Jaime Spak
Para Lampadia
El gran Vinicius de Moraes escribió la canción Felicidad y en la primera estrofa decía “la tristeza no tiene fin, la felicidad sí”.
Y eso es lo que sentimos la mayoría de mi generación.
Los que hemos nacido en el 50, hemos sido testigos de una montaña rusa en el desarrollo del país y eso nos produce una inmensa tristeza.
La felicidad que hemos tenido ha sido efímera y la tristeza muy grande.
Vivimos unas décadas del 50 y 60 donde la estabilidad del país permitió generar una poderosa clase media.
Una persona con un trabajo estable podía mantener a la familia y hasta lograr ahorros que se convertían en casas propias y en mejoras en la economía familiar.
Pero al final de los 60 con el golpe de estado de Velasco, se profundizo el odio entre los peruanos.
Las diferencias clasistas, la rivalidad entre corrientes políticas y sobre todo la prepotencia, confiscación de medios de comunicación, estatización desproporcionada de empresas que fueron confiscadas, una terrible reforma agraria, un control de divisas, una comunidad industrial y muchas tropelías.
Genero un masivo éxodo de gente capaz y sobre todo de inversionistas que eran los que impulsaban el crecimiento económico del país.
Luego de ello vinieron años de una felicidad efímera, que dio como resultado volver a la democracia con un gobierno timorato de Belaunde.
Sin embargo, empezó la tristeza más grande del país que fue la época del terrorismo.
Pasamos casi 12 años en una situación terrible donde veíamos cada vez más cerca la caída de la institucionalidad, con un pésimo primer gobierno de García y la insurgencia de los dos grupos terroristas más sangrientos que se recuerde en la historia del Perú.
Los siete años entre el 85 al 92 fueron años terribles y tristes en la historia del país.
Una vez que cayeron los lideres terroristas, pensábamos que regresaríamos a una etapa de felicidad.
No ponemos en duda que el primer gobierno de Fujimori tuvo grandes logros que le permitieron que salga reelecto en el 95 con una amplia mayoría de votos.
Pero la felicidad iba a durar muy poco pues al intentar la Re-reelección regresamos al caos y la incertidumbre.
Luego de Toledo, tuvimos que votar tapándonos la nariz por García, que se enfrentaba a Humala.
Y para ser objetivos fue un gobierno de crecimiento pues siguieron las líneas del libre mercado que impuso Fujimori.
Hasta el gobierno de Humala no fue tan fatal como pensábamos, pues tuvo la capacidad de elegir a buenos ministros de economía y el Perú seguía avanzando.
Pero desde allí hemos vuelto a sentir la tristeza sin fin.
Un gobierno de PPK, que no supo coordinar con la inmensa mayoría parlamentaria de Fuerza Popular.
Si con los 73 congresistas Fuerza Popular hubiera revolucionado con leyes innovadoras para poder modernizar el nefasto aparato estatal, hubiéramos retornado a un crecimiento importante.
Pero los dos líderes nunca pudieron tener la grandeza de los estadistas, para ponerse de acuerdo y estoy casi seguro que luego de años de transformación y modernización del estado, Keiko hubiera salido elegida sin problemas.
Pero la tristeza nos volvió a embargar cuando PPK, fue reemplazado por un corrupto como Vizcarra, que cerro el congreso y el nuevo congreso elegido lo vaco.
Vino el efímero gobierno de Merino y de allí Sagasti.
La tristeza se hizo enorme cuando salió elegido Pedro Castillo, el peor gobernante que hemos tenido, no solo incapaz, sino cínico y sobre todo corrupto.
Escudándose en el slogan de maestro rural, no más pobres en un país rico, y palabra de maestro, en los 17 meses de su gobierno hizo todo lo posible por destruir al Perú.
Hasta ahora nadie entiende porque dio el más estúpido golpe de estado y gracias a ello hemos podido librarnos de este siniestro personaje.
Pensábamos que regresaría la felicidad, pero doña Dina Boluarte, es lo más parecido a Castillo en el sentido que no tiene la más remota idea de gobernar un país.
Estamos de nuevo en recesión y para salir de ella debe de llamar a gente como lo hizo con los nuevos ministros de economía y de Energía y Minas, para que volvamos por el camino del progreso.
Pero como lo haremos, si no hay semana que no se hable de escándalos.
Los relojes Rolex, el desbalance patrimonial, las amiguitas de Otárola, los innombrables congresistas que hacen todo lo posible por dar las peores leyes.
Dentro de 4 meses se vence el plazo para que los que deseen postular a la presidencia de la República se inscriban en alguno de los partidos que tienen vigencia.
Lo triste va a ser que habrán más de 20 candidatos.
Si no se ponen de acuerdo las fuerzas de centro derecha para tener un candidato único, la tristeza seguirá siendo nuestra fiel compañera. Lampadia