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Lima-Perú, 07/10/2021 a las 08:10am. por Fernando Rospigliosi

Cuidado con la peor corrupción

A las puertas del narcoestado

CONTROVERSIAS
Fernando Rospigliosi
Para Lampadia

El domingo Pedro Castillo estuvo en Pichari, Vraem, y anunció la industrialización de la hoja de coca, que es la coartada usual del narcotráfico para justificar el aumento de las áreas cultivadas que se dedican a la producción de cocaína.

En realidad, para lo único que sirve la hoja de coca es para fabricar cocaína (un 95% aproximadamente de la producción) y para el consumo tradicional, básicamente el chacchado. Los otros usos son insignificantes, incluido el mate de coca.

Durante décadas, los narcotraficantes y sus aliados cuentan la historia de que se pueden fabricar muchos productos con la coca, desde caramelos hasta pasta de dientes. Por supuesto, eso es mentira. La coca no sirve para eso y la producción para esos usos es el 0.001% del total. Sin embargo, gente como Castillo sigue difundiendo esa mentira.

A estas alturas, caben pocas dudas de cuáles son sus intenciones. Han presentado un proyecto de ley para legalizar los sembríos de coca, que ahora son en su mayoría ilegales y por tanto pasibles de erradicación por parte del Estado. Aunque en verdad la erradicación marcha a paso de tortuga desde hace años y es prácticamente inexistente en la principal zona productora, el Vraem.

El oficialismo también tiene en su programa la expulsión de la DEA, la agencia antidrogas del Departamento de Justicia de los EE.UU. que es la que ayuda a la policía a combatir el narcotráfico. Como es obvio, la policía peruana no tiene posibilidades de enfrentar sin esa cooperación a cárteles internacionales que mueven decenas de miles de millones de dólares cada año, sin cooperación internacional.

Pero eso es lo que pretenden precisamente los comunistas en el poder, algunos de los cuales están asociados a los narco terroristas del Vraem, según la policía y la fiscalía, dejar inerme a la policía para que prospere el narcotráfico como en Venezuela, convertido en un narco Estado, o como en Bolivia.

También Castillo prometió construir un aeropuerto en Pichari, que evidentemente para lo único que serviría es para facilitar el trasiego de cocaína a Bolivia, que es lo que se hace ahora en pistas clandestinas.

Todo esto se da en un contexto alarmante. En junio la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas de la Casa Blanca (ONDCP por sus siglas en inglés), hizo público su informe sobre la situación en año 2020 y el resultado para el Perú es catastrófico. El número de hectáreas cultivadas ha aumentado a 88,200 y la producción potencial de cocaína es 810,000 kilogramos.

En 5 años, el área cultivada se ha duplicado. Es decir, según las cifras de la ONDCP, el narcotráfico está desbocado. (“Gestión”, 25/6/21).

La otra justificación, además de la supuesta industrialización, es que la coca es consumida por los pueblos originarios. En realidad, el consumo extenso de la coca empezó con la conquista como una forma de paliar la escasez de comida y proporcionar energía para el trabajo.

El INEI hizo una gran encuesta en 2003-2004 y analicé sus resultados en un pequeño libro, “El consumo tradicional de la hoja de coca en el Perú” (IEP, 2004).

El consumo tradicional, básicamente el chacchado, está en descenso, cada vez es menor la proporción de los que chacchan coca. En la década de 1950, se consumían entre 9,000 y 10,000 toneladas de hoja de coca con ese fin. Medio siglo después, en 2003, con aproximadamente el triple de la población, se consumían unas 8,800 toneladas para uso tradicional.

Un millón de personas eran chacchadores habituales en 2004, es decir consumían hoja de coca entre una y siete veces a la semana. Ellos chacchan las cuatro quintas partes del consumo tradicional. Son pobres –ingreso promedio mensual 175 soles-, dedicados a la agricultura y ganadería, viven sobre los 2,300 metros de altura, tienen bajos niveles de educación (40% analfabetos).

Todo indica que la disminución de la pobreza y la migración a las ciudades desde esa fecha ha reducido significativamente el consumo tradicional, al tiempo que la superficie sembrada y la productividad han aumentado sustancialmente.

Los cárteles de la droga funcionan como empresas, y han experimentado e introducido variantes que dan más cosechas al año y concentran más alcaloide en las plantas. Eso y el uso de productos químicos hace que esa coca no sea adecuada para el chacchado.

En síntesis, el consumo tradicional y el supuesto uso industrial podrían ser abastecidos fácilmente con el 5% o 10% de los cultivos actuales. Si el gobierno quiere mantenerlos y ampliarlos es para fabricar más cocaína. Lampadia

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