Jaime de Althaus
Para Lampadia
La inversión privada se reactivaría con cierta fuerza si el 2026 no fuera un albur. Ya el IPE subió su proyección de crecimiento para este año a 3.2%, hay importantes proyectos que se inaugurarán y es posible que Tía María inicie su construcción de manera franca. Están dadas las condiciones para despegar, si no fuera por la incógnita que representa Antauro Humala, o la posibilidad de que pueda ganar algún otro candidato de la izquierda insensata.
La incógnita quedaría despejada si se aprobara la reforma constitucional que impide la postulación de quienes hayan cometido homicidio y otros crímenes. Pero ya sabemos que Fuerza Popular, que preside la comisión de Constitución, no avanzará en esa línea porque le conviene enfrentarse a Antauro en una segunda vuelta. A Antauro le conviene lo mismo.
Se antepone así el cálculo político al interés nacional. Al argumento de que a cualquier rival hay que derrotarlo en las urnas en lugar de sacarlo de la lid mediante una ley, se le responde diciendo que alguien que se ha levantado contra el orden democrático y ha asesinado policías no debería tener derecho a participar. La democracia no puede ser boba, como se ha dicho tantas veces.
Si el congreso no resuelve, el Defensor del Pueblo o el Fiscal de la Nación pueden pedir a la Corte Suprema que declare la ilegalidad del partido de ese candidato, tal como establece el artículo 14 de la ley de organizaciones políticas, ley 28094.
Si nada de eso ocurriese, solo queda que parte de la centro derecha pueda juntarse en una candidatura fuerte que aspire a pasar a la segunda vuelta contra Keiko o Alberto Fujimori.
Es decir, que pasen a la segunda vuelta dos opciones de centro o derecha y, luego de ello, no repetir el error fatal del 2016 y establecer un gobierno de colaboración que lleve a cabo las reformas que se requieren para devolverle velocidad de crecimiento y viabilidad histórica al país.
De hecho, se está formando ya una alianza integrada por el PPC, Perú Moderno y Avanza País, a la que podrían sumarse otras agrupaciones.
Esos partidos tendrían que definir un mecanismo para elegir al candidato presidencial de la alianza entre Carlos Añaños, Fernando Cillóniz y Carlos Neuhaus, por ejemplo.
En la izquierda también se están produciendo conversaciones entre el partido de los Trabajadores y Emprendedores, donde están Patria Roja y algunos sindicatos y gremios de informales, Nuevo Perú de Verónika Mendoza y Pedro Francke, Primero la Gente de Susel Paredes y Miguel del Castillo -al que se ha sumado Lo Justo de Flor Pablo y Marisol Pérez Tello-, y Ahora Nación del rector de la UNI Alfonso López Chau. La candidatura de esa aglomeración, si se consolida, tendría que definirse entre Susel Paredes, Verónika Mendoza, Pedro Francke, Marisol Pérez Tello y Alfonso López Chau. Fuera de eso, en la izquierda están los castillistas, refugiados en el partido Juntos Por el Perú de Roberto Sánchez, cuyo candidato podría ser Aníbal Torres.
Pero es importante que el Congreso cuando menos apruebe algunas normas que incentiven la formación de alianzas, como bajar la valla y permitir que la alianza pueda ser solo para la plancha presidencial de modo que cada partido pueda presentar su propia lista congresal. Fuera de eso, debería aprobarse una valla en las elecciones internas para filtrar el número de partidos que van a las elecciones, algo que quedó pendiente. Nuevamente acá el pedido es a Fuerza Popular, que preside la comisión de Constitución. El problema es que si realmente piensa ese partido que le conviene pasar a la segunda vuelta contra Antauro o Aníbal Torres, entonces no estará interesado en facilitar alianzas que puedan aglutinar a partidos de la centroderecha. Sería lamentable y censurable. Mayor razón, sin embargo, para desarrollar una fuerte convicción en torno a la necesidad de unirse. Lampadia