Jaime Spak
Para Lampadia
Como muchos compatriotas, me pregunto que hemos hecho para merecer esto.
Escuchamos incrédulos el calamitoso mensaje a la nación de la presidente de la República, en donde hablo poco y no dijo nada.
Me he preguntado en reiteradas veces, quien o quienes serán sus asesores, que la hacen tropezar cada vez con la misma piedra.
Cuando escucho a la presidente o a algunos ministros incluyendo al presidente del consejo de ministros, me obnubilan tanto con las sandeces que pronuncian, que pensaba que de repente Cantinflas no ha muerto, o desde el más allá los ilumina para pronunciar este tipo de mensajes.
Lo que si me he convencido, que estamos conviviendo con una etapa política de un cinismo descarado.
Para ser preciso en lo que menciono, les diré lo que esto significa.
Un cínico es aquél que sabiendo que miente, y que hace daño, se beneficia materialmente de esa mentira.
Una persona descarada es un ser que reclama con engaño, cosas que no le corresponden, que se hace la víctima, cuando en realidad es el verdugo y que acusa a los demás de sus falsedades.
Y cuál es la diferencia entre una persona cínica, descarada y hasta veces desvergonzada, les pondré un ejemplo:
La descarada; siendo tu su novio, se pasea con otro delante de ti.
La cínica: cuando tú la ves pasar con el otro y le reclamas, te contesta riéndose, ¿sí y qué?
La desvergonzada: se pasea con otro, se encuentra contigo que eres su novio y te pide que vayas con ellos al cine y tu pagues.
Pues bien, extrapolando a nuestra triste realidad, vemos cada semana situaciones que cuadran perfectamente en este tipo de situaciones.
La presidente, se presenta en un mensaje a la nación e indica que nunca fue a Mikonos, sino a otro condominio.
Una persona transparente diría, fui al condominio X, con mi amiga Z y estuve en una velada amical, regresando al día siguiente a Palacio para seguir con mis funciones.
Ella no dijo a donde fue, ni con quien.
No nos interesa para qué fue allá, sino que todo indicaba que allí se escondía el prófugo más tuitero de la historia criminal del Perú.
También indica que fue sometida a una intervención quirúrgica y no estética.
Está bien que ella piense que somos bobos, pero no lo somos.
La operación a la nariz y al rostro, es lo que se realizó y las pruebas son palpables, viendo fotos de antes y después de la intervención.
El ministro de educación Morgan Quero, y que me disculpe este señor, pero ni siquiera es educado.
Menos tiene los méritos para dirigir uno de los ministerios más importantes.
Y tiene la desafortunada declaración, que los derechos humanos son para la gente y no para las ratas.
Obviamente contestando a una pregunta sobre los peruanos que murieron en las protestas en el relevo de Castillo.
Podemos estar en desacuerdo con las protestas, podemos también creer que esta gente fue carne de cañón, impulsadas por quien sabe, y que arrojaban la piedra y escondían la mano.
Pero al fin y al cabo son seres humanos y no ratas.
Y haciendo uso del más grande cinismo dijo que no entendió la pregunta.
Por dignidad debió renunciar o al menos ser removido de su cargo.
Pero no desvergonzadamente sigue allí y su jefa lo avala.
Si hay un cínico de marca mayor, es el ministro del interior que sigue pensando que hace bien su labor, cuando vemos diariamente que la criminalidad avanza y este señor indica que estamos mejorando.
No hay peor ciego que el que no quiere ver la realidad.
Este señor es un arribista y eso lo demuestra, la conversación telefónica que se propalo hace mucho tiempo con su amigo el capitán de la policía, donde le confesaba todo lo que hizo para llegar a ser ministro.
Otro cínico es el ministro De Martini.
Un poco de rubor en el rostro señor ministro.
Como puede permanecer en el puesto luego del escándalo de Qali Warma.
En fin, los peruanos estamos muy indignados y me vuelvo a preguntar que mal hemos hecho para merecer estos políticos de quinta categoría.
No me voy a referir al congreso porque allí tendría que utilizar mil hojas para relatar cada situación cínica y desvergonzada de decenas de padres de la patria.
Tenemos que reflexionar de una vez por todas.
Este país no podemos perderlo, es un país maravilloso con un potencial enorme y con políticos pésimos.
Hay que rescatar a los peruanos de bien, para que cumplan con su deber patriótico de ingresar a la política y adecentar nuestras instituciones.
No podemos seguir así.
Cada cinco años tenemos la incertidumbre de lo que pasara en las elecciones.
Siempre con el temor de quien saldrá elegido.
Creo que nos bastara recordar el desastre de Vizcarra, Castillo y Boluarte para pensar antes de votar. Lampadia