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Lima-Perú, 11/10/2021 a las 08:10am. por Pablo Bustamante Pardo

La gran condena

Dejar a los pobres desconectados del mundo moderno

EDITORIAL DE LAMPADIA
Pablo Bustamante Pardo
Director de Lampadia

Mientras el mundo avanza en la nueva revolución industrial, el Perú retrocede con una visión pre-moderna de tintes autárquicos.

1. La revolución tecnológica y la mejora de vida en los países más ricos

El mundo ha entrado de lleno a la Cuarta Revolución Industrial, caracterizada por profundos cambios tecnológicos en todos los aspectos de la vida del hombre moderno. Hablamos de disrupciones que están afectando a los gobiernos, a las empresas y a las personas; con cambios tectónicos en los espacios del trabajo, la educación, la salud, las infraestructuras y el ocio.

La inteligencia artificial, Big Data, Blockchain, impresoras 3D, robótica, internet de las cosas, nanotecnologías, computación en la nube y realidad aumentada, entre otras; han tomado todos los espacios de la vida moderna, generando obsolescencias y aumentos brutales de productividad.

Se ha pasado de la producción en masa a la oferta de valor de uno a uno. Por ejemplo, esto conlleva cambios de paradigmas en educación y salud. En educación, implica la posibilidad de potenciar las capacidades de cada estudiante. Y en salud, representa pasar de una medicina enfocada en curar, a una capaz de prevenir las enfermedades y de monitorear la salud de cada ser humano.

Todo esto requiere mucha inversión y recursos económicos, tanto para investigación y desarrollo, como para la adopción de las nuevas tecnologías. Los países más ricos están luchando para asegurarse que esta revolución no deje detrás a partes importantes de su población.

2. El gran reto de los países menos prósperos

Para los países menos prósperos, como el Perú, el gran reto es crecer para engancharse en la revolución tecnológica, y no dejar a los ciudadanos sin acceso a los nuevos estándares de vida que gozarán las poblaciones de los países más ricos.

  • Ello conlleva necesariamente, promover la inversión -especialmente la inversión privada, que representa el 80% del total-, el crecimiento de la economía, y por supuesto, generar riqueza.
  • Conlleva también tener un sector privado innovador y desarrollista, que apueste por el futuro del país, generando empleo, capacitando a sus trabajadores, integrando cadenas productivas, aportando recursos públicos y participando activamente en la formación de políticas públicas.
  • También conlleva la presencia de un Estado que priorice la cobertura y calidad de servicios públicos de calidad, especialmente en educación, salud e infraestructuras.
  • Asimismo, se requiere de mucho mejor articulación entre el gobierno central y los sub-nacionales, promover la integración del sector público y privado, sujetar a los funcionarios públicos a los límites fijados por la Constitución y las leyes, una efectiva rendición de cuentas y mecanismos efectivos para la prevención de la corrupción.    

Para facilitar la creación de riqueza, un país pobre como el Perú, tiene que apostar por una economía abierta, organizada como una economía social de mercado, debe promover agresivamente la inversión privada de peruanos y extranjeros y fomentar el crecimiento de nuestras exportaciones, aprovechando las múltiples y abundantes riquezas que están a nuestra disposición. Para el Perú, no hay otra forma de crear riqueza.

3. La gran condena a los pobres en el Perú

Lamentablemente, lo que está ocurriendo en el Perú, es todo lo contrario. Tenemos un gobierno en el que el partido de gobierno y sus aliados, están atrapados en estructuras mentales pre-modernas del izquierdismo decimonónico y empobrecedor de inspiración marxista, que no ha logrado el bienestar en ningún país del mundo, a lo largo de la historia.

Peor aún, todas nuestras izquierdas están influidas e inspiradas en el Pos-extractivismo, que postula producir lo menos posible de todo, consumir lo que produces, proteger a los productores locales desincentivando las importaciones y desalentando las exportaciones.

Además, promueven el llamado ‘buen vivir’, una visión bucólica de la vida rural en un país urbanizado. También llamado “‘Sumak kawsay’, un neologismo quechua creado en los años 90 como una propuesta política y cultural de organizaciones socialistas-indigenistas y adoptada posteriormente por los gobiernos del movimiento por el socialismo del siglo XXI en Ecuador y Bolivia” (Wikipedia).

Consecuencias de la gran condena

En pocas palabras podemos decir que mientras el mundo avanza en la nueva revolución industrial, el Perú retrocede con una visión pre-moderna de tintes autárquicos.

Rechazar la inversión privada, las tecnologías modernas y encomendar la cosa pública a los amigos y colegas políticos, en vez de convocar a los más capacitados, garantiza que los peruanos quedemos fuera del mundo moderno.

Pero los más perjudicados serán nuestros pobres, aquellos que las izquierdas dicen defender. Los ciudadanos más solventes podrán acceder a ese mundo tecnologizado, en educación y salud, por ejemplo. Les costará más que a un europeo o estadounidense, pero tendrán acceso a una mejor calidad de vida, o se irán al extranjero, pero sus hijos serán parte de ese nuevo mundo.

En cambio, nuestros pobres, en un país que no invierte, que no crece, que no crea riqueza, no tendrán acceso a una buena educación, o a la salud preventiva que garantiza una mejor calidad de vida, o a gozar de buenas infraestructuras.

Con las políticas que ofrecen Perú Libre y sus aliados, nuestros pobres serán condenados a vivir en los arrabales del mundo moderno.

Los peruanos que conocemos de este trance y del desenganche político del gobierno con el mundo de nuestros días, tenemos que contrastar sus ideas y comunicar a la opinión pública, que nada, excepto la torpeza o el juego político, justifican esta gran condena a la pobreza.

Con buenas políticas públicas, el Perú puede crecer al 7 u 8% por año y ser parte de la modernidad. Comprometámonos en la batalla de las ideas. Lampadia

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