Pablo Bustamante Pardo
Director de Lampadia
Uno de los más graves determinantes de las limitaciones cognitivas para el desarrollo de los seres humanos, así como para su calidad de vida, es la anemia. Un mal invisible que las madres tienen dificultades para identificar y que tiene consecuencias perniciosas de largo plazo en la vida.
La prevalencia de la anemia en el Perú se resiste a bajar de un promedio de 40%, un nivel altísimo que afecta a muchos de nuestros niños, dejándoles disminuidos para el estudio, el trabajo y la vida familiar. El niño con anemia expresa cansancio, incapacidad para concentrarse, y limitaciones para el aprendizaje.
El período principal en el que se debe cuidar al niño va desde la concepción hasta la primera infancia, especialmente durante el primer año de vida.
Es importante tomar conciencia del acelerado proceso de desarrollo del cerebro del niño, que para un desarrolla sano requiere, desde la concepción, un ambiente acogedor y estimulante y, una alimentación que evite la anemia.
Por ejemplo, el siguiente gráfico muestra, con evidencia física, el incremento de conexiones neuronales desde el nacimiento hasta los seis meses de edad.
Para este proceso, la alimentación es clave.
Si queremos incidir en las políticas públicas que ayuden al desarrollo de niños sanos tenemos mucho que aprender de la anemia.
La sociedad civil y el sector empresarial tienen que involucrarse en este tema, no lo podemos dejar en manos de un Estado indolente y muchas veces incapaz y corrupto. A estas alturas el Minsa no tiene siquiera una buena base de datos de la población sensible.
El siguiente estudio del 2012 de The Open University, nos da una serie de elementos para que la toma de conciencia de este mal nos permita desarrollar las acciones adecuadas para disminuir la anemia en el país.
LA PRIMERA INFANCIA EN PERSPECTIVA
Serie editada por Martin Woodhead y John Oates
La Primera Infancia en Perspectiva (Early Childhood in Focus) es una serie de publicaciones editada por el Child and Youth Studies Group (Grupo de Estudios sobre el Niño y el Joven) de The Open University (La Universidad Abierta), del Reino Unido, con el apoyo de la Fundación Bernard van Leer.
La serie presenta reseñas claras y accesibles de las mejores y más recientes investigaciones disponibles, informaciones y análisis de temáticas políticas clave y cuestiones prácticas, abarcando todos los aspectos relacionados con la atención y educación de la primera infancia, y la totalidad del rango de edad, desde la lactancia hasta los primeros años de educación primaria.
La elaboración de cada publicación procede a través de consultas con pioneros, a nivel mundial, en las investigaciones, políticas, campañas de concienciación y derechos del niño. Muchos de tales expertos escriben especialmente para la serie resúmenes de los mensajes clave pertinentes a su ámbito de trabajo y la exactitud de los contenidos es garantizada gracias a la ayuda de asesores académicos independientes, que a su vez son expertos en el campo de la primera infancia.
Los temas tratados en la serie son escogidos de manera tal que reflejen los sectores en que se desarrollan las investigaciones y avanzan los conocimientos, abordando las áreas más significativas de los derechos del niño, y aquéllos en los cuales una comprensión más cabal de las implicaciones derivadas es decisiva para el éxito de los programas ocupados en el diseño de políticas y su aplicación concreta.
Estas publicaciones se proponen ser útiles para los defensores de los derechos de los niños y las familias, para los responsables de la elaboración de políticas a todos los niveles y para toda persona que trabaje por mejorar las condiciones de vida, la calidad de las experiencias y las oportunidades existenciales de los niños pequeños de todo el mundo.
A medida que el cerebro del niño se desarrolla, las diferentes partes se van especializando gradualmente cada vez más, según van evolucionando los circuitos neurales específicos para las distintas funciones.
Aunque las funciones en cierta medida se localizan, el cerebro es un órgano complejo en el cual muchas secciones trabajan al unísono.
El desarrollo temprano del cerebro depende de que uno tenga las experiencias adecuadas; el cerebro joven es una parte muy reactiva y “plástica” del cuerpo, con un elevado número de neuronas y conexiones entre ellas.
Los caminos entre las varias partes del cerebro se van estableciendo siguiendo las conexiones más activas, formando sistemas que sirven de apoyo a las diferentes funciones sensoriales, cognitivas, emocionales y conductuales.
El carácter único de cada niño es resultado de las complejas acciones entre los genes que controlan el crecimiento del cerebro y las experiencias formativas provenientes del entorno del niño, que tienen que ver tanto con la sensibilidad como con la resiliencia.
Si un sano desarrollo cerebral forma parte de los derechos de todo niño durante la primera infancia, ¿cuáles son las consecuencias a nivel de las políticas nacionales?
¿Qué es lo que se desarrolla?
El cerebro del niño comienza a desarrollarse apenas pocos días después de la concepción.
Una inmensa porción del crecimiento cerebral tiene lugar antes del nacimiento del niño, primero mediante la abundante creación de neuronas y luego mediante las numerosas conexiones axónicas que se forman entre ellas.
Justo antes de nacer y durante el primer año de vida se constituyen los sistemas y caminos cerebrales, a medida que van sobreviviendo las neuronas frecuentemente activas y van muriendo las neuronas activadas con menor frecuencia.
Mientras se van formando las vainas de mielina en torno a las fibras nerviosas al final de la gestación y durante la primera infancia, va aumentando la eficacia de la transmisión de señales.
Al desarrollarse los sistemas y caminos cerebrales, las diferentes funciones gradualmente adquieren una relativa localización en áreas específicas del cerebro y algunas de ellas se lateralizan en uno u otro de los dos hemisferios cerebrales.
Dado que los distintos elementos del cerebro tienen su propio pico de crecimiento en momentos diferentes, existen “momentos sensibles” en los cuales son particularmente importantes las influencias ambientales.
Los “períodos de reposo”, durante los cuales el cerebro está menos ocupado en tareas externas, sin dejar por ello de permanecer sumamente activo, son igualmente importantes para el desarrollo.
Antes de nacer
Cuatro semanas después de la gestación, antes incluso de que una madre sepa que está embarazada, el cerebro del feto ya se está empezando a formar.
En este período y más tarde a lo largo del embarazo, es importante que la dieta de la madre contenga suficiente ácido fólico, cuya falta puede limitar el desarrollo cerebral y producir casos de espina bífida (un cierre incompleto de la espina dorsal que deja expuesta la médula espinal).
En los cuatro meses siguientes, las células cerebrales se forman a una velocidad asombrosa, que oscila alrededor de las 250,000 células por minuto.
Posteriormente, la formación de nuevas células se ralentiza mientras un número elevado de interconexiones axónicas entre las neuronas se van estableciendo.
Al terminar el tercer mes de gestación, el sistema nervioso está lo suficientemente desarrollado como para que se manifiesten reflejos físicos básicos, junto con reacciones tales como dar patadas o doblar los brazos.
En el cuarto mes los ojos y los oídos ya están conectados con el cerebro en desarrollo y el feto reacciona a los sonidos y a las luces brillantes.
Durante estos primeros meses, muchas neuronas migran hacia sus metas finales desde el lugar donde se formaron y, mientras migran, mantienen la mayoría de las conexiones realizadas. Buena parte de esta migración se orienta hacia las capas externas del cerebro joven, formando la corteza cerebral, con alta densidad de neuronas.
Al cabo de cinco meses de gestación, los movimientos corporales del feto son más controlados y variados, al madurar las partes del cerebro que controlan el comportamiento motor.
En el sexto mes de gestación, el crecimiento de nuevas neuronas se desacelera considerablemente, mientras se crean muchas más conexiones entre las neuronas mediante las múltiples dendritas (ramificaciones) que se forman en los axones; se observa entonces el aprendizaje ya que el feto empieza a manifestar acostumbramiento (mediante una reducción de las reacciones) a los estímulos repetidos, como por ejemplo a los mismos sonidos.
La alimentación de la madre sigue siendo importante, ya que un suministro adecuado de nutrientes es necesario para construir los componentes del sistema nervioso, y existe riesgo de daño provocado por las toxinas (McEwen, 1987). El bienestar psicológico de la madre también afecta el desarrollo cerebral; el estrés durante el embarazo tiene efectos en el feto que resultan evidentes sólo después del nacimiento y en algunos casos pueden ser duraderos (Mulder y otros, 2002). Durante las etapas finales embarazo, el número de neuronas comienza a disminuir ya que la muerte celular elimina a aquellas que no están activamente involucradas en el desarrollo de las vías y los sistemas cerebrales.
John Oates, Grupo de Estudios sobre el Niño y el Joven, La Universidad Abierta, Reino Unido
• Alrededor de 250,000 células cerebrales nuevas se forman en el feto cada
minuto durante los cuatro primeros meses de gestación.
• Un suministro adecuado de nutrientes es necesario para construir los
componentes del sistema nervioso.
• El bienestar psicológico de la madre durante el embarazo afecta el
desarrollo cerebral.
Crecimiento neural y poda sináptica
La arquitectura básica del cerebro humano se desarrolla antes de que el niño nazca; la mayoría de las neuronas que el niño llegará a tener en su vida se produce a mediados de la gestación y en el momento de nacer ya se han organizado, formando la corteza y otras estructuras importantes del cerebro. Ya están presentes también los principales caminos de la materia blanca que constituyen las redes cerebrales para el procesamiento de informaciones. Sin embargo, el desarrollo cerebral dista mucho de estar completo en el recién nacido ya que, después del nacimiento, las experiencias del niño desempeñan un papel cada vez más significativo en el modelado y la afinación de los principales caminos cerebrales y redes corticales.
Inmediatamente después de nacer, se produce un incremento espectacular del número de conexiones o sinapsis en todo el cerebro humano. Al cumplir el primer año de vida, el cerebro de un niño tiene casi el doble de conexiones si se lo compara con el de un adulto (Huttenlocher y de Courten, 1987; Huttenlocher y Dabholkar, 1997). Muchos caminos efímeros se forman en todo el cerebro del neonato, creando ciertas conexiones entre las distintas áreas cerebrales que ya no se observan en el adulto (Innocenti y Price, 2005). Esta sobreabundancia de conexiones y caminos gradualmente decrece a lo largo de la infancia, a medida que muchos de ellos son “podados” y desaparecen. Muchos factores contribuyen a esta disminución, como por ejemplo la influencia de las experiencias. La actividad de un camino neural, determinada por la experiencia, decide si una conexión particular habrá de debilitarse o se estabilizará como parte de una red permanente. Éste es un factor clave para la “plasticidad” del cerebro en desarrollo: su adaptabilidad respecto a la experiencia, que le confiere un valor inestimable para la supervivencia.
Los cambios que se producen en la conectividad del cerebro también afectan las pautas que rigen la estructura y organización de la corteza en desarrollo. Recientes estudios mediante IRM han revelado que los distintos caminos cerebrales maduran con ritmos diferentes (Lebel y Beaulieu, 2011). Además, la maduración de los caminos tiene lugar conjuntamente con el adelgazamiento localizado de las áreas neocorticales. Actualmente se piensa que el adelgazamiento cortical es un indicador importante de la maduración y desarrollo de las regiones cerebrales (Gogtay y otros, 2004). Los cambios que ocurren en los caminos cerebrales y el adelgazamiento cortical son sistemáticos y reflejan igualmente el desarrollo funcional. Los estudios recientes han comenzado a trazar un mapa de las relaciones que existen entre el aprendizaje y estos aspectos del desarrollo cerebral. Por ejemplo, las diferencias individuales en el desarrollo de la competencia lingüística se han puesto en relación con ciertos modelos de adelgazamiento cortical (Sowell y otros, 2004) como asimismo con el desarrollo de los caminos cerebrales (Niogi y McCandliss, 2006).
Joan Stiles, Universidad de California, San Diego, Estados Unidos de América
• El desarrollo del cerebro humano es un proceso prolongado que comienza
en la fase prenatal y se extiende por lo menos hasta el fin de la
adolescencia.
• Después del nacimiento del niño, se produce inicialmente una producción
exuberante de conexiones cerebrales, seguida de una poda sistemática de
conexiones hasta formar un conjunto de redes cerebrales estables.
• Las experiencias del niño desempeñan un rol esencial a la hora de
determinar cuáles sistemas se estabilizarán y cuáles dejarán de ser
importantes desde el punto de vista funcional.
Mielinización y desarrollo cognitivo
La mielina es un material adiposo de color blanco compuesto de agua (40%), lípidos (45%) y proteínas (15%); forma parte de la “materia blanca” del cerebro. Se acumula creando vainas alrededor de las fibras nerviosas (los axones) y aislándolas de manera parecida al aislamiento plástico que cubre los cables eléctricos. Durante la vida temprana del feto, los axones se forman desprovistos de recubrimiento, pero la mielinización empieza durante los últimos meses del embarazo y continúa rápidamente después del nacimiento, aunque sucesivamente sigue, si bien a un ritmo más lento, todo a lo largo de la infancia y la adolescencia.
Sin la funda de mielina la mayoría de los axones transmite los impulsos eléctricos relativamente despacio, formando una serie de ondas, pero cuando se crean las vainas de mielina, los impulsos pueden saltar de una sección enfundada a otra, transmitiendo las señales más rápido y asegurándoles un viaje con menor dispersión o interferencias provenientes de señales que se desplazan a lo largo de otros axones. Las vainas consiguen este resultado evitando que las cargas eléctricas “filtren” fuera del axón.
El crecimiento cerebral y, por lo tanto, el crecimiento de la materia blanca, es más veloz durante los dos primeros años de vida, especialmente en la parte frontal del cerebro, que es la sección que participa más activamente en la memoria de trabajo, el pensamiento y la planificación. Es probable que las mejoras que observamos en estas funciones cognitivas durante el desarrollo temprano se deban en parte a la mielinización, que reduce la dispersión de las señales axónicas y aumenta su velocidad.
Una dieta que suministre la cantidad suficiente de proteínas y micronutrientes (Organización Mundial de la Salud, 2008), a las madres durante el embarazo y a los niños después del nacimiento, es esencial para que la mielinización se lleve a cabo sin interrupciones. Existen pruebas de que la carencia de vitamina B12 durante estos dos períodos potencialmente decisivos puede inhibir la mielinización de los axones (Black, 2008) y se sabe que los trastornos en los que se interrumpe la mielinización también están relacionados con impedimentos en las funciones cognitivas. El tratamiento para la carencia de vitamina B12 en los neonatos puede producir mejoras significativas en estas funciones en apenas pocos días, aunque algunos problemas pueden persistir a largo plazo (Stollhoff y Schulte, 1987).
Aparte de los efectos directos en el funcionamiento cognitivo, las deficiencias en la mielinización pueden surtir efectos indirectos en el desarrollo infantil, ya que afectan también a los cuidadores; si un niño es menos capaz de interactuar, puede recibir menos enriquecimientos ambientales y apoyo para su desarrollo (Georgieff, 2007). Esta dificultad puede verse potenciada por las desventajas socioeconómicas, que igualmente pueden ponerse en relación con las carencias nutricionales durante la gestación y la lactancia. Los efectos indirectos de este tipo no se limitan a la mielinización, sino que se manifiestan ampliamente en todos los trastornos del desarrollo.
John Oates, Grupo de Estudios sobre el Niño y el Joven, La Universidad Abierta, Reino Unido
Períodos sensibles
Los distintos componentes del cerebro tienen picos de crecimiento en diferentes momentos a lo largo del desarrollo, desde la concepción hasta el fin de la primera infancia (Kang y otros, 2011). Estos períodos de formación y crecimiento intensos son controlados por varios genes que se activan y desactivan según procesos relacionados con el tiempo y el espacio. Dichos cambios en la expresión de los genes alcanzan el nivel máximo durante el desarrollo fetal y la primera infancia.
En los dos primeros meses después de la concepción, los genes que se expresan con mayor potencia son los que controlan la proliferación de nuevas neuronas y otras células relacionadas con ellas en el cerebro del feto. La predominancia de este proceso decae rápidamente antes del momento de nacer, cuando apenas ha alcanzado aproximadamente un décimo de su potencia inicial. La expresión génica para las nuevas neuronas se suprime casi por completo a la edad de 6 años. Durante los últimos meses del crecimiento fetal, la expresión génica aumenta por el crecimiento de las sinapsis que conectan a las neuronas y las dendritas de los axones que consienten las conexiones múltiples de cada neurona, alcanzando el nivel máximo 6 meses después del nacimiento del bebé. Los genes que controlan la mielinización de los axones solamente alcanzan la mitad de su potencial de expresión en el momento de nacer y continúan aumentando su influencia durante los 12 meses siguientes.
Estos cambios drásticos en los picos de crecimiento de los distintos componentes del cerebro, como asimismo la maduración de las estructuras y procesos que de ellos dependen, implican que estamos hablando de períodos sensibles, en los que las condiciones ambientales tienden a surtir efectos específicos. Por ejemplo:
La relación entre el niño y su cuidador depende de la calidad y disponibilidad de las atenciones que se reciben al principio de la vida, que es el mismo período que resulta decisivo respecto al efecto de la carencia de hierro para la mielinización y la densidad de receptores de dopamina. (Walker y otros, 2011, pág. 1327)
Aunque la investigación sobre estos períodos sensibles avanza a pasos agigantados, no obstante las muchas incógnitas que todavía se deben abordar, el Consejo Científico Nacional sobre el Desarrollo del Niño de la Universidad de Harvard declara que:
Ya que los circuitos de nivel inferior maduran pronto y los circuitos de nivel superior lo hacen más tarde, los diferentes tipos de experiencia son de importancia vital en las distintas edades para lograr un óptimo desarrollo cerebral, que es un concepto denominado experiencia adecuada a la edad. Inmediatamente después del nacimiento, las experiencias sensoriales, sociales y emocionales básicas son esenciales para optimizar la arquitectura de los circuitos de nivel inferior. Al alcanzar las edades sucesivas, se vuelven decisivas otras clases (más sofisticadas) de experiencias para modelar los circuitos de nivel superior. (National Scientific Council on the Developing Child, 2007, pág. 4)
John Oates, Grupo de Estudios sobre el Niño y el Joven, La Universidad Abierta, Reino Unido
Enlace al estudio: https://www.lampadia.comhttps://www.lampadia.com/assets/uploads_documentos/c7d46-el-cerebro-en-desarrollo-0131.pdf
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