Jaime de Althaus
Para Lampadia
Maduro puede sostenerse de manera desvergonzada, desafiante y brutal en el poder pese a la evidencia clamorosa de su derrota abrumadora en las elecciones no solo porque tiene a las fuerzas armadas de su lado gracias a que estas forman parte de la mafia cleptocrática y narcotraficante del gobierno, sino porque tiene el apoyo concreto de otras autocracias que forman entre ellas una red de cooperación y ayuda mutua para mantenerse en el poder que les permite incluso minimizar el impacto de las sanciones económicas internacionales.
Así lo pone Anne Applebaum:
«Venezuela es, en teoría, un paria internacional. Desde 2008, Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea han intensificado las sanciones contra Venezuela en respuesta a la brutalidad del régimen, el contrabando de drogas y los vínculos con el crimen internacional. Sin embargo, el régimen del presidente Nicolás Maduro recibe préstamos de Rusia, que también invierte en la industria petrolera de Venezuela, al igual que Irán. Una empresa bielorrusa ensambla tractores en Venezuela. Turquía facilita el comercio ilícito de oro venezolano. Cuba ha proporcionado durante mucho tiempo asesores de seguridad y tecnología de seguridad a sus homólogos en Caracas. Los espías cubanos todavía ayudan al régimen venezolano a reprimir la disidencia que periódicamente surge en el ejército. Cañones de agua, botes de gas lacrimógeno y escudos de fabricación china se utilizaron para aplastar a los manifestantes callejeros en Caracas en 2014 y nuevamente en 2017, dejando más de setenta muertos, mientras que la tecnología de vigilancia diseñada en China también se utiliza para monitorear al público”.[1]
El Perú debería interceder ante uno de los integrantes de esa red de defensa mutua. Me refiero a la China. Para ello, el Perú tiene cierta autoridad: está desarrollando un proceso de relación estratégica, de asociación económica profunda con ese país, cuyas empresas invierten ahora en prácticamente en todos los sectores de la economía nacional y tienen el control incluso de activos críticos como la electricidad de Lima y, pronto, el puerto de Chancay. El Perú, por su parte, tiene al mercado chino como su principal destino de exportación y, más importante aún, tiene un parentesco social y cultural con la China porque una cierta proporción de población peruana es de ascendencia china.
En nombre de ese interés mutuo y de esos vínculos de sangre, el Perú tiene argumentos para acercarse al gobierno chino a solicitarle no solo que reconsidere el apoyo tecnológico y en equipos que brinda a las acciones represivas del gobierno venezolano, sino pedirle también que despliegue sus buenos oficios para ofrecerle una salida a Maduro y sus allegados. Que use el peso que tiene en ese país para procurar una transición. El prestigio de la China en Latinoamérica se incrementaría considerablemente si algo así hiciera.
Es cierto que el Perú no podría invocar valores democráticos y de derechos humanos para persuadir a los chinos de actuar constructivamente, porque la China no comparte esos valores. Pero sí podría invocar los principios que la propia China promueve, tales como priorizar el derecho al desarrollo, a la cooperación en beneficio mutuo y una diplomacia orientada a la “reforma de la gobernanza global”[2], considerando que Venezuela no marcha al desarrollo sino a la autodestrucción, con consecuencias muy negativas para los países de la región, como el Perú, donde China tiene intereses y vinculaciones.
Pero, además, en nombre de sus propios intereses en Venezuela, más le convendría a la China una transición, si es que realmente quiere recuperar la enorme deuda que Venezuela le tiene, que podría ascender a 68 mil millones de dólares según Transparencia Venezuela. Este país le paga con petróleo de PDVSA, pero la producción petrolera de esa empresa viene bajando. A China le conviene que la economía china y la propia PDVSA se recompongan para recuperar lo prestado. Si lo que requiere es la seguridad en el abastecimiento futuro de petróleo, en el arreglo al que se llegue se le garantizaría que seguiría recibiendo el mismo porcentaje de la producción de PDVSA que recibe ahora. Si mejora la producción, recibirá una mayor cantidad.
En fin, nuestro Canciller, que ha demostrado una capacidad de iniciativa muy notoria y acertada, podría ensayar esta aproximación al gobierno chino, para ayudar a resolver esta situación indigna e inaceptable. Lampadia
[1] Autocracy, Inc.: The Dictators Who Want to Run the World» by Anne Applebaum
[2] Idem