Fausto Salinas Lovón
Para Lampadia
Decía el refrán que, muerto el perro, muerta la rabia.
En América Latina, ni los refranes sirven.
Perón convirtió un país del primer mundo en uno del tercer mundo. Murió, pero los males que él engendró para la sociedad argentina (populismo, clientelismo, demagogia), la siguen asfixiando hoy en manos de sus émulos y han traspasado las fronteras para infectar todo el continente. Perón murió, pero el peronismo no y hoy los argentinos soportan, otra vez, 108% de inflación interanual como consecuencia de las políticas económicas del peronismo de turno.
Castro, convirtió lo que era el burdel de los americanos ricos en el burdel de un asalariado clase media latinoamericana, que puede conseguir una chica o un chico cubano por US$ 20.00 dólares, lo mismos que les pagan por un mes como sueldo de médicos o ingenieros. El barbudo revolucionario de la Sierra Maestra, no consiguió sacar a Cuba de la miseria, al contrario, lo empobreció más. En www.impunityobserver.com/2023, una prostituta cubana señala: “le encantaría ser una peluquera, pero ella y su familia —su novio y su bebé— se morirían de hambre si ella sigue sus sueños”. Pese a ello, miles de necios latinoamericanos, otoñales y primaverales, siguen alabando la “dignidad” de la revolución cubana” y sus “logros” que sólo existen en la propaganda oficial.
Hugo Chávez, quien como bien dice Álvaro Uribe no vivió lo suficiente para ver las desgracias que le causó al pueblo venezolano, ha muerto y ha convertido, como gran logro de su desastrosa revolución, a 7´320,255 (ver https://www.r4v.info/es/refugiadosymigrantes) en refugiados y migrantes en el mundo. Más de 6 millones de ellos en América. Todos ellos han invadido el continente huyendo de las miserias del socialismo del Siglo XXI y la peor crisis humanitaria de nuestra historia continental. La rabia que Chávez generó no ha muestro, está allí en la puerta de todo nuestro continente.
Evo Morales cayó en noviembre de 2019 al descubrirse el escandaloso fraude que lo mantenía el poder por enésima vez. Huyó como un vulgar delincuente a México, llevando valijas llenas de oro según medios bolivianos y después a la Argentina. Hoy día, en medio de su batalla contra la próstata, va perdiendo terreno en su disputa con Luis Arce por el control de la dictadura boliviana, que no duda en aliarse con Maduro y Putin. Sin embargo, su desastre no cesó. Hoy Bolivia, pese a su narcotráfico, no tiene ni dólares para devolver a los ahorristas bolivianos. Los bancos quiebran y el gobierno se tiene que ver obligado a vender el oro del Banco Central ante la caída estrepitosa de las reservas nacionales.
En el Perú, Pedro Castillo, el presidente filo senderista que llegó al poder con el voto de tanto tonto útil de nuestra clase media y que pretendió quedarse para siempre mediante un Golpe de Estado, ha caído. Está preso y embargado. Sin embargo, su rastro sigue. Aún en ciertos sectores del Estado, en cargos públicos, en prefecturas, en políticas que no se derogan, en algunas bancadas del Congreso, en la calle, donde pretenden mantenerlo políticamente vivo para justificar violencia, chantaje social y caos, con la complicidad de un gobierno que no termina del deslindar con él, de ONGs, de AMLOs, PETROs o BORICs, o de periodistas y corresponsales extranjeros que buscan sustituir la verdad por su relato.
¿Qué clase de continente somos donde los que nos destruyen merecen los altares, el poder y la gloria?
¿Qué clase de sociedad somos donde nuestros verdugos son convertidos en monarcas y regresan, se mantienen y siguen delinquiendo como Ortega en Nicaragua o Lula en Brasil?
¿Qué clase de sociedad somos donde los que nos roban siguen allí con nuestro voto como en Argentina donde la señora Kirchner sigue decidiendo a quién le toca por 4 años más?
¿Qué clase de sociedad somos donde sustituimos el mejor PBI per cápita de la región por un BORIC, la mejor performance económica de la región por un AMLO o la seguridad democrática que volvió a poner a Colombia en los ojos del mundo por un guerrillero transformista como PETRO?
¿Será que no amamos la libertad?
¿Será que vendemos nuestra libertad por las lentejas de este tiempo: bonos, subsidios, tarifas controladas, planes sociales?
Parece triste aceptarlo, pero en nuestra región, al parecer no se entienden ni los refranes. Lampadia