Fernando Cillóniz B.
CILLONIZ.PE
Ica, 24 de marzo de 2025
Para Lampadia
Llegó el otoño. ¡Se va el agua de lluvias! La ansiada agua de avenida tardó, pero llegó. Desde diciembre tuvimos agua en todos nuestros ríos. Pronto vendrá el estiaje. La pregunta es ¿acaso la situación no se repite año a año, desde que tenemos uso de razón?
La respuesta es sí; todos los años es la misma historia. Me refiero a la desesperada espera por el agua nueva. Todos los años, los agricultores de Ica – y de todo el Perú – aguardamos con impaciencia el inicio de la temporada de lluvias. Y la impaciencia es tal, que recurrentemente – tal como ocurrió el año pasado – el Gobierno declara “oficialmente” la emergencia por sequía en el país… como si un decreto – que no es otra cosa que papel con tinta – pudiera traer el agua que tanto necesitamos para nuestros cultivos. En fin…
El hecho es que durante el verano que acaba de pasar, con los ríos cargados – y superada la angustia por la espera del agua nueva – vivimos el segundo capítulo de la historia, cual es; la preocupación por los desbordes de ríos, o – lo que es peor – las inundaciones o huaicos. O sea, pasamos de un extremo a otro: de la angustia del estiaje a la angustia de las inundaciones.
Por ello, el desafío del agua es el siguiente:
¿Qué hacer para tener agua en los estiajes?
O mejor dicho ¿qué hacer para tener agua todo el año?
¿Y cómo hacer para tener control de la situación durante las avenidas?
Y la respuesta es muy sencilla: reservorios, reservorios y más reservorios… tal como hicimos en Ica, durante el período 2015 – 2018, bajo el liderazgo de la Dirección Regional de Agricultura.
Efectivamente, en aquel entonces construimos muchos reservorios – pequeños y medianos – sobre todo en la Sierra, en las nacientes de nuestras cuencas. Asimismo, sembramos muchas plantaciones forestales y cercamos muchos pastizales para retener el agua de lluvias, y evitar la erosión de nuestras quebradas. Esa es la mejor manera de solucionar la escasez de agua en los estiajes, y evitar los desbordes de ríos en las avenidas.
A ese respecto, debemos desterrar de nuestras mentes aquella idea de que sólo los grandes reservorios costeros – tipo Poechos, Tinajones o Gallito Ciego – solucionarán nuestros problemas de escasez hídrica. Conste que no me opongo a los grandes reservorios… pero peor es nada. En todo caso, muchos pequeños y medianos reservorios – sumados – pueden almacenar tanta o más agua que pocos grandes reservorios. Por lo demás, los grandes proyectos de irrigación son muy costosos, muy riesgosos, y – por lo visto – de larguísimo plazo. Incluso, algunos nunca se construyen. Tales son los casos de Majes-Siguas II, Chinecas, Chavimochic III, Chancay-Lambayeque, Alto Piura, y demás.
Asimismo, debemos trasvasar aguas sobrantes de cuencas que vierten al Atlántico, hacia cuencas deficitarias que vierten al Pacífico. Olmos… por ejemplo. Sin duda, el más exitoso proyecto de irrigación de las últimas décadas… ¡a pesar de sus detractores!
Incluso, hay que trasvasar aguas sobrantes entre cuencas que vierten al Pacífico, como es el caso del río Santa que comparte sus aguas sobrantes con las pampas de Chao, Virú y Moche en La Libertad, dando así vida al proyecto Chavimochic I y II.
Pues bien, así como el río Santa, hay decenas de ríos costeros que podrían compartir sus aguas sobrantes con los desiertos o valles vecinos.
Me refiero a ríos como el Chira en Piura; Chancay en Lambayeque; Jequetepeque en La Libertad; Pativilca, Chancay-Huaral y Cañete en Lima; Pisco en Ica; Ocoña, Majes y Tambo en Arequipa; y el Caplina en Tacna… por sólo mencionar algunos.
Por otro lado, debemos infiltrar la mayor cantidad de agua posible durante las avenidas. Dar tomas libres en épocas de abundancia – levantar todas las compuertas – para que los agricultores rieguen sin ninguna limitación. Así rellenaríamos los acuíferos y guardaríamos agua para los estiajes. Incluso, debemos diferenciar las tarifas de agua según sean aguas de avenida o aguas reguladas. Las aguas de avenida deben costar poco… o nada, mientras que las aguas reguladas deben costar más. Cuidar cada gota de agua regulada… esa es la idea.
Además, debemos tecnificar el riego mediante aspersores y goteros para mejorar el uso del agua… sobre todo del agua regulada. Ciertamente, debemos explotar racionalmente los acuíferos mediante redes de pozos – ojalá, interconectados entre sí – para complementar las dotaciones de agua superficial, y poder regar todos los días del año.
Por último, todas las aguas servidas de todos los pueblos y ciudades del país – léase, desagües – deben tratarse para volverlas aptas para la agricultura, tal como se ha hecho en Arequipa (por la empresa minera Cerro Verde) y en Ica (por las empresas Agrokasa, Agrisil, y Sunfruits), con excelentes resultados.
He ahí la política que propongo respecto al agua para nuestra agricultura.
Una política orientada a aumentar la disponibilidad de agua – todo el año – sobre todo para la pequeña agricultura. Una política de mejora de la productividad y competitividad del agro a través de un vasto programa de Siembra y Cosecha de Agua; y la tecnificación del riego en todo el país.
La idea es cambiar la historia de los últimos 50 años – o más – la cual estuvo marcada por muchos Ministros de Agricultura, muchos cambios de funcionarios, mucha politiquería, mucho floro, mucho gasto burocrático, muchas consultorías, muchos huaicos e inundaciones, mucha agua dulce perdida en el mar, muchas declaratorias de emergencia por sequía y por inundaciones… pero muy pocos reservorios.
El hecho es que ya estamos en otoño y las lluvias menguarán.
Luego vendrá el invierno y las lluvias cesarán.
Luego vendrá la primavera y los llantos por falta de agua chillarán.
Y luego vendrá el verano y los huaicos – nuevamente – arreciarán… hasta nunca acabar.
Mientras tanto ¿reservorios para tener agua todo el año? ¡No se oye padre! Lampadia