Pablo Bustamante Pardo
Expresidente de IPAE
Director de Lampadia
¡Gracias!!! A quienes han hecho posible que mantengamos nuestra presencia en las redes sociales, y nos han ayudado a mantener el brío y la fuerza para insistir en la posibilidad de un futuro de éxito para el Perú y todos nuestros ciudadanos.
En estos 11 años hemos pasado por etapas muy diferentes.
El Ave Fénix
Hemos sido testigos de la gran recuperación del Perú desde ese ‘Estado Fallido’ que nos dejaron los 30 años de socialismo con la dictadura militar de Velasco y Morales Bermúdez; la frustración del segundo Belaundismo que no atinó a poner las cosas en su sitio; la aventura populista del irresponsable Alan García en su primera versión.
El año 1990, todos éramos pobres, la inflación superaba el 1,700% anual; el Estado solo recaudaba 3.8% de un PBI diminuto; el 60% de los peruanos estábamos en la pobreza; y nuestra empresa más grande no vendía más de 600 millones de dólares por año, cuando las empresas ecuatorianas facturaban 1,000 y 1,500 millones de dólares.
Efectivamente, en los años 90, con el imperio de la Constitución de 1993, el Perú pudo remontar ese insoportable estancamiento para que el Estado recaudara más de 20% de un PBI cuatro veces mayor, se disminuyó la pobreza al 20% de la población, y nuestras empresas se multiplicaron y pasaron a invertir en varios países vecinos.
Un salto espectacular, producido por la propia Constitución, la derrota de la hiperinflación, la derrota de Sendero Luminoso y del MRTA; la autonomía del BCR; el retorno al sistema financiero internacional; las garantías de estabilidad a las inversiones; la disminución de la corrupción administrativa, con la eliminación de la discrecionalidad del Estado para fijar aranceles, tipos de cambio y tasas de interés; la paz con el Ecuador; el régimen agrario que permitió el regreso de la inversión privada al campo; y muchas otras realizaciones, que solo fueron opacadas por la corrupción política de fines de la década.
Todo esto nos llevó a que la primera década del siglo XXI, con el auge de la inversión privada, disminuyéramos la pobreza, disminuyéramos la desigualdad, creáramos empleo de calidad en las regiones y dotáramos al Estado de ingentes recursos para sus objetivos prioritarios como son la educación, la salud y las infraestructuras económicas y sociales.
Lamentablemente el Estado no estuvo a la altura de las circunstancias, desperdició los recursos fiscales en obras inservibles, proyectos paralizados, burocracia inútil y corrupción. Todo esto se acrecentó y se consolidó con una pésima descentralización que empoderó a las mafias regionales, malogrando la posibilidad de que los ciudadanos tuvieran líderes regionales que promovieran las inversiones y buenos servicios públicos.
Veamos un par de documentos que ilustran la gran recuperación de nuestro país:
- Las Cifras de la Prosperidad (noviembre, 2013)
- ¡Qué buena década! ¡Queremos otra!
(Artículo del suscrito, de diciembre 2010 en el Diario 16)
El Cangrejo
Lamentablemente, como ya hemos comentado antes, este proceso virtuoso se suspendió desde el 2012.
“La suma de las crisis que hemos vivido desde el 2012, cuando el torpe nacionalismo de Humala-Lerner paró la inversión privada (Conga), y llenó el Estado con burócratas anti inversión privada y desarrollo. Bien dijo en su momento Mateo Balarín (QEPD): “El gobierno de Humala no nos mató de un bombazo, sino por la picadura de millones de mosquitos”.
Luego tuvimos la gran frustración con PPK y los desencuentros (provocados) con Fuerza Popular, que desaprovecharon una gran oportunidad de corregir los errores y con el apoyo popular re enrumbar al país al desarrollo integral y sostenido (casi 80% de los peruanos votaron por propuestas pro mercado en la primera vuelta de abril 2016.
En seguida caímos en el pavoroso gobierno del golpista y proto-genocida Vizcarra, quién ya traía hechos de corrupción en Moquegua, y que hizo la peor performance en la pandemia con récord global de muertos, de caída de la economía y de corte del aprendizaje escolar, con claras muestras de corrupción. Todo esto con el apoyo entusiasta de la mayoría de medios de comunicación.
Para aterrizar luego en el gobierno morado con Sagasti, que demoró en tomar decisiones para combatir la pandemia, mantuvo a funcionarios vizcarristas, descabezo la Policía Nacional, malogró el régimen agrario y sirvió de tonto útil (o de socio oculto) de Castillo.
Y como por un tubo nos fuimos al gobierno de Castillo-Cerrón-Perú-Libre con sus socios de todas las izquierdas y caviares, que llegaron con un programa marxista, leninista, maoísta y mariateguista, que como hemos visto en Venezuela, se basa en la destrucción de la maquinaria productiva, la corrupción y las juntas con las mafias de la economía ilegal, narcotráfico incluido.
Hoy nos resignamos con el gobierno de Dina-Boluarte-Alberto-Otárola, que lamentablemente se devalúa cada día, alejándose de otra gran oportunidad: persignarse y hacer una gran campaña por la reforma política y el llamado de regreso a la inversión privada”.
Ver en Lampadia: ¿Señales de alarma?
Con excepción del segundo alanismo, desde el 2012, como el cangrejo, fuimos para atrás. Amarramos la Constitución con miles de normas inhibidoras de la inversión privada, trabamos todos los grandes proyectos de inversión y desdibujamos el futuro llevando a la nación a una pérdida generalizada de confianza.
La Misión
A nosotros en Lampadia, nos toca seguir bregando y llamando a la acción a lo que queda de la clase dirigente, persiguiendo nuestra misión y nuestro objetivo:
Hoy día tenemos ya 844,894 seguidores y durante los últimos 28 días, nuestras publicaciones han llegado a 1’010,755 personas.
Y el 65% de nuestros seguidores tiene menos de 35 años.
Gracias amigos de Lampadia, durante los dos próximos años, redoblaremos esfuerzos para que todos apostemos por consagrar nuestra economía de mercado y nuestra democracia liberal. Lampadia