Jaime de Althaus
Para Lampadia
Hay solo una obsesión patológica más fuerte que la de José Domingo Pérez: la de La República. Ante la abrumadora cantidad de opiniones en el sentido de que el caso cocteles ni siquiera debió llegar a juicio porque las donaciones de campaña no eran delito y porque la figura del lavado de activos no se aplica entre otras razones porque ni en Brasil hay sentencia que establezca el origen ilícito de los fondos de Odebrecht – y aun en el supuesto negado de que lo fuera ello no se podía presumir-, La República salió dos días seguidos, lunes y martes, con grandes titulares de primera plana para contrarrestar ese consenso con su propia falaz narrativa de que Keiko Fujimori si sabía del origen ilícito (que no existe) y que el origen de los fondos de Odebrecht era ilícito.
Que Odebrecht aportara a la campaña de Keiko no es ninguna novedad. El tema es que eso no era delito.
Pero lo que no es cierto es que se haya demostrado que el origen de ese dinero fuera ilícito.
Y, de hecho, la nota en la página dos ya no se titula así, sino: Jorge Barata: “Ese dinero fue para la campaña de Keiko Fujimori”, algo que todo el mundo sabe. Pero, por supuesto, en el desarrollo de la noticia en ninguna parte se consigna que la justicia brasilera haya determinado que el origen los fondos fuera ilícito ni que Barata lo haya admitido. Sin embargo, en el colmo de la manipulación, hay una parte en la que entre paréntesis el diario le hace decir a Barata lo que no dice:
Barata no dice “el dinero sucio”. Eso lo agrega La República entre paréntesis, para hacer creer que lo dijo Barata. Increible. Barata informa que el dinero vino del sistema de operaciones estructuradas, y el no ha afirmado ni se ha demostrado en los procesos brasileños que ese dinero tuviera origen ilegal.
El diario La República debería ser un estudio de caso de la desinformación en las escuelas de periodismo. Lampadia