Diego Macera
El Comercio, 14 de enero del 2025
“El peruano promedio de hoy es más del doble de rico de lo que era su padre a su edad”.
¿Cómo evaluamos el progreso económico de cada país? No es una pregunta simple, pero posiblemente el mejor indicador por seguir –por su simpleza, potencia y facilidad de comparación– sea el producto bruto por habitante (o PBI per cápita), ajustado por precios. En simple, esto es cuántos recursos produce por año cada habitante, en promedio, descontando los efectos de la inflación.
La manera más tradicional de ver este indicador es dentro de un mismo país a través del tiempo. En el caso peruano, por ejemplo, se podría decir que, expresado en dólares internacionales del 2017, el PBI per cápita pasó de US$6.300 en 1990 a US$15.642 en el 2024, un crecimiento acumulado de casi 150%. Es decir, en general, el peruano promedio de hoy es más del doble de rico de lo que era su padre a su edad. No es poca cosa y es una estadística que vale la pena siempre resaltar.
Otra manera de evaluarnos es comparándonos, ya no contra nosotros mismos, sino contra los primeros de la clase. Ellos también avanzan a su ritmo y el ratio nos da una idea de qué tan lejos estamos del mejor escenario posible en cada momento. Aquí la fórmula más común es tomar como referencia el PBI por persona de EE.UU. En 1990, el Perú tenía un PBI per cápita, ajustado por precios, equivalente al 14% del ciudadano estadounidense promedio (esto es, el estadounidense común podía comprar siete veces más bienes y servicios que el peruano común). Desde entonces, el Perú fue creciendo más rápido que EE.UU. y el mejor momento lo alcanzamos en el 2016, con una proporción del 23,2% (la ventaja se había reducido de siete a casi cuatro veces). Sin embargo, en el último registro estimado para el 2024 con data del FMI, el ratio ha retrocedido a 20,5%, similar al que se obtuvo en el 2010. Es decir, en esta métrica de comparación con uno de los mejores de la clase, el Perú ha vuelto al mismo lugar en el que estaba hace 15 años.
La comparación con el ingreso promedio en EE.UU. es, por supuesto, en extremo ambiciosa. Se trata no solo de una economía ya rica, sino con un crecimiento excepcional en las últimas décadas dado su tamaño. En los últimos 35 años, por ejemplo, países como Canadá, Francia, Alemania y Japón han pasado de tener un PBI per cápita superior al 90% del de EE.UU. a tener uno de entre 70% y 80%. En Italia, la diferencia se ha agrandado en 27 puntos porcentuales.
El mensaje central para el Perú es que, si bien el objetivo principal es crecer y regresar rápido por lo menos a los niveles de ingresos laborales reales y de pobreza previos a la pandemia del 2020, se debe siempre prestar un ojo a nuestra velocidad relativa con el resto del mundo y, sobre todo, con los mejores. Entre el 2026 y el 2029, el FMI proyecta un crecimiento promedio anual de 2,3% para el Perú y de 2,1% para EE.UU. De mantenerse estos ritmos a largo plazo, y tomando en cuenta los crecimientos poblacionales, nos tomaría cerca de 50 años regresar a los ratios per cápita del 2016.
Pero, si bien el PBI de EE.UU. difícilmente crezca por encima del 3% a largo plazo –a menos que haya una disrupción tecnológica gigantesca–, el Perú sí tiene buenas chances de crecer mucho más rápido si se hacen reformas mínimas y se trabaja en ofrecer un mejor clima para la inversión. El ambiente externo y las posibilidades locales permiten pensar en tasas para el Perú cómodamente por encima del 4% con mejoras obvias. Reducir significativamente la brecha con el Primer Mundo nos tomará décadas, pero deberíamos empezar con el convencimiento de que, por lo menos, tenemos que correr, desde ahora y desde atrás, al doble de velocidad que ellos.