Jaime Spak
Para Lampadia
Vladimir Putin no tiene ningún hijo hombre reconocido.
Estuvo casado casi treinta años, con Liudmila de quien se divorció en el 2014.
Durante su matrimonio procrearon dos hijas y según los rumores el divorcio se debió a una aventura extramatrimonial de Putin, con una hermosa campeona de gimnasia, con la que tuvo otra hija mujer.
Si Putin hubiera tenido un hijo hombre, tengo la impresión que se hubiera opuesto a las tropelías de este ex agente de los servicios secretos rusos.
Siendo la sociedad rusa eminentemente machista, Putin hubiera tenido un aliado o un feroz opositor, muchos hijos de gobernantes contradicen a los padres.
Después de la presidencia de Yeltsin, Putin hace 25 años que ostenta el poder en Rusia.
En ese lapso, muchas empresas públicas fueron adquiridas a precios irrisorios por amigos o partidarios del fenecido partido comunista.
La forma más fácil de Putin, de permanecer en el poder, era ruletear de presidente a primer ministro y así sucesivamente.
Es decir, encontró la forma legal de permanecer en el poder.
Lo que de facto lo convierte en una especie de “dictador democrático”.
Pero para mantenerse en el poder, debió eliminar a los contrincantes o a los opositores, con non santas medidas.
Putin es uno de los más sanguinarios líderes de la actualidad.
Cada vez que ha aparecido una persona que se oponga a su posición, no la combate con ideas, sino que la destruye.
Hace 20 años, una periodista rusa Anna Politkovskaya, indesmayable critica de Putin, estuvo a punto de morir luego de beber una taza de té, que contenía veneno, en un vuelo interno en Rusia.
Pudo sobrevivir a ese atentado, pero 4 años después murió asesinada de cuatro tiros en el edificio donde vivía.
En ese mismo año en que fue asesinada Anna, la periodista, fue envenenado en Londres, Alexander Litvinenko, un ex espía de la KGB que se convirtió en un feroz critico de Putin, con Polonio mientras tomaba ‘oh coincidencia, una taza de té.
Luego de tres semanas de larga agonía falleció, sin que hasta la fecha nadie haya sido imputado por este y el crimen anterior.
Pero allí no acaba la cosa, en otra ciudad inglesa un exespía ruso y su hija fueron envenenados con Novichok, un veneno sintético fabricado en Rusia.
Afortunadamente sobrevivieron a ese atentado.
Hace menos de un año, unos de sus principales aliados, Yevgeny Prigozhin, quien era el aliado principal en la invasión de Ucrania, pues su empresa de mercenarios Wagner, era la punta de lanza en la invasión, se opuso a continuar en la brega dándose cuenta de la inutilidad de la acción y de los miles de combatientes que perdió.
Públicamente mostro su oposición, incluso con amenazas a Putin.
Murió a las semanas en un accidente de aviación, en que sin duda está involucrado Putin.
Por último, Alexei Navalni, el más connotado opositor a Putin también fue envenenado con Novichok en un vuelo que partía de Siberia.
Logro salvarse gracias a la rápida intervención de los paramédicos y su posterior traslado a Berlín.
Lamentablemente ese incidente, le dejo la salud muy deteriorada.
Al regresar a Rusia fue apresado y bajo una absurda acusación fue sentenciado a 19 años de prisión.
Lo peor de todo es que lo trasladaron a una región donde el cruel invierno acabo con su vida hace una semana.
Estamos viviendo una etapa de la historia en donde el mal vence al bien.
Poco se habla de las atrocidades que suceden en Corea del Norte, donde la población se muere de hambre, pero el joven dictador se esmera en tener armas nucleares.
Nadie habla de los 600,000 muertos en Siria, causados por el dictador Bashar Al Assad, el 90% de la población vive en pobreza, las mujeres son tratadas como personas de segunda categoría.
Poco se habla de los 60 años de dictadura en Cuba, donde es imposible salir a protestar a las calles por temor a que sean detenidos y torturados.
Nadie habla de las barbaridades que se cometen en Nicaragua, con la dictadura de Ortega y su esposa.
El mundo ya se ha acostumbrado a la masacre en Ucrania.
Como consecuencia de la cobarde invasión, Rusia ha aniquilado a casi 380,000 ucranianos, y ha sufrido la pérdida de más de 400,000 jóvenes rusos.
Una absurda guerra que solo es concebida en la mente de Putin.
Casi 800,000 muertos.
Los ucranianos mueren a causa de la invasión y los jóvenes rusos son obligados a luchar y morir sin saber por qué.
Estados Unidos ha enviado hasta la fecha más de 75,000 millones de dólares en ayuda a Ucrania.
¿Se imaginan lo que se puede hacer con ese dinero para mitigar las falencias de alimentos y medicinas en el mundo?
No hay mejor escenario que la libertad ni peor enemigo que el terrorismo que envenena a nuestra juventud y que genera que el mundo se vuelva cada vez más peligroso. Lampadia