Patricia Teullet
Perú21, 16 de diciembre del 2024
«En un alarde de imaginación y prepotencia, el fiscal José Domingo Pérez mezcla la campaña de promoción de la inversión de la Confiep con el financiamiento de la campaña de Keiko a través del caso conocido como Cócteles, acusándose a alguien que nunca tuvo cercanía con el fujimorismo de haber sido actor clave en la obtención de dinero para ese partido», comentó Patricia Teullet.
El 3 de octubre, Ricardo Briceño presentó su libro, titulado ¿Qué hago yo aquí?, un testimonio sobre su enfrentamiento a un sistema judicial injusto, tiránico, prepotente; un sistema al que no le interesa la justicia, sino demostrar que tiene la razón, aunque ello signifique aferrarse a sus errores sacrificando la verdad y a quien la tiene.
El caso de Ricardo Briceño se ha vuelto mediático y cada vez se han sumado más personas e instituciones a apoyarlo, que consideran que las acusaciones en su contra son burdas y que no tienen ningún sustento. El caso es harto conocido: la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales (Confiep) bajo la dirección de Ricardo Briceño realiza una campaña de defensa de la inversión privada. Para eso, recoge dinero de las empresas que desearan financiarla. Una de esas empresas, entre muchas, fue Odebrecht (ya involucrada en el caso Lava Jato), cuyo representante sostuvo vagamente (y después dijo que no recordaba exactamente) que se le había pedido dinero para financiar la campaña de Keiko Fujimori.
A partir de allí se desata el infierno de confusiones y acusaciones contra Ricardo, como la de ser miembro de una organización criminal y de lavado de activos por haber contribuido a recoger dinero sucio de las empresas y canalizarlo a la campaña de Fujimori. En un alarde de imaginación y prepotencia, el fiscal José Domingo Pérez mezcla la campaña de promoción de la inversión de la Confiep con el financiamiento de la campaña de Keiko a través del caso conocido como Cócteles, acusándose a alguien que nunca tuvo cercanía con el fujimorismo de haber sido actor clave en la obtención de dinero para ese partido.
Las pruebas gritan, la evidencia está allí: como lo demuestran todos los documentos y testimonios, nunca tuvo Ricardo nada que ver con la campaña de Fujimori. Eso a los fiscales y jueces no les ha importado. Es más fácil asirse a una acusación cómoda, aunque esta sea falsa. A raíz de ello tenemos a un peruano admirable, excelente ejecutivo, empresario, dirigente gremial en lo laboral; cariñoso esposo, padre y abuelo en lo familiar, quien tendría que estar aprovechando estos años para disfrutar lo trabajado durante toda la vida, perseguido por un fiscal obsesivo y equivocado, y un sistema que lo acompaña, porque tampoco los jueces han sabido estar a la altura.
Así, frente al Poder Judicial, Ricardo Briceño viene librando una batalla solitaria. El respaldo recibido recientemente es bienvenido, pero es tardío. He recogido aquí algunos de los hechos que expone en su libro, el cual es preciso leer para entender la precariedad de nuestro sistema judicial y el terrible riesgo que puede enfrentar un inocente.
Finalmente, y este es un llamado de atención, Ricardo Briceño sostiene que este no es un ataque contra su persona, sino que es un ataque a un sistema basado en el crecimiento sostenido en la inversión y la empresa privada, que no ha sabido indignarse ni defenderse. Así, el libro resulta, además de todo, una advertencia.