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Lima-Perú, 16/05/2018 a las 02:05pm. por Sebastião Mendonça Ferreira

La demagogia en el gobierno

La era del PT en Brasil - III

En esta entrega sobre la performance del PT en Brasil, Sebastiao Mendonca nos describe el manejo de gobierno de Lula en sus dos mandatos. Mendonca explica cómo Lula aprovecha de la estabilidad económica que dejó Cardoso y la generación de recursos que le dio el súper ciclo de commodities.

Sin embargo, Lula, que terminó su gobierno en aire de santidad, sembró las raíces de la debilidad estructural de Brasil en lo económico, social e institucional. Como veremos más adelante, organizó una organización criminal para dominar la política brasileña y la de la región, mediante la corrupción del Estado; malogró el espíritu emprendedor de buena parte de su población mediante subsidios monetarios que iban más allá de las demandas de la pobreza; y en lo económico, alentó el proteccionismo, propició el mercantilismo y desperdició buena parte de las oportunidades de una década global de oro.

Ver en Lampadia: Luces y sombras de la visita de Lula al Perú, donde criticamos a Lula con motivo de su visita al Perú, en la que se ufanaba de sus logros y consejos al entonces presidente, Alan García. Nosotros demostramos entonces, que el Perú lo estaba haciendo mucho mejor que Brasil. Veamos el cuadro que publicamos el 10 de junio de 2013.

Sebastiao Mendonca Ferreira
Centro Wiñaq
Para Lampadia

La extracción de rentas es un componente central de la trampa de los ingresos medios. Sin superar ese elemento los países en desarrollo arrastran por tiempo indefinido los problemas del atraso y la pobreza. Una vez que los mecanismos de extracción de rentas son implantados, los países no pueden avanzar en los cambios institucionales requeridos para facilitar la creación de riqueza.

Este fenómeno ocurre porque, cuando las sociedades comienzan a salir de la pobreza y a generar más riquezas, la disputa rentista por esos excedentes se expande. Si las elites no están preparadas, los hechos pueden evolucionar en forma muy negativa.

El populismo es el método político más efectivo para instalar los mecanismos de disputa de la riqueza creada por la economía moderna, e institucionalizar la manipulación política de la población de menores ingresos. La experiencia populista más exitosa de América Latina en el siglo XX ha sido la del peronismo argentino, trabando el desarrollo del país por casi un siglo. Sin embargo, en el siglo XXI, el caso más exitoso ha sido el de Lula de Silva y el PT.

Entender la lógica del populismo y como opera es importante para que nuestras sociedades puedan evitar esa trampa social y avanzar por la ruta del desarrollo.

El objetivo Político del PT

Las promesas electorales de Lula (Carta al Pueblo Brasileño) fueron estabilidad económica y priorización de la reducción de la desigualdad social. Sin embargo, su objetivo central, desde el primer día, fue la continuidad de su partido en el poder. Es ese objetivo de permanencia lo que explica sus lógicas políticas, económicas y sociales. Las ideas programáticas como “luchar contra la pobreza” o “acabar con la explotación del capital”, terminaron siendo simples medios discursivos hacia el objetivo de la perpetuación política.

En materia de reducción de la desigualdad social, los logros del gobierno de Lula, al compararlos con los logros de otros países, no son excepcionales. Sus variaciones en el coeficiente Gini, el indicador que mide el nivel de desigualdad social, fueron similares a las variaciones típicas en América Latina en el mismo período, sin que Brasil logre estar entre los mejores. El Perú, por ejemplo, tuvo mejores resultados que Brasil, en el mismo período. El Perú bajó 10.3 puntos del coeficiente Gini entre 2002 y 2015, pasando de 53.8 a 43.5, mientras que Brasil solo bajó 6.8 puntos, pasando de 58.1 a 51.3, en ese mismo período.[i]

Un área en que el PT ha sido exitoso fue en la implementación de un programa social masivo orientado a la reducción de la pobreza extrema en Brasil. Copiando una propuesta del Banco Mundial, experimentada en México (Oportunidades), en Colombia, y en Perú (Juntos), Lula combinó los programas sociales del gobierno de FHC (Bolsa Escuela y Bolsa Alimentación) y les dio un nombre distinto: Bolsa Familia. Aún que Lula se presentó siempre como el padre de la criatura, su mérito no ha sido su creación sino su expansión.

En el 2003, primer año del gobierno de Lula, el programa alcanzó a 16.5 millones de personas. En el año electoral, 2006, la pobreza había reducido de 23.3% (46.6 millones) a 17.3% (34.6 millones), y el Bolsa Familia ya tenía una cobertura de 40 millones de personas, es decir, el 120% de los pobres del país y el 20 % de la población. ¿Por qué implementar un programa contra la pobreza con una cobertura mayor que la misma pobreza?

¿Fue útil el programa? Si hablamos de cómo modificar los indicadores de pobreza monetaria en el corto plazo a respuesta es sí, pero realizar un cambio sostenido en la condición de pobreza es más complejo que esto. La transferencia masiva de dinero a millones de personas incrementa su consumo e incrementa sus bienes, haciendo que parte de ellas dejen de mostrar los indicadores de pobreza, pero no genera cambio en el patrimonio de capacidades ni de sus activos productivos. Pero, si se mantienen esos dos tipos de activos, no hay garantía que esa población no regrese a su situación anterior cuando termine el flujo de dinero. El elemento más positivo del Bolsa Familia es incremento de la atención escolar de población pobre (el viejo programa Bolsa Escuela) porque ello contribuye a romper el ciclo inter-generacional de reproducción de la pobreza. El otro elemento de transferencia financiera se justifica más como asistencia social que como estrategia de superación de la pobreza.

Entre 2002 y 2004, la economía del país había crecido 15% y ese crecimiento fue responsable de una parte importante de la reducción de la pobreza, pero esto no era mencionado por el PT. El uso político del programa por el PT requería que la reducción de la pobreza fuera atribuida exclusivamente al Bolsa Familia y no considerara el crecimiento económico como el gran benefactor. La opción de salir de la pobreza vía mercado necesitaba ser desacreditada para fortalecer la idea de que un programa público era la mejor opción. La reducción de la pobreza debería ser vista como fruto de la voluntad generosa del gobernante y de su interés por los más necesitados, dos rasgos distintivos del buen carácter del gobernante. Todos los gobiernos demagógicos han recurrido a ese tipo de artificio.

Para el fin del segundo gobierno de Lula (2010), el país había crecido 37% respecto a 2002, y la pobreza se había reducido a solo 12.2%. Sin embargo, la gran mayoría de las familias que habían dejado la pobreza seguían recibiendo el Bolsa Familia. ¿Por qué se mantenía la cobertura social de un programa contra la pobreza, si el número de pobres se había reducido? Hay dos explicaciones posibles: Si el programa se cerraba, los ex-pobres estarían en riesgo de regresar a la pobreza, o el objetivo era político. Lo más probable es que la explicación sea una combinación de las dos razones.

La transferencia de dinero a poblaciones pobres, independiente de su impacto en la reducción de la pobreza, genera una dependencia en las estrategias económicas de esas familias. Es decir, después de un tiempo, su estrategia de ingreso familiar depende de ese subsidio. Aún después de esas familias haber mejorado su situación económica, ellas no desean que la transferencia de fondos termine, pues significaría alguna clase de retroceso en su economía.

La dependencia económica de los beneficiarios de la Bolsa Familia ha tenido una función política para el PT, generando un electorado cautivo de 60 millones (30% de la población del país). Un número como ese es decisivo para inclinar la balanza en cualquier proceso de elección estatal o nacional. Con la manipulación política de la dependencia económica, el PT montó un mecanismo efectivo para tener un bloque electoral cautivo y alimentar su estrategia de permanencia en el poder.

Su función es la creación de la dependencia económica y su uso en la manipulación política lo que explica la sobre-cobertura del Bolsa Familia. En toda campaña electoral, el discurso del PT era que sólo ellos, los “creadores del Bolsa Familia”, podrían garantizar su continuidad. Ante el temor de perder el subsidio público, una parte importante de los beneficiarios del Bolsa Familia se inclinaban por reelegir al PT. Los estudios estadísticos de la votación del PT en 2014 mostraron una alta correlación con la población beneficiaria de la Bolsa Familia.[ii]

Lula recibió un país estabilizado

El retorno a la democracia, en 1985, no había traído estabilidad económica al país. La inflación en la década 1984-94 parecía incontrolable, números como 100%, 500% o 2,000% de inflación anual no eran raros en la recién inaugurada democracia tropical. El caos monetario se mantuvo hasta que, en 1994, Fernando Henrique Cardoso (FHC), entonces Ministro de Hacienda del presidente Itamar Franco lanzó el “Plan Real” de estabilización monetaria. El Plan Real fue muy efectivo y logró bajar la inflación de 2,076% en 1994 a 16% en dos años, y de ahí a 7%, y a 3%. En los dos gobiernos de FHC (1995-2002), previos a Lula, la inflación estuvo estabilizada en torno a 7%.[iii] Es decir, el 2003 Lula recibió un país estabilizado, fiscalmente saneado y sin bombas de tiempo.

Cardoso estableció una política económica basada en el “Trípode Macroeconómico”: (1) meta de inflación, (2) meta fiscal y (3) tasa de cambio flotante.[iv] Esos principios básicos, típicos de cualquier gestión financiera responsable, estabilizaron la economía, sostuvieron los logros del Plan Real y salvaron el país de una crisis como la de Argentina el 2001.

El manejo económico de Lula

A pesar de la descalificación sistemática de la política macroeconómica de Cardoso como anti-popular, Lula fue un continuador fiel de dicha política, en su primer gobierno. Recién ingresado al palacio del Planalto, Lula nombró a Henrique Meireles, un “neoliberal” del PSDB (partido de FHC), como presidente del Banco Central, le garantizó completa independencia y siguió el Trípode Macroeconómico de FHC el pie de la letra.[v]

En términos monetarios y fiscales, Lula realizó una política tradicional. Los resultados de gestión fiscal, comercial y monetaria, permiten decir que Lula fue más conservador y más “neoliberal” que el mismo FHC.[vi] Sin embargo, él ha ocultado su política conservadora, atacando sistemáticamente la política económica de FHC, calificándolas de anti-popular y hasta de “Totalitaria”. Con su discurso el PT daba la apariencia de haber hecho un gran cambio en la economía, cuando en realidad, él no había sido más que un fiel seguidor de su antecesor.

A la economía brasileña no le fue mal durante los dos gobiernos de Lula. El Brasil fue uno de los países que más se beneficiaron del boom de las commodities provocado por el crecimiento chino. El aumento de las exportaciones dinamizó la economía, aumentó los ingresos públicos y generó las reservas internacionales. La estabilidad económica, lograda con el Plan Real, hizo posible el incremento del crédito ampliando el consumo y la sensación de bienestar de la población.[vii] Si utilizáramos el lenguaje del PT, diríamos que Lula fue un presidente neoliberal con discurso socialista.

Lamentablemente, FHC y su partido (PSBD) han dejado que la propaganda petista quedara sin respuesta por casi dos décadas, permitiendo que la población brasileña creyera en una versión distorsionada de la historia. Hoy, amplios segmentos de la población creen que Lula y el PT fueran los artífices del desarrollo del Brasil en la primera década del siglo XXI.

Lula concluyó su segundo mandato, a fines del 2010, con 78% de popularidad. Representando un logro extraordinario para cualquier presidente en cualquier país del mundo, pero aún más significativo en un país latino americano, en donde los presidentes se desgastan rápidamente. En todas las áreas de sus políticas (pobreza, inflación, salud, etc.) el PT salió aprobado por la opinión pública.

Ese nivel de popularidad significa que ninguna corriente de opinión con peso social o mediático se había manifestado en forma crítica al modelo de desarrollo de la gestión de Lula, ni a la narrativa del PT. Esto ocurrió incluso después del escándalo del Mensalão el 2005 y 2006, en que líderes del PT fueron descubiertos comprando el apoyo de congresistas de la oposición con sobornos mensuales.

Conclusiones

Lula en el gobierno se enfocó en construir hegemonía política y tuvo un éxito extraordinario en ese objetivo, logrando implantar en la opinión pública las principales ideas e imágenes que se propuso. Al final de los dos gobiernos de Lula, el PT contaba con la aprobación de la población, de los medios de comunicación, de los intelectuales, y hasta de la gran mayoría de los demás partidos políticos.

Los actos de corrupción del PT en el Mensalão no eran vistos como parte de una estrategia partidaria sino como conductas delictivas de algunas personas. Algunos petistas podrían ser corruptos, pero no el partido. Lula y el PT eran vistos como honrados.

No eran muchos los que se preocupaban con el hecho que el PT hubiera utilizado la democracia para montar los mecanismos de anulación de la alternancia democrática y de eternización en el poder. No es que nadie criticaba al PT, algunos pocos intelectuales y periodistas sí lo criticaban, pero eran muy pocos, y eran fácilmente demolidos por la mayoría de los líderes de opinión que estaban con el PT.[viii]  

Parecía que, finalmente, los brasileños habían encontrado la forma de superar la economía de mercado combinándola con elementos de populismo. La victoria práctica e intelectual del populismo en el Brasil le dio una gran autoridad para expandirse en América Latina. Ahí estaba Lula, para servir de referencia para quienes quisieran repetir la experiencia en sus países. En pocos años, el mantra populista se propagaría en la región con el apoyo intelectual, económico y de marketing político de Lula y del Partido de los Trabajadores. El Foro de Sao Paulo ayudaba la irradiación de las estrategias del PT hacia los diversos grupos de izquierda de la región.

La derrota intelectual de la élite brasileña, incluidos los pensadores liberales y conservadores, es talvez el hecho más destacado de ese período. El PT había encontrado la forma de corromper la inteligencia nacional y no surgió ningún rival con estatura suficiente para evitar esa tragedia. Hoy, decenas de millones de jóvenes (adoctrinados) pagan el costo cognitivo de ese fracaso de la élite brasileña.

Los elementos del colapso del PT ya estaban insertos en sus políticas desde el comienzo, pero es el 2013, que una marcha ingenua, contra el alza de los pasajes urbanos en Sao Paulo, desencadenó un proceso político que tres años después terminó con la Era PT. En el próximo artículo trataré como el PT, Lula y Dilma se auto-destruyeron, y cómo en solo tres años los pilares estratégicos del poder del PT fueron desmantelados, precipitando el fin de un gobierno que creía haber encontrado la forma de perpetuarse en el poder. Lampadia

[i] Para 2010, no dispusimos de información del coeficiente Gini, por ello hemos trabajado con el promedio del año anterior (2009) y posterior (2011) para dar continuidad al gráfico.

[iv] Para obligar el cumplimiento de la meta fiscal, el congreso aprobó una Ley de Presupuesto Anual (LOA, en portugués) cuyo su incumplimiento sería considerado “Crimen de Responsabilidad” y acarraría juicio político y destitución del presidente. Dilma Rousseff incumplió esa ley y por ello fue destituida.

[v] Henrique Meireles, ex-presidente del banco de Boston, es el actual ministro de finanzas de Michel Temer y está aplicando una política de ajuste fiscal de tipo clásico.

[vi] Sin oposición de izquierda, Lula podía ser más consecuente con los objetivos de estabilidad macroeconómica que su antecesor.

[viii] El PT ha desarrollado una habilidad especial de demolición de sus rivales políticos e intelectuales. La descalificación personal, como representantes de intereses anti-populares, fue aplicado en forma sistemática por el PT desde sus inicios, y se hizo generalizado en los medios mientras el PT controló el Estado.

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