Pablo Bustamante Pardo
Director de Lampadia
Nuestra historia es un continuo de superación ante todo tipo de crisis. Así lo podemos comprobar revisando nuestros últimos 5,000 años, desde Caral.
De manera sorprendente acabamos de salir de una severa amenaza a nuestra libertad de organización política y a nuestra libertad de desarrollar una economía sin tutelajes estatizantes.
No es que hayamos derrotado al monstruo apocalíptico de siete cabezas, pero hemos destruido una de ellas, que con la ayuda del corrupto comunismo internacional, ha venido distorsionando nuestras limitaciones socio-económicas y nuestras desigualdades sociales, para instigar una ruptura política que desquicie nuestro proceso de desarrollo y nos lleve a ese socialismo que empobrece a los pueblos para enriquecer a sus dirigentes.
El plan con el que Castillo-Cerrón-Perú-Libre llegó al poder, frenado hasta el 7 de diciembre pasado por hábiles normas del vilipendiado Congreso (ver el detalle en ‘La mano de Dios’ de Jaime de Althaus), de pronto se hizo viable en la torpe mente de Castillo, Torres, Chávez y quien sabe entre quiénes más.
Como hemos visto, ese plan pretendía instalar una dictadura absoluta, sin Congreso, Ministerio Público, Poder Judicial, Tribunal Constitucional, que forzara un arreglo constitucional que pusiera un cerrojo a nuestras libertades políticas y económicas.
Corroborando este plan enfermizo de la izquierda internacional, hemos visto también, como han saltado en defensa del torpe golpista, sus compinches internacionales, dizque ideológicos, en México, Colombia, Venezuela y Bolivia.
El Perú, habilitado por su Constitución pro desarrollo económico y social de 1993, con la autoridad moral de haber reducido la pobreza de 60 a 20% de la población, y con la consolidación de una clase media emergente, ese pueblo emprendedor, viene resistiendo hace 10 años la politización de nuestros gobiernos, que han frenado la inversión, el empleo y el crecimiento económico. Fenómeno agravado sustancialmente desde el 2021.
Muchos se sorprenden aún de esa fortaleza económica, bombardeada por el populismo de izquierda, por el criminal manejo de la pandemia y por la invasión de cadres castillistas en todas las esferas del gobierno.
Resulta que nuestro país es fértil para el crecimiento, tanto por sus inmensos y múltiples recursos naturales, como por la vocación desarrollista de nuestra gente.
Por otro lado, hasta el 7 de diciembre pasado teníamos muchas dudas sobre la fortaleza de nuestras instituciones. Pero ahora hemos podido comprobar que nuestras instituciones democráticas, el Congreso, la Fiscalía, el Poder Judicial, El Tribunal Constitucional y nuestras Fuerzas Armadas, el Ejército, la Marina, la Aviación y la Policía, han dado un ejemplo de civismo y legalidad. Todas ellas han hecho honor al aserto de Miguel Grau:
«No reconozco más caudillo que la Constitución».
El Perú ha estado a la altura de las circunstancias y hemos cumplido con el precepto del artículo 46 de la Constitución:
“Nadie debe obediencia a un gobierno usurpador, ni a quienes asumen funciones públicas en violación de la Constitución y las leyes”.
El Perú está llamado a ser un gran país, tenemos todo para lograrlo. Solo necesitamos buenos líderes y una clase dirigente que eduque, comunique y dé el ejemplo.
¡Viva el Perú! Lampadia