Jaime Spak
Para Lampadia
Vivimos una absurda dualidad. Es lo que percibo cuando trato de analizar la situación política del Perú.
Lo he repetido en infinidad de ocasiones, nuestro país tiene enormes recursos.
La industria minera, el gran motor de las exportaciones del país, utiliza ingente mano de obra directa e indirecta.
Este es un gran año para el Perú debido al incremento de los precios de nuestros principales minerales de exportación.
Imagínense si ya hubieran estado operativos Conga y Tía María, por dar solo un par de ejemplos, otra sería la realidad del país.
Cajamarca volvería a experimentar un gran auge como región.
La industria agrícola ha logrado éxitos espectaculares en la agroexportación de arándanos, espárragos, paltas, uvas y muchos otros productos, además que utiliza mano de obra masiva.
Ica es el mejor ejemplo de cómo el agro mejora la calidad de vida de sus habitantes.
La industria gastronómica ha logrado que el Perú se vuelva un paraíso para los que gustan del buen comer.
Los jóvenes tienen una tremenda oportunidad para su futuro, pues la buena cocina está en los genes de los peruanos, y cada año nos volvemos más famosos en el mundo entero.
Los atractivos turísticos, convierten al Perú en un destino preferido, dejando una gran cantidad de divisas.
El mayor activo que tiene nuestro país es su gente debido a su simpatía, bonhomía, cordialidad, y sobre todo por el respeto al semejante.
La industria en general ha logrado empoderarse y exportar muchos productos con valor agregado; un ejemplo es la del vidrio, uno de los más importantes abastecedores de automóviles Tesla.
La construcción es otro gran impulsor del desarrollo del país en la que se invierten capitales nacionales y extranjeros, siendo una gran fuente de trabajo y abastecimiento directo e indirecto de mano de obra y productos afines.
Entonces me pregunto ¿por qué seguimos con un pesimismo visceral?
La respuesta sería que todo lo antes mencionado tiene relación directa con la inversión privada.
Cuando analizamos el sector público vemos que se produce todo lo contrario. En primer lugar, no hay una carrera pública a la que pueden acceder los jóvenes.
El estado sigue siendo paquidérmico y traicionero.
Si alguien decente desea postular a la presidencia, acaba chamuscado porque le buscan la sinrazón y siempre le encuentran o le inventan, aunque sea un pecado venial que lo vuelva una persona de mal.
En el congreso sale elegida casi siempre gente que no tiene los méritos para poder dictar leyes ni fiscalizar a las instituciones.
En los últimos congresos, solo un porcentaje muy pequeño de sus miembros tiene la capacidad y probidad de realizar su trabajo en favor de la mayoría y no de su propio interés.
Los peruanos desaprueban a los congresistas.
Deben de reconciliarse con la población y la única manera es que el nuevo congreso tenga representantes idóneos.
Las instituciones tutelares como el poder judicial y el ministerio público desde años atrás son manejadas por gente inescrupulosa.
La junta de fiscales la conforman solo cinco miembros y son los que deciden todo.
La fiscalía se ha convertido en el temor de la población ya que abren procesos por cualquier razón.
El poder que tiene es inmenso y eso debe cambiar.
La población le teme por igual a la delincuencia y a la fiscalía.
Tremenda ironía.
Y por último vemos que en el gabinete, si bien hay algunos ministros capaces, otros generan vergüenza ajena.
La censura de Santivañez por el congreso ha dado lugar a que lo reemplace su viceministro que no es otra cosa que cambiar mocos por babas.
Además, el nuevo ministro fue dado de baja en su institución por una situación irregular de compras a su cargo en la época de la pandemia.
¿Es tan difícil conseguir gente adecuada? Parece que sí.
La semana pasada sale un reportaje de un colegio en el oriente cuyas instalaciones están siendo destruidas por las termitas y los alumnos deben de recibir sus clases en el jardín exterior del colegio. Y no menciono los que son extorsionados.
Un par de ejemplos, pero hay miles de colegios en mal estado y el ministro Quero solo se ocupa en blindar a la presidente.
En el sector salud, el ministro puesto por Acuña del PPC, es otro limitado, con una infraestructura paupérrima.
Solo se le pide que mejore la infraestructura y que no falte medicinas.
Un gobierno tiene la obligación de construir hospitales y postas adecuadas en todo el país, pero ni eso pueden hacer.
En el sector transporte tenemos puentes que colapsaron causando la muerte de compatriotas y otros tantos que están en pésimo estado.
Al mencionar dualidad, me refiero a la ironía que el país sigue creciendo por el empuje de la inversión privada y retrocedemos por la incapacidad de los funcionarios públicos.
Es urgente que el próximo año se presenten pocos candidatos y las alianzas sean con la mejor gente, poniendo de lado apetitos personales.
Los peruanos se lo exigimos. Lampadia