Por muchos años, la política francesa ha ejercido una inspiración desproporcionada en la política y economía peruana. Efectivamente, nuestra formación intelectual, periodística y política ha bebido de las fuentes francesas hasta el embotamiento de la razón, y por décadas perdimos los aportes del liberalismo británico y su expresión estadounidense.
Eso determinó que, después de la salida de Beltrán del gabinete de Manuel Prado, empezáramos a forjar una economía esencialmente cerrada al exterior, que otorgaba al Estado roles que excedían con creces sus capacidades. Orientación política, que pasando por los gobiernos de Belaunde, la dictadura militar y García I, llevaron al Perú a la destrucción de su economía y la quiebra del Estado, que solo empezó a revertirse con la Constitución de 1993.
Por ello, lo que suceda en las próximas elecciones francesas es muy importante para el Perú. Sobre todo, habida cuenta de los recientes giros políticos de Gran Bretaña con el Brexit, de EEUU con la elección de Trump y la posible victoria del anti musulmán y antieuropeo, Geert Wilders, en Holanda, esta semana.
Las elecciones presidenciales de Francia se llevarán a cabo el 23 de abril y, de ser necesario, se celebrará una segunda vuelta el 7 de mayo. La decisión que se tome ese día tiene el poder de afectar irremediablemente el futuro de la Unión Europea y del mundo, que pueden terminar de alejarnos de la globalización y el libre comercio.

El descontento en Francia ha venido en aumento durante los últimos años. Su administración socialista ha sido percibida como ineficaz en la gestión de la economía, su crecimiento tiene un promedio inferior al 1% durante la mayor parte del gobierno de François Hollande y el desempleo juvenil cerró el año pasado en 26.2%. Además, los ciudadanos reclaman un combate eficaz contra el terrorismo y un freno a la entrada masiva de inmigrantes.
Según un reciente análisis de The Economist (traducido y publicado líneas abajo), “Una victoria para Macron sería una prueba de que el liberalismo todavía atrae a los europeos. Una victoria para Le Pen haría a Francia más pobre, más insular y más desagradable. Si saca a Francia del euro, desencadenaría una crisis financiera y condenará a la UE que, con todos sus defectos, ha promovido la paz y la prosperidad en Europa durante seis décadas. A Vladimir Putin le encantaría eso. Tal vez no sea una coincidencia que el partido de Le Pen haya recibido un fuerte préstamo de un banco ruso y la organización de Macron haya sufrido más de 4,000 ataques de hackers.”
Felizmente, según el último sondeo de Harris Interactive el pasado 9 de marzo, “el candidato socio-liberal Emmanuel Macron supera por primera vez en intención de voto a Marine Le Pen.

Macron es un ex banquero del grupo Rothschild francés, que comenzó su trayectoria política apoyando la candidatura de François Hollande en las primarias de 2011. Creó su movimiento «¡En Marcha!», en el cual afirma (durante su primer spot publicitario) que: “Creo en la libertad económica, social, política; en nuestra capacidad de crear nuevas reglas de progreso; y creo en Europa.”
De ganar, Francia quebraría la tendencia populista, anti globalización y anti comercio que está desbalanceando al mundo. Algo que sería especialmente favorable a países como el Perú.Lampadia
La Revolución Francesa que viene

The Economist
4 de marzo del 2017
Traducido y glosado por Lampadia
Han pasado muchos años desde que Francia tuvo su última revolución, o incluso un intento serio de reforma. El estancamiento, tanto político como económico, ha sido el sello distintivo de un país donde poco ha cambiado durante décadas, incluso cuando el poder ha girado entre los partidos establecidos de izquierda y derecha.
Muchos de estos problemas se han acumulado durante décadas, pero ni la izquierda ni la derecha han sido capaces de enfrentarse a ellos. El último intento serio de Francia por una reforma económica ambiciosa, una reforma de las pensiones y seguridad social, fue a mediados de los años 90 bajo la presidencia de Jacques Chirac. Se derrumbó ante las huelgas masivas. Desde entonces, pocos han intentado. Nicolas Sarkozy habló de un gran cambio, pero su agenda de reformas fue derribada por la crisis financiera de 2007-08. Hollande tuvo un comienzo desastroso, introduciendo una tasa impositiva del 75%. Él era entonces demasiado impopular para lograr mucho. Después de décadas de estancamiento, no es de extrañar que los votantes franceses quieran deshacerse de los holgazanes.
Tanto Macron como Le Pen están aprovechando esa frustración. Pero ofrecen diagnósticos radicalmente diferentes de lo que aflige a Francia y remedios radicalmente diferentes. Le Pen culpa a las fuerzas exteriores y promete proteger a los votantes con una combinación de más barreras y mayor bienestar social. Ella denuncia la globalización como una amenaza para los empleos franceses y a los islamistas como fomentadores del terror que vuelven peligroso usar una falda corta en público. La UE es “un monstruo antidemocrático”. Ella se compromete a cerrar las mezquitas radicales, impedir el flujo de inmigrantes, obstruir el comercio exterior, cambiar el euro por un franco francés resucitado y convocar un referéndum al abandonar la UE.
Los instintos de Macron son completamente opuestos. Piensa que una mayor apertura haría a Francia más fuerte. Él es firmemente pro-comercio, pro-competencia, pro-inmigración y pro-UE. Él apoya el cambio cultural y la disrupción tecnológica. Piensa que la manera de conseguir que más gente francesa trabaje es reducir las engorrosas protecciones laborales, no incrementarlas. A pesar de que durante mucho tiempo se ha quedado corto en proponer políticas públicas precisas (iba a anunciar un manifiesto cuando The Economist realizó su publicación), Macron se está lanzando como el revolucionario pro-globalización.
Si se observa cuidadosamente, ninguno de los insurgentes es un ‘outsider’ convincente. Le Pen ha dedicado su vida a la política; su éxito ha sido hacer que un partido, hasta ahora extremista, sea socialmente aceptable. Macron era el ministro de Economía de Hollande.
¿Una Francia abierta o una Francia fortificada?
No obstante, representan un repudio del statu quo. La victoria de Macron evidenciaría que el liberalismo todavía atrae a los europeos. La victoria de Le Pen haría a Francia más pobre, más insular y más desagradable. Sacar a Francia del euro, desencadenaría una crisis financiera y condenaría a la UE que, con todos sus defectos, ha promovido la paz y la prosperidad en Europa durante seis décadas. A Vladimir Putin le encantaría eso. Tal vez no sea una coincidencia que el partido de Le Pen haya recibido un fuerte préstamo de un banco ruso y la organización de Macron haya sufrido más de 4,000 ataques de hackers.
Con dos meses por delante, parece que es poco probable que Le Pen asuma la presidencia. Las encuestas muestran que ella ganaría la primera vuelta pero perdería la segunda. Ahora, en esta elección extraordinaria, puede suceder cualquier cosa. Francia ya ha remecido al mundo. Podría hacerlo de nuevo. Lampadia