Jaime de Althaus
Para Lampadia
Es una vergüenza que el Congreso no haya ni siquiera alcanzado 66 votos para poder enviar a referéndum la reforma constitucional que impide postular a quienes hayan cometido delitos graves.
Es obvio que en un referéndum la gran mayoría hubiese votado a favor, lo que es de por sí el más claro indicador de que el Congreso no representa los intereses de la población sino los intereses particulares, cada vez más descarados, de los congresistas o los de algunos partidos.
Particularmente censurable es la conducta de la bancada de Fuerza Popular, la mayor parte de cuyos integrantes súbitamente se ausentó de la votación. Desapareció.
No es posible que el cálculo político electoral sea más importante que el país en un asunto tan claro incluso para la supervivencia nacional. Esos congresistas no deberían atreverse a aparecer en el hemiciclo si tuvieran un mínimo de pudor. Pero no lo tienen.
Gracias a la tenacidad y capacidad de persuasión de Nano Guerra García, sin embargo, Fuerza Popular impulsó la reforma más importante aprobada por este Congreso: la bicameralidad.
Pero allí se agotaron las energías constructivas y honestas de los legisladores. Derogaron las PASO, pero no pusieron filtros para el número de participantes en las elecciones, que podría superar 40 candidatos presidenciales.
Ante ello, por lo menos han facilitado en algo las alianzas subiendo la valla a 6% y eliminando el punto adicional por partido.
Pero pare usted de contar.
No se aprobó el proyecto de ley que re-establece el financiamiento de los partidos por empresas formales, para que pueda el país legal competir con el ilegal y no profundicemos la captura del Estado por las mafias de todo tipo.
Ojalá tengan tiempo de hacerlo antes del 12 abril, fecha en la que la ley debe estar promulgada y publicada.
Es que ya sabemos que los intereses de las economías ilegales están presentes en el hemiciclo. El congreso complementario anterior a este, que batió todos los récords de leyes populistas y clientelistas -una forma de indecencia también- resulta casi virtuoso comparado con lo que mueve al actual: intereses vinculados a economías ilegales, intereses penales de congresistas acusados que aprueban leyes para liberarse de procesos judiciales, o intereses político-electorales como los de la bancada arriba mencionada, absolutamente contarios al interés nacional.
En ese sentido, ha sido un milagro que se aprobara la ley que deroga una ley anterior, aprobada también por este congreso, que ponía topes a las tasas de interés, lo que solo sirvió para entregar a cientos de miles de clientes de la banca formal a manos del gota a gota criminal y extorsivo.
Quizá muchos no se dieron cuenta de lo que estaban aprobando, y esta ley positiva pasó.
No alcanza la imaginación para pensar qué podemos hacer para lograr que el Congreso enmiende su conducta.
Como fuere, ya es demasiado tarde para reformas como los impedimentos para postular. Pero sería bueno que piensen qué pueden hacer para mejorar la calidad de las elecciones, de la gobernabilidad y de la democracia a partir del próximo periodo gubernamental. Un mínimo de responsabilidad. Lampadia