Fernando Cillóniz B.
CILLONIZ.PE
Ica, 31 de marzo de 2025
Para Lampadia
La corrupción en el Estado tiene varias modalidades: abuso de autoridad, cobro indebido, cohecho, colusión, concusión, enriquecimiento ilícito, malversación de fondos, negociación incompatible, aprovechamiento indebido del cargo, nombramiento ilegal de cargo, peculado, patrocinio ilegal, tráfico de influencias, etc.
Bueno pues, a raíz de mi paso por el Gobierno Regional de Ica, en el período 2015 / 2018, yo he sido denunciado – maliciosamente – por todas ellas. Así es la nuez en el mundo de la política de nuestro país.
Como algunos saben, sin proponérmelo, sino más bien por no arrugar ante una inesperada invitación de Keiko Fujimori (Fuerza Popular) de candidatear al Gobierno Regional de Ica, en las elecciones 2014, llegué a ser Gobernador de la región. ¡Hasta ahora no sé cómo logré ganar aquellas elecciones!
Sin embargo, la experiencia política – lo he dicho mil veces – resultó apasionante.
Luchar contra la corrupción en salud – y vencerla – y gracias a ello, eliminar las colas de amanecida de los pacientes y mejorar significativamente los servicios de los hospitales y centros de salud de Ica, resultó muy gratificante.
Eliminar a las mafias de los brevetes (Dinámicos del Centro hay en todo el país) y lograr la entrega de brevetes en cuestión de minutos, luego de cumplidos los exámenes correspondientes, sin coimas de por medio, igual.
Hermanar a Ica con Huancavelica y Ayacucho – a través del agua – para construir reservorios y plantar bosques en dichas regiones, con recursos iqueños… ¿qué quieren que les diga?
Mejorar significativamente la educación, gracias al apoyo de Empresarios por la Educación, Instituto Apoyo, Fundación Telefónica, Asociación Mónica Liyau, Sinfonía por el Perú, Corporación Andina de Fomento, Federación Peruana de Fútbol, Instituto Peruano del Deporte, etc. me llenó de contento.
Bueno pues, el hecho es que asumí la Presidencia del Gobierno Regional de Ica un 1º. de enero de 2015, a mis 64 años… sin ninguna denuncia penal en mi contra. Y terminé mi gestión, el 31 de diciembre de 2018, con cerca de 70 denuncias… en mi opinión, maliciosas.
Pregunto:
¿No será que hay gente corrupta que denuncia por las puras, sólo para hacer daño a las autoridades que luchan contra la corrupción?
Y ¿no será – también – que hay fiscales pusilánimes (o sabe Dios qué) que acogen todo tipo de denuncias, aunque sean maliciosas?
Pues yo estoy convencido de que sí; hay mucha corrupción en la calle, y – también – mucha corrupción en las entrañas del Ministerio Público y del Poder Judicial… salvo – como siempre – las muy escasas y honrosas excepciones.
– Claro, eso lo dice Cillóniz porque lo acaban de sentenciar por Peculado Doloso – dirán muchos. Y no les falta razón. El problema es que yo no he cometido Peculado Doloso. Al menos, eso creo.
Según el propio Poder Judicial, Peculado Doloso es cuando un funcionario (en este caso, yo) se aprovecha de su cargo y se apropia o usa ilegalmente los bienes y recursos del Estado que recibe o administra, para beneficio de él o de un tercero. En sencillo… Peculado Doloso es sinónimo de robar.
Sin embargo, tal como dice la sentencia, mi “delito” consistió en haber autorizado el viaje – de dos días, si mal no recuerdo – de un funcionario del Gobierno Regional, sin haber dispuesto ningún recorte de sueldo.
Pregunto nuevamente:
¿Dónde está el Peculado Doloso?
¿Dónde está el robo?
En todo caso, se trató de una disposición administrativa que – dicho sea de paso – estaba amparada por la Ley SERVIR.
Efectivamente, los funcionarios públicos – incluidos los jueces y fiscales – aparte de sus funciones públicas rutinarias, pueden ejercer docencia y / o participación en directorios de otras instituciones públicas. Y ese fue el caso en el que estoy involucrado.
El hecho es que el Sistema de Justicia de mi país, me ha convertido en delincuente. En realidad, delincuente por partida doble, porque también he sido sentenciado por el delito de difamación, por haber escrito un artículo denominado “Las almas mater de la corrupción en el Estado Peruano”,
en el que me referí a las universidades de pésima calidad educativa como la César Vallejo (de César Acuña – Gobernador de La Libertad en funciones), San Juan Bautista (de José Luis Elías – Congresista en funciones), la ex Telesup (de Pepe Luna Gálvez – Congresista en funciones), la ex Alas Peruanas (de Joaquín Ramírez – Alcalde de Cajamarca en funciones), y la ex Garcilaso de la Vega (cuyo rector es Luis Cervantes Liñán, de penosa recordación). Como se ve, todos políticos en actividad, recontra cuestionados.
Bueno pues, por más sentencia judicial que exista en mi contra, sigo pensando lo mismo respecto de los personajes antes mencionados, y sus universidades. Peor aún, dichas universidades – todas – han tenido el desparpajo de suscribir sendos convenios de cooperación interinstitucional… adivinen con quién. Pues con el Ministerio Público y el Poder Judicial… ¡qué tal!
¿En qué consisten dichos convenios? Pues que los magistrados de ambas instituciones (Ministerio Público y Poder Judicial), Y SUS FAMILIARES (así en mayúsculas), pueden estudiar en dichas universidades “EN CONDICIONES ECONÓMICAS VENTAJOSAS” (también en mayúsculas). O sea, becados. O sea, un descarado conflicto de intereses, mezclado con soborno, aderezado con extorsión… y todo lo demás.
Pregunto: ¿acaso eso no somete al Ministerio Público y al Poder Judicial a los personajes, dueños de las universidades antes mencionadas? Obvio. ¿Cuánta presión tuvo la sala que me sentenció por la querella que interpuso José Luis Elías en mi contra, sólo por opinar críticamente respecto de él y su universidad de pésima calidad educativa? Ya pues… ¿son o se hacen?
En fin. En esas ando. Denunciado por doquier. Y sentenciado – hasta ahora – por dos delitos: difamación y peculado doloso. Y digo “hasta ahora” porque falta la sentencia por un caso reciente de Lavado de Activos, muy celebrada por la prensa mermelera de Ica y el Diario Expreso de Lima. Veremos cómo termina… seguramente, dentro de unos 10 o 20 años. ¡Así es el monstruo de la justicia en nuestro país!
Mientras tanto… fuerza.
No callar ni desmayar.
Al diablo con el “qué dirán”.
La corrupción es así: cínica, mafiosa, rencorosa, mediocre, cruel y cancerígena. Pero ni modo… o la vencemos a ella o ella nos vencerá a nosotros.
¡Vamos Perú… carajo!
Lampadia