Juan Stoessel
Perú21, 23 de marzo del 2025
“Debemos ser el único país en el mundo que, teniendo uno de los destinos turísticos más renombrados, no se ha preocupado por tener un aeropuerto que esté a ese mismo nivel, sino todo lo contrario”.
Para nadie es novedad que el aeropuerto Velasco Astete (Cusco) se encuentra en un estado penoso. La sala de espera no tiene asientos suficientes, los baños son un desastre, hay mangas que no funcionan, hubo problemas con las máquinas de rayos X, con el estacionamiento. Se trata de una infraestructura en decadencia con servicios seriamente degradados. Todo como consecuencia de la terca negativa a concesionarlo, tomada hace 20 años con criterios populistas antes que técnicos. Basta con comparar el aeropuerto de Cusco con cualquiera de los concesionados.
Volviendo al presente, siendo justos, había una explicación para no haber invertido estos últimos años en mejorar este aeropuerto. Se tenía previsto que fuera reemplazado por el aeropuerto de Chinchero, la nueva puerta de entrada a Cusco. Sin embargo, este megaproyecto se encuentra sumamente atrasado, apenas va al 15%, lo que significa que no estará listo ni este año, ni el siguiente, ni el siguiente. No es ser pesimista, sino realista.
El Velasco Astete continuará siendo el único aeropuerto de la ciudad por mínimo tres años más, lo que hace imprescindible mejorar sus servicios y su eficiencia. Por ello, saludamos el anuncio de Corpac de que iniciará una muy necesaria remodelación del terminal de pasajeros, que incluirá un nuevo sistema de agua y desagüe, rehacer los baños, climatizar la sala de espera e impermeabilizar los techos.
Debemos ser el único país en el mundo que, teniendo uno de los destinos turísticos más renombrados, no se ha preocupado por tener un aeropuerto que esté a ese mismo nivel, sino todo lo contrario. Del total de turistas extranjeros que recibimos en un año, 85% pasan por el Velasco Astete. Y no pensemos solo en el receptivo; Cusco es supersolicitado por turistas nacionales.
Son millones de personas las que como primera impresión (la que más cuenta) se llevan una mala y deficiente experiencia. Y es que, en general, Cusco no viene dando la mágica experiencia que debería. El prestigio e imagen del destino se viene empañando por manejos ineficientes y la intransigencia de ciertos grupos con agenda propia. Por ejemplo, es lo que sucede en Machu Picchu, donde la satisfacción del visitante empeora sin que se logre revertir la tendencia, por lo politizado que está el tema. Por suerte con el Velasco Astete existen menos trabas.
El programa de mejoras que Corpac se ha comprometido a realizar es una decisión muy acertada; incluso, debería ser un plan más ambicioso. ¡Cusco merece una entrada que esté a su altura!