La estrategia que hay que seguir
Jaime de Althaus
Para Lampadia
Parece que por fin la Policía encontró el hilo de la madeja en la lucha contra la criminalidad organizada en la minería ilegal.
En los últimos tres o cuatro años la ofensiva contra la minera Poderosa y otras en Pataz ha sido feroz sin que el Estado haya podido responder de manera eficaz.
16 asesinatos, gran cantidad de trabajadores heridos, 14 voladuras de torres, ataques a los socavones con armas de largo alcance y explosivos, robo de ingente mineral de oro, etc. parecían no tener control posible.
Incluso habían sido detenidas 624 personas en flagrancia, “parqueros” la mayor parte, de las cuales fueron increíblemente liberadas 611 y solo 13 tuvieron prisión preventiva, pero a la fecha están en libertad bajo comparecencia restringida.
Sin embargo, en un mega operativo en el que participaron 550 efectivos, 50 fiscales y dos helicópteros, se logró desarticular a la organización criminal “La Gran Alianza”, que se dedicaba justamente al robo de oro en Pataz con atentados y asesinatos, como hemos reseñado, y a otros delitos en varias provincias de La Libertad. Fueron allanados 40 inmuebles y detenidos 14 de sus integrantes. Cabecillas la mayor parte.
El trabajo de inteligencia duro un año y tres meses según el general Arriola. Esperemos que en este caso los delincuentes no sean liberados.
Ese es el camino: identificar y capturar a las organizaciones mismas, a sus jefes. Por supuesto, la Gran Alianza no es la única. Según un informe policial al que hemos tenido acceso, habría “12 grupos armados entre nacionales y extranjeros que se disputan la hegemonía del control minero en el lugar”, fuera de dedicarse a extorsiones y otros delitos. Uno de ellos es “Los Pircas”, con armas de fuego de largo y corto alcance. Su base de operaciones sería un local acondicionado como discoteca, ubicado en la entrada del distrito de Pataz, pero con operaciones ilegales en los centros poblados de Xarumilla y Yalen, en el distrito de Pataz, y en el centro poblado Pueblo Nuevo–Santa María, ubicado en el distrito de Urpay.
Otras dos organizaciones criminales identificadas son “Los Pistoleros de Pataz” y “Los Sanguinarios de Pataz”, cuyo cabecilla inicial fue desplazado por la persona a quien contrató para los asesinatos y extorsiones, el prontuariado delincuente Josué Oliver Blas Lezama (a) “gato” o “cote”, que aparece justamente en “La Gran Alianza”.
Esperemos que, a partir del éxito de este mega operativo, la policía de investigación reciba más recursos para pasar a la ofensiva redoblando el trabajo en Pataz y Trujillo. De hecho, se ha informado de un operativo en las minas La Gringa, Nueva Aventura Fer y Estrella Real, en el distrito de Buldibuyo (Pataz), con el objetivo de eliminar la minería ilegal de esas zonas. Ocho personas fueron detenidas.
Este trabajo debe ser la primera prioridad, puesto que lo nuevo acá es, como bien ha descrito Dante Vera, “la amenaza de que la extracción del recurso mineral, los servicios de seguridad y el control de la cadena productiva de la pequeña minería y la minería artesanal aurífera, cobre, plata y carbón, terminen, en el corto plazo, en manos de organizaciones criminales transnacionales, como ya ocurre con otras economías criminales (madera, cocaína). En el mediano plazo, la producción de la gran y mediana minería podría verse también amenazada por estos actores criminales”.[1]
Tenemos que cortar ese proceso de raíz antes de que sea demasiado tarde. Lampadia
[1] Entre formalización e ilegalidad: La minería ante el crimen trasnacional, Dante Vera Miller, Revista Quehacer