones de oxígeno en el mercado. La solución era un pequeño equipo concentrador de oxígeno doméstico. Resulta que solo las droguerías registradas en la DIGEMID estaban autorizadas a importarlos con una serie de requisitos, y debían pedir permiso cada vez. Hubo empresas que importaron esos equipos y la DIGEMID no las autorizaba a sacarlos del aeropuerto porque no eran droguerías. Mientras tanto, la gente se moría por falta de oxígeno.
Y este es el punto:
Una droguería está obligada a tener un químico farmacéutico regente, y éste debe estar al día en sus cotizaciones al Colegio de Químicos Farmacéuticos.
Lo mismo ocurre con las farmacias.
La DIGEMID es en la práctica una agencia de empleo de los químicos farmacéuticos. Esa entidad ha sido capturada por ese gremio, que la usa como si fuera de su propiedad. Es suya. Patrimonialismo puro.
Ese gremio, muy organizado, consigue leyes y decretos que le otorgan cada vez más poder y control de las actividades relacionadas a la DIGEMID.
Nada se mueve sin autorización de esa entidad.
Productos muy sencillos requieren licencias y registros complicados.
Es para darles poder, trabajo y oportunidades de cobros irregulares, por supuesto.
La solución acá es una desregulación profunda. En ese sentido,
¿Qué espera el Congreso para aprobar en segunda votación el proyecto de ley que permite la importación directa de los medicamentos aprobados en países de alta vigilancia sanitaria?
El proyecto dispone que el importador debe demostrar que el medicamento tiene el registro sanitario en país de alta vigilancia sanitaria; que se comercializa libremente en ese país; debe presentar el certificado llamado documento técnico común y el certificado que asegura las bondades del lote que se está exportando en cuanto que cumplió su periodo de cuarentena y de control de calidad.
Si en 45 días la Digemid no aprueba, sale por silencio administrativo positivo.
Esto para todo medicamento tanto innovador de marca como genéricos intercambiables, que son los únicos que se comercializan en los países de alta vigilancia. Sería una revolución que beneficiaría ampliamente a todos los pacientes con remedios oportunos, diversos y baratos, más aún en un país donde el sector público no asegura medicamentos gratuitos en las postas y los hospitales.
Un acto de redistribución social de la riqueza del Estado a los ciudadanos. Lampadia