Gerardo Eto Cruz
Ex-Magistrado del Tribunal Constitucional
Para Lampadia
José Antonio Marina un reputado experto en inteligencia ha recordado a John Maynard Keynes quien intentó explicar las malas decisiones de los políticos y hombres de negocio en su obra clásica Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero “si la gente es tan poco segura, ¿Cómo toma sus decisiones?
La respuesta de un economista riguroso como era Keynes no deja de sorprenderme: «sólo las puede tomar a través de sus pasiones» (cf. Las culturas fracasadas. El talento y la estupidez de las sociedades. Anagrama, Barcelona. p. 21) y es probable que la irracionalidad puede, a la postre, imponerse en el campo tan racional como en el económico, sino también en el político si el gobernante no es un visionario o un verdadero líder que enrumbe al país al desarrollo y a la gloria.
No solo los gobernantes incumplen con el ideal de Platón.
Platón ya reflexionaba en La República explorando sobre la justicia y la virtud y como ella se relaciona con el libre albedrio y la capacidad de elegir entre lo correcto y lo incorrecto. Sostenía que el ideal es que el alma racional debe gobernar sobre las otras partes del alma para alcanzar la armonía en la colectividad, es decir que lo más conveniente para todo un país es que los que deciden deben estar en manos de personas con las ideas claras.
Umberto Eco, en un sabroso trabajo (cf. De la estupidez a la locura. Crónica para el futuro que nos espera. p. 443 y ss.) ha pasado revista sobre una serie de declaraciones tontas de importantes lideres que han venido gobernando el mundo.
Me queda el consuelo que no sólo las declaraciones tontas y ciertamente estúpidas son patrimonio exclusivo de nuestra fauna política local. Merece la pena, a guisa de ejemplo, consignar declaraciones de Bush padre:
«Si no tenemos éxito, corremos el riesgo de fracasar»;
«No es la contaminación la que amenaza en medio ambiente, sino las impurezas del aire y del agua»;
«Estamos empeñados en trabajar con ambas partes para llevar el nivel de terror a un nivel aceptable para ambas partes»; (Washington, 2 de octubre de 2001)
«Francamente, los profesores son la única profesión que enseña a nuestros niños» (Septiembre de 1995).
Desde otra lógica de preocupación, a fin de prevenir decisiones terribles que comprometan la propia existencia planetaria, filósofos como Luigi Ferrajoli que atalayan un futuro distópico se han reunido en Roma el 21 de febrero del 2020 a fin de promover una constitución de la tierra, dado que los poderes salvajes de los estados soberanos y de los mercados globales vienen generando una serie de emergencias en el mundo entre las que cabe destacar
a) las catástrofes ecológicas;
b) las guerras nucleares y la producción y la tenencia de armas;
c) las lesiones de las libertades fundamentales y de los derechos sociales, el hambre y las enfermedades no tratadas aunque curables;
d) la explotación ilimitada del trabajo;
e) las migraciones masivas (cf. FERRAJOLI, L.: Por una Constitución de la Tierra. Trotta, Madrid, 2022, p. 28)
Es más, bastaría que un Jefe de Estado que está en cualquier lugar con su personal que lleva siempre un maletín, en un arrebato irascible disponga activar dicho maletín negro iniciando la entrada al infierno con el inicio de una guerra nuclear. Nos encontraríamos ante el Armagedón desatado por una decisión que, amén de estúpida, pondría en riesgo a todo el sistema planetario con su correspondiente habitabilidad.
Es evidente que cualquier mortal puede tomar alguna decisión tonta y lo más probable es que lo asuma él y seguramente su familia. El gran problema es por tanto, la esencia de las decisiones políticas que pueden llevar a un país a la ruina. Ejemplos cunden por doquier.
La historia narra cientos de experiencias en donde la humanidad se ha visto afectada, de allí que conviene en reflexionar más o menos cuál debería ser el ideal de quienes van a asumir el manejo del Estado.
Una historia cercana de las malas decisiones son precisamente las revoluciones que se instauraron desde el bloque ideológico del marxismo leninismo.
Las experiencias de Stalin fueron decisiones en la época de la Unión Soviética entre las que destaca la colectivización forzada de la agricultura que desencadeno hambrunas masivas, pérdida de vida y purgas políticas y miles de ejecuciones vía trabajos forzados,
Mao Zedong tomó decisiones como fueron la campaña de las cien flores y la violencia de la revolución cultural y otras experiencias nefastas que terminarían con la historia de una terrible hambruna y que recientemente se ha puesto en mayor evidencia (cf. Frank Dikötter: La gran hambruna en la China de Mao. Historia de la catástrofe más devastadora de China (1958-1962). 2021).
En esta misma lógica se ubican las decisiones políticas que llevaron al surgimiento del régimen nazi y el fascismo que no sólo fueron estúpidas sino extremadamente terribles en el marco de la evolución de la propia humanidad y que hasta hoy es parte de lo que es la maldad política y su banalización (Arendt).
Sin embargo, las experiencias no sólo han sido nefastas en los sistemas del socialismo real que estúpidamente pretenden reinstalarse en América Latina; ni de lo que fue el nazi fascismo, sino también en los sistemas liberales. Nuestros demócratas de distintos rincones del mundo igualmente cometen muy malas decisiones que han venido desencadenando en los últimos tiempos la propia crisis del sistema democrático, dándole motivos a los enemigos de la democracia.
Crónica de una estupidez anunciada
Los candidatos a las elecciones 2026
Se avecinan una inmensa cantidad de candidatos a las elecciones generales. La era de la estupidez colectiva tiene ya visos surrealistas. La gran pregunta es si acaso hay algunos de los futuros candidatos que ostenten reales perfiles de un verdadero estadista o visionario.
Henry Kissinger en su última obra (Cfr. Liderazgo. Seis estudios sobre estrategia mundial. Debate, México 2023) señalaba:
“La mayoría de los líderes no son visionarios, sino gestores. En todas las sociedades y en cualquier nivel de responsabilidad, se necesitan administradores que guíen a diario las instituciones que se les confían. Pero, durante los periodos de crisis —ya sea este una guerra, un cambio tecnológico rápido, una disrupción económica inquietante o turbulencias ideológicas—, la gestión del statu quo puede ser el curso más arriesgado de todos. En las sociedades afortunadas, esos momentos convocan a líderes transformadores. Sus diferencias pueden clasificarse en dos tipos ideales: el estadista y el profeta”.
Lo peor de todos es que ni tan siquiera se puede elegir a un gran gestor que tenga la capacidad de tener una visión integradora del país; pues la fragmentación y polarización por las tendencias ideológicas renacidas de la herencia del discurso de odio que dejara Vizcarra, Pedro Castillo y Sagasti, pervivirá con mayor dramatismo en las futuras elecciones 2026.
Contexto en el cual se toman las decisiones en el mundo político.
En los predios de la teoría del Estado, la ciencia política, el derecho constitucional y, sobre todo, la filosofía y la sociología política, cada una participa en la reflexión del quehacer gubernamental, estableciendo algunos cánones sobre el ideal de un buen gobierno.
Sin embargo, una de las mentes más lúcidas de la política norteamericana como ha sido el recientemente fallecido Henry Kissinger en la obra ya citada ha señalado algunas reflexiones que aquí en versión libre las consignamos y que puede ser una mínima cartografía de ruta en este escenario electoral que se avecina en el país:
a) Los gobernantes tienen muchas restricciones y actúan en la escasez, en la medida en que cada país se enfrenta a sus propios límites y capacidades;
b) Los gobernantes se ubican en el tiempo y reflejan las épocas con sus propios valores, hábitos y actitudes dominantes;
c) Los gobernantes deben tener presente que las decisiones suceden con una hiperaceleración y con poco reflejo para el cálculo preciso, de allí que un buen líder debe hacer juicios sobre intuiciones e hipótesis y en el marco de las probabilidades;
d) Una estrategia es una decisión y conclusión que ha asumido un líder en condiciones de escasez, temporalidad, competencia y fluides;
e) El castigo por un exceso de ambición es el agotamiento, mientras que el precio por dormirse en los laureles es una irrelevancia progresiva y la decadencia final;
f) Un líder estratega suele enfrentarse a una paradoja: cuando las circunstancias demandan una respuesta inmediata, el margen de decisión suele ser mayor si la información relevante es más escaza; a su turno, cuando se dispone de más datos, el margen de maniobra tiende a estrecharse;
g) Las decisiones políticas relevantes rara vez comprenden una sola variable; las acertadas requieren una mezcla de conocimientos políticos, económicos geográficos, tecnológicos y psicológicos (Cf. Liderazgo. Seis estudios sobre la estrategia mundial. pp. 16-19).
La gran pregunta es y probablemente nuestra gran tragedia es si lograremos encontrar y elegir a un líder que enrumbe al país como lo querría Platón y que tenga el epítome del liderazgo que comprenda al estadista y al profeta o visionario. Lampadia