Jaime Spak
Para Lampadia
La semana pasada, nuestro impredecible congreso acaba de aprobar la ley para la creación del Colegio de Politólogos.
Según indican nuestros ilustres congresistas, esta ley permitirá supervisar la labor de los profesionales en ciencias políticas del país.
Para ello se requiere un título en esta carrera, expedida por una universidad sea nacional o extranjera.
El objetivo es impedir el libre ejercicio de esta función.
¿Cuál es la importancia de colegiar a las personas más enteradas del quehacer político?
¿Por ello los abogados, sociólogos, psicólogos y hasta ingenieros no vamos a tener la capacidad de opinar sobre temas políticos?
El código civil y penal del Perú está lleno de leyes.
El problema es que no se cumplen.
Sabemos que estamos viviendo un terrorismo urbano, como lo he expresado en anteriores artículos.
Pero el congreso se esmera en aprobar leyes que hace más laxo el crimen organizado y el gobierno no la ha observado.
Hay una complicidad perversa entre estos dos poderes del estado.
Lo que debe hacer el poder ejecutivo, es potenciar a las fuerzas del orden, para que la inteligencia policial empiece a funcionar.
En el Perú, los delincuentes extranjeros se han coludido con la mafia local para hacer de la prostitución, tráfico de drogas, prestamos usureros, extorsión y sicariato un negocio muy rentable.
El nivel de agresividad de estos delincuentes solo es comparable con la época que vivimos de Sendero Luminoso y el MRTA, cuando atentaban casi diariamente contra políticos, empresarios y autoridades del país.
Estamos viviendo un deja vu, pero con gente sin ideología, y el único afán es obtener dinero en base a esos delitos.
Estos delincuentes tienen un terreno fértil, pues la corrupción ha llegado a niveles extremos.
Tiene que haber una restructuración urgente del poder judicial y del ministerio público.
Vemos con asombro como delincuentes son capturados y a los pocos días logran su libertad, protegidos por fiscales o jueces inescrupulosos.
He sostenido en infinidad de oportunidades que la gran mayoría de peruanos son gente de bien, tranquila y trabajadora.
La cantidad de pequeños emprendedores, que se han visto obligados a cerrar sus negocios, por la extorsión es algo nunca visto en este país.
El ministro del interior se ha puesto la soga al cuello al decir que, si al final del estado de excepción no logra resultados, dará un paso al costado.
Yo le aconsejaría que lo haga de una vez.
El señor presidente del consejo de ministros, que cada vez se parece más a “Elmer el Gruñón”, personaje de las historietas cómicas, se molesta con la prensa cada vez que le hace preguntas incomodas.
Estamos en un camino de no retorno.
El congreso aprobando leyes absurdas, como el colegio de politólogos y el poder ejecutivo evadiendo las principales obligaciones.
El poder ejecutivo intentando comprar aviones de combate por la absurda suma de US$ 3,500 millones de dólares, y dando salvatajes a Petroperú por cientos de millones más.
Este dinero se debe usar para equipar a la policía con nuevos patrulleros, drones especiales, armamento, equipos de comunicación. Necesitamos tranquilidad para progresar.
El ridículo de los congresistas la semana pasada en la presentación de Julio Velarde, demostrando una ignorancia supina sobre la función del Banco Central de Reserva, nos pone en evidencia que estamos en un momento en donde ni el congreso ni el poder ejecutivo pueden hacer nada por mejorar la situación del país.
Si el país crece es por la inversión privada, por el turismo que aún no recupera las cifras pre-pandemia, pues hay gente que no desea venir por las noticias alarmantes que salen diariamente.
La minería, la agroexportación, la pesquería y la exportación no tradicional están logrando este crecimiento.
Por otro lado, la parte pusilánime del gobierno, que pierde ingentes recursos en lugar de invertir en salud, educación, infraestructura.
En abril del próximo año la señora presidente debe de convocar a elecciones generales.
No sería raro que luego de ello, el congreso le dé la sorpresa y la vacancia, cual espada de Damocles, aparezca sobre ella.
En ese último año, con esa amenaza el Congreso seguirá dando leyes absurdas y la presidenta no las observara por temor a que la vaquen y luego el ministerio público, pida una prisión preventiva como ha sucedido con los anteriores mandatarios.
Según rumores, el espectáculo mediático de Vladimir Cerrón, protegido por este gobierno y por el servicio secreto cubano, llegara a su fin cuando se descubra que este sujeto ya no está en el país, sino en la bella isla caribeña, protegido por la dictadura comunista.
Como dice el dicho “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”.
El peruano es una persona con capacidad resiliente y deseo que podamos aguantar hasta el 2026 y requerimos gente competente para gobernarnos.
La población debe de protestar contra el congreso y sus leyes absurdas y contra la presidenta que en realidad no tiene idea de cómo gobernar un país. Lampadia