Jaime de Althaus
Para Lampadia
El Instituto Peruano de Economía (IPE) publicó el domingo en El Comercio un interesante informe titulado: “Extorsiones se multiplican por 6 y presupuesto para seguridad cae en 18%”. Esto, en términos reales desde el 2019. Revela que casi la mitad de las camionetas y motos policiales se encuentran inoperativas, entre otras muchas falencias. Pero incluye un cuadro comparativo que mostraría que en el Perú hay muchos menos policías por 100 mil habitantes que en otros países y menos que la tasa recomendada por Naciones Unidades.
En el Perú habría solo 155 policías por 100 mil habitantes mientras en Argentina hay 650, en Colombia 302, en Chile 232, y así…
Pero eso no es cierto. En ese cuadro hay un error. Sin decirlo, está considerando solo el número de policías en comisarías y no la cantidad total de policías, que es lo que sí se toma en los demás países. Es decir, está comparando policías en comisarías en el Perú con policías totales en los demás países.
Según Recursos Humanos de la PNP, en el Perú el número total de policías llega a unos 137 mil, lo que supone una tasa de algo más de 400 por 100 mil habitantes. Es decir, en el Perú no faltan policías comparativamente hablando. Incluso podríamos decir que sobran largamente policías si comparamos con la ratio recomendada por la ONU, que es de 180 policías por 100 mil habitantes, según el cuadro.
Esto se confirma en el siguiente cuadro construido a partir de las estadísticas del Observatorio Interamericano de Seguridad de la OEA (ver: https://www.oas.org/ios/indicatorsdetails.aspx?indicator=41&lang=es&utm_source=chatgpt.com):
El dato es clave porque de eso depende las decisiones que se tome. Si hay un exceso de policías, y sin embargo existe la sensación de que faltan policías en la calle, el problema es de gestión. ¿Dónde están?
Una cantidad está en funciones que podrían pasar a las municipalidades, como dirigir el tránsito o el salvataje.
Quizá haya muchos policías en funciones administrativas, tareas que pueden ser desempeñadas por civiles.
Y, de hecho, hay una cantidad importante en días enteros de descanso, producto del régimen de 24 X 24, una herencia de la época de la hiperinflación.
Si pasamos a un régimen normal de ocho horas, recuperamos muchos policías para la vigilancia ciudadana.
También es posible que dada la alta tasa de victimización que tenemos en el Perú, producto de pequeños robos en la calle o las casas, se necesitaría relativamente más policías en las calles que en otros países. Pero, como vemos, tenemos una cantidad relativa de policías bastante superior a la recomendada por las Naciones Unidas.
El problema está más bien, en otros ámbitos:
en la calidad desastrosa de las escuelas policiales,
en la corrupción que existe para ingresar a ellas,
en la corrupción que existe en algunas comisarias donde el comisario tiene que reunir una cuota para el jefe zonal, por ejemplo, que se la cobra eventualmente a extorsionadores o prestamistas gota a gota o a establecimientos o negocios informales para dejarlos trabajar, y modalidades por el estilo.
Se necesita una limpieza radical, y eso depende del liderazgo.
Las comisarías son precarias, faltan vehículos y computadores -porque no se mantienen y no se ha logrado implantar el renting porque no les conviene, no hay laboratorios, hay carencia de equipos tecnológicos, falta una central CC5. Algunas de esas carencias se pueden atender parcialmente mediante obras por impuestos, pero nuevamente llegamos al tema del mantenimiento y la gestión.
Se requiere hacer un inventario de las carencias, valorizarlo y priorizar el gasto dejando de lado otros gastos en el presupuesto de la república.
Pero eso no se puede hacer sin una reforma radical de la gestión policial, para que los recursos no se pierdan. Lampadia