Con la ley de Incentivos a las grandes inversiones
Jaime de Althaus
Para Lampadia
La gran noticia del inicio de la construcción de la mina Tía María tiene un poder simbólico, porque ese proyecto fue durante años el epicentro de la resistencia ideológica a la minería en el Perú. Haberla vencido consolida la viabilidad de la inversión minera en nuestro país y desatará nuevas inversiones en proyectos importantes.
El Perú, en suma, tiende a volverse más atractivo en la medida en que ha demostrado capacidad para manejar y prevenir la conflictividad social y política.
Aún queda, sin embargo, la tarea de combatir y derrotar la actividad criminal que acosa a la minería, que va desde las extorsiones en el corredor minero del sur -cuya intensidad ha disminuido, sin embargo, gracias a acciones preventivas- hasta los ataques de organizaciones criminales contra empresas formales, como en Pataz, donde hasta ahora no hay una respuesta eficaz.
Es importante, porque pronto tendremos un competidor muy serio en la atracción de capitales para invertir en minería. Es nada menos que Argentina, que posee grandes yacimientos de cobre en su lado de la cordillera de los Andes que, a diferencia de Chile, no ha desarrollado.
Y para explotarlos el congreso argentino ha aprobado, como parte de la “Ley Bases” propuesta por el gobierno de Milei, un capítulo llamado “Régimen de Incentivos para la Gran Inversión” (RIGI). Allí se ofrecen facilidades tributarias, aduaneras y cambiarias durante 30 años para atraer grandes inversiones no solo mineras, sino energéticas y otras. Estos incentivos son los siguientes:
- Reducción del impuesto a las Ganancias del 35% al 25%.
- Amortización acelerada.
- Devolución acelerada del IVA y retenciones cero para las exportaciones que surjan de estas inversiones.
- Importaciones de bienes de capital nuevos, repuestos, partes, componentes y mercadería para consumo, exentas de derechos de importación.
- Exportaciones exentas de derechos de exportación luego de transcurridos 3 años de la adhesión al RIGI. Para los proyectos de exportación estratégica, se reduce a dos años.
- Incentivos cambiarios: libre disponibilidad de divisas para exportaciones de manera gradual. Divisas para financiamiento local o externo sin restricciones.
- Estabilidad por 30 años en materia tributaria, aduanera y cambiaria.
En el Perú, como sabemos, el impuesto a la renta y otros a la minería pueden llegar al 50% de las utilidades en años de buenos precios, como son los actuales. Nuestro régimen no es competitivo con el argentino. Habría que revisarlo, y, sobre todo, tenemos que avanzar cuando menos en dos grandes temas:
- La desregulación y simplificación de permisos, algo en lo que el ministerio del Ambiente está avanzando de manera efectiva pero donde aún falta concretar la ventanilla única, que está en veremos. Pues Argentina no solo ofrece ventajas tributarias. Ha emprendido una profunda reforma de limpieza regulatoria que va a facilitar aún más la inversión minera.
- Y también tenemos que avanzar en todo lo relativo a los temas de gobernanza minera que hemos reseñado arriba, como prevención de conflictos y seguridad, combatiendo a las organizaciones criminales vinculadas a la minería ilegal. A lo que hay que agregar el desafío de aprobar una ley de minería artesanal y pequeña minería que establezca un sistema de formalización eficaz de la minería informal, para expandir el estado de derecho en el Perú, incrementar las arcas fiscales y aislar a la minería ilegal.
La minería es el sector clave para avanzar rápidamente en el desarrollo nacional. Tenemos que poner el máximo esfuerzo e inteligencia en dictar las normas y los planes que permitan desarrollar todo su potencial. Lampadia