Carlos E. Gálvez Pinillos
Expresidente de la SNMPE
Para Lampadia
La ciudadanía ya está harta de observar una administración pública inerte, incapaz de solucionar los problemas básicos de la sociedad, pero que, sin embargo, crece y crece cada día más.
Los presupuestos, en términos de gasto corriente, se han más que quintuplicado durante los últimos 20 años (S/24,5 mil millones en 2003 vs S/131.5 en 2023), mientras los servicios al ciudadano no han mejorado en nada.
En 2003 teníamos 46.2% de anemia infantil y en 2023 alcanzamos a 43.6%.
En el 2003 la tasa de homicidios alcanzaba a 2.5 por cada 100 mil habitantes, mientras en el 2023 hemos alcanzado a 8.7 por cada 100 mil, 3.48 veces y nadie se inmuta.
La producción de coca ha pasado de 50.7 mil TM en 2003 a más de 100 mil TM en 2023 y la superficie dedicada al cultivo de hoja de coca pasó de 44,200 ha en 2003 a más de 100 mil ha en 2023.
El sistema judicial se puede pasar tres décadas “rumiando” los procesos judiciales, sin alcanzar sentencias definitivas, mientras que algunas fiscalías pueden pasarse más de un lustro “rumiando” también sus investigaciones sin llegar siquiera a formular acusaciones para iniciar juicios.
En educación es mejor no insistir, pues por más que se aumenta su presupuesto, nadie se ocupa de mejorar la calidad de los profesores y de los planes educativos y, a la fecha, el 42.8% de los alumnos examinados están en el nivel inferior de la prueba PISA.
Si verdaderamente queremos enmendar rumbos, empecemos por reconocer los temas básicos en que está fallando nuestra administración pública. Me parece que la respuesta sería:
- Capta a los mejores técnicos y dales continuidad en la gestión.
- Constituye una organización que aprende continuamente en el proceso.
- Fija una visión de país y construye un plan de corto, mediano y largo plazo a ser ejecutado, con indicadores medibles.
- Permite una organización abierta a recibir información discordante para incorporarla al proceso de rectificaciones.
- Incorpora las lecciones de los errores pasados para que no se repitan a futuro.
- Evita que el aparato directivo del Estado pierda el conocimiento crítico adquirido cuando algunos funcionarios se retiran, pues el conocimiento debe ser propiedad de la organización y no del individuo.
Podemos analizar cada uno de los puntos que no estamos atendiendo:
- No estamos captando a los mejores ciudadanos y técnicos para la gestión pública. La estructura del ejecutivo, legislativo, gobiernos regionales y locales, ha devenido en un terreno sin ningún atractivo para la excelencia, salvo honrosas excepciones. A las autoridades elegidas no se les exige mayores calificaciones morales, éticas, judiciales, policiales y mucho menos profesionales. Basta observar que, al menos medio centenar de los congresistas, tiene demandas o sentencias judiciales muy preocupantes, lo que se corrobora con su actuación congresal y los criterios con los que manejan su vida pública y privada. Ni qué decir de los gobernadores regionales, sus regidores y las autoridades municipales. Lo dicho, ahuyenta a gente de bien, con experiencia y grandes posibilidades de aportar, pero que no están dispuestos a estar en la misma “canasta” con tanto impresentable, metido a la cosa pública para beneficiarse y no para servir.
- Los funcionarios públicos de todo nivel, son rotados y reemplazados por gente con “cargos de confianza” o CAS, por lo que es imposible retener el conocimiento en la organización. Lo dicho es fatal para la formulación y ejecución de los grandes proyectos, especialmente si los ministros y viceministros son rotados fácilmente en pocos meses.
- Desde la presidencia de la república, los ministros, al igual que las autoridades de todo nivel, especialmente en este período de gobierno, llegaron al gobierno sin saber cómo ni por qué, sin preparación académica ni experiencia de gestión que les permita plantear una visión y planes estructurados, que nos conduzcan a buen puerto. Ya Séneca decía: “No hay viento favorable para el marinero que no sabe a dónde ir”, y lamentablemente, esto nos viene ocurriendo, marcadamente, desde el gobierno de Humala, agravándose cada vez más. Hasta la fecha, más allá de las verborreas de plazuela, nadie en el gobierno nos ha dicho: adónde nos quiere conducir, qué quiere lograr en estos más de 30 meses de gobierno, ni qué rumbo quiere entregar a su sucesor.
- Hasta el momento, lo que se puede observar es incapacidad de asumir los aportes de la crítica y de rectificar. Lo corriente viene siendo “matar al mensajero”, pero esa actitud refractaria les impide aprender. Entiendo que, en algunos casos, la soberbia propia de la juventud les impida la permeabilidad que sería recomendable, pero hay instituciones dispuestas a brindar el consejo y sus mejores conocimientos y experiencias (universidades, colegios profesionales, profesionales experimentados jubilados), en favor de los ejecutivos a cargo de los distintos sectores y sus proyectos.
- A organizaciones con grupos de trabajo tan efímeros, les resultará imposible aprender de las experiencias y errores del pasado, puesto que no tienen pasado en esa organización. Las consecuencias serán fatales, pero pasarán como “normales”, puesto que no tienen elementos de comparación, ni identificación de los errores registrados con anterioridad, pues se pierde la memoria viva y colectiva de la institución. Si eso puede ocurrir en organizaciones privadas con mayor estabilidad para la rotación de ejecutivos, qué no pasará en entidades públicas, con cambio de ejecutivos de alto nivel, en períodos de menos de un año.
- Cuando se propone las “ANAs” (Autoridades Nacionales Autónomas), lo que se está proponiendo es una organización absolutamente profesional y meritocrática, desde el proceso de selección de sus miembros, la especialización de sus tareas, la permanencia y promoción de sus miembros en base a evaluación de sus resultados. Tenemos en el Perú grandes desafíos en las tareas de servicios, diseño, planeamiento y ejecución de infraestructura, que no puede tardar décadas en realizarse y menos, en dar cuenta de su inejecución, tras décadas de procrastinación con gastos exuberantes como los mencionados.
Debemos empezar ahora con pequeños cambios que traerán grandes beneficios. Lampadia