Por: Rafael Venegas, Director independiente de empresas
Gestión, 11 de febrero de 2021
Desde tiempos inmemoriales los exámenes para ingresar a las universidades de primer nivel, así como a las escuelas militares, son un reto para los postulantes. Se necesita estar muy bien preparados para tentar una vacante y poder estudiar una carrera profesional o militar.
En el ámbito laboral es similar. Para conseguir empleo de cualquier nivel en la empresa privada, se requiere certificar que se cumple con la experiencia y el currículo requeridos, además de rendir pruebas psicológicas y de conocimientos.
Estos requerimientos previos, de cuya necesidad nadie duda, no se aplican incréiblemente para los cargos mas importantes del Gobierno: el de congresista y el presidente.
Según la Constitución vigente “para ser elegido presidente de la República se requiere ser peruano de nacimiento, tener más de 35 años y gozar del derecho de sufragio” (art.110). Igual para ser elegido congresista, pero en este caso basta con ser mayor de 25 años (Art. 90).
Con estos requisitos prácticamente cualquiera puede postular y ser elegido. Sin embargo, y sin que sea requisito, hay muchos que mienten en sus hojas de vida y falsifican títulos, copian (o plagian) tesis y hasta intentan compañeros de aula. ¡La mentira y la trampa a flor de piel!
Por eso, no nos debería sorprender por qué tenemos en esos cargos cada vez a más ignorantes sin preparación, populistas irresponsables, sinvergüenzas, gente con “plata como chancha”, sentenciados y hasta faranduleros.
¿Se puede hacer algo para evitar esto? ¿Se puede tener a personas idóneas en estos cargos?
En el corto plazo, casi no se puede hacer nada lamentablemente. Para las elecciones de abril, solo podremos informarnos bien sobre los postulantes y concentrarnos en escoger a los dos congresistas y al presidente por los que votaremos.
En el mediano plazo, debemos exigirle al Gobierno que complete y apruebe la reforma electoral. Aquí tengo una sugerencia para que se incluya un requisito adicional en los artículos 90 y 110 de la Constitución. Se trata de una certificación previa obligatoria, que tendrían que cumplir todos los postulantes.
Para esto se crearía un ente ad-hoc independiente (ojalá con participación internacional), que se encargue de certificar las hojas de vida y que someta a los postulantes a las pruebas de conocimientos y psicológicos pertinentes. Los que aprueben el proceso serían certificados y quedarían aptos para ser candidatos.
De esta manera se tendría una mayor garantía de la idoneidad de los candidatos y se podría elegir mejor. Postular y acceder a un alto cargo público es una gran responsabilidad y debe considerarse como un honor y no como un negocio personal.
Nosotros los volantes tenemos que exigir a quienes quieran postular, que estén muy bien preparados y que tengan la experiencia y los conocimientos necesarios a la altura de la responsabilidad. Por lo tanto, deberán “pasar el examen de admisión y ser certificados”.